Durante más de tres mil años, el relato del Éxodo ha ocupado un lugar central en la tradición judeocristiana. Según la Biblia, Moisés extendió su mano sobre el mar y las aguas se dividieron para permitir que los israelitas escaparan de Egipto, antes de volver a cerrarse sobre el ejército del faraón.
Para millones de creyentes se trata de un milagro. Para la ciencia, en cambio, representa una pregunta fascinante: ¿podría un fenómeno natural haber dado origen a una historia que atravesó milenios?
Esa es precisamente la hipótesis que un grupo de investigadores exploró mediante simulaciones por computadora, obteniendo resultados que reavivaron uno de los debates históricos más conocidos del mundo.
Un fenómeno capaz de mover enormes masas de agua
El estudio, publicado en la revista científica PLOS ONE, fue realizado por el oceanógrafo Carl Drews y el especialista en dinámica de fluidos Weiqing Han.
Los investigadores recrearon las condiciones geográficas y climáticas que existían hace unos 3.000 años en el delta oriental del río Nilo utilizando modelos hidrodinámicos similares a los empleados para pronosticar huracanes e inundaciones.
Las simulaciones mostraron que un viento constante de aproximadamente 100 kilómetros por hora soplando durante unas doce horas podría desplazar enormes volúmenes de agua y dejar al descubierto un corredor de tierra de varios kilómetros de longitud.
Ese pasaje permanecería abierto durante unas pocas horas antes de que el agua regresara rápidamente cuando cesara el viento.
Los científicos aclaran que se trata de un fenómeno físico perfectamente conocido, denominado wind setdown, mediante el cual un viento muy intenso empuja el agua hacia una dirección determinada y reduce temporalmente su nivel en otra zona.
El relato del cruce del Mar Rojo es uno de los episodios más emblemáticos del Antiguo Testamento y continúa siendo objeto de estudio por parte de historiadores y científicos.
¿Mar Rojo o Mar de los Juncos?
Uno de los aspectos más interesantes de la investigación es que el escenario no corresponde necesariamente al actual Mar Rojo.
Varios especialistas sostienen que la expresión hebrea utilizada en el texto bíblico, Yam Suph, se traduce con mayor precisión como «Mar de los Juncos», una extensa región de lagunas, pantanos y canales que existía en el antiguo delta del Nilo.
En ese tipo de paisaje, caracterizado por aguas poco profundas, el efecto del viento resulta mucho más pronunciado que en mar abierto, lo que hace físicamente posible la formación temporal de un paso seco.
Los autores del estudio subrayan que el modelo no busca identificar el lugar exacto donde ocurrió el episodio, sino demostrar que un fenómeno natural compatible con la descripción bíblica pudo producirse bajo determinadas condiciones.
Según la hipótesis científica, el episodio pudo haber ocurrido en una zona pantanosa del antiguo delta del Nilo conocida como el «Mar de los Juncos».
Una hipótesis que divide a los especialistas
La investigación despertó un intenso debate entre arqueólogos, historiadores y biblistas.
Algunos consideran que aporta un mecanismo físico plausible para explicar cómo pudo originarse una tradición transmitida durante generaciones.
Otros recuerdan que todavía no existen evidencias arqueológicas que permitan confirmar el éxodo de los israelitas tal como aparece narrado en la Biblia.
También existe discusión sobre la cronología, la ubicación del recorrido y la cantidad de personas involucradas, aspectos que continúan siendo objeto de investigación.
Los propios autores del trabajo fueron cautelosos al presentar sus conclusiones y señalaron que las simulaciones únicamente muestran que un episodio semejante era posible desde el punto de vista de la física, sin pronunciarse sobre su dimensión religiosa.
Las simulaciones muestran que un viento intenso y sostenido podría desplazar grandes masas de agua y dejar expuesta una franja de tierra durante varias horas.
Cuando la ciencia dialoga con la historia
No es la primera vez que investigadores intentan encontrar explicaciones naturales para relatos bíblicos.
Las plagas de Egipto, la destrucción de Sodoma y Gomorra, la estrella de Belén y el Arca de Noé también han sido objeto de estudios desde disciplinas como la arqueología, la geología, la climatología y la astronomía.
En todos los casos, el objetivo no consiste en demostrar o refutar la fe, sino analizar si acontecimientos extraordinarios pudieron inspirar relatos que con el paso de los siglos adquirieron un profundo significado religioso.
Un misterio que sigue abierto
Más de tres milenios después de que el relato del Éxodo comenzara a transmitirse, el cruce del mar continúa siendo uno de los episodios más estudiados de la historia antigua.
Las simulaciones computacionales aportan una explicación físicamente posible para algunos elementos de la narración, pero no resuelven el debate histórico ni responden a la dimensión espiritual que el episodio tiene para millones de personas.
Lejos de cerrar la discusión, los avances científicos muestran que algunos de los grandes relatos de la humanidad todavía conservan la capacidad de generar nuevas preguntas.
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