
La mayor parte de Estados Unidos retrasará una hora sus relojes este domingo 1 de noviembre, marcando el fin del horario de verano y el inicio del horario de invierno. El ajuste se produce en medio de un fuerte estancamiento legislativo en el Senado, donde permanece congelada la propuesta para fijar el horario de verano de forma permanente, a pesar de la presión directa ejercida por el presidente Donald Trump.
A partir de las 02:00 hora local, los relojes volverán a marcar la 01:00. Con esta modificación, los ciudadanos estadounidenses experimentarán mañanas con más luz solar, pero atardeceres notablemente más tempranos.
El ajuste de la hora no se aplica de manera uniforme en todo el territorio estadounidense. Las excepciones vigentes incluyen:
Estas regiones no siguen el sistema federal que estipula adelantar los relojes en marzo y retrasarlos en noviembre, manteniendo un horario fijo durante todo el año.
El cambio de hora reavivó el debate sobre la Ley de Protección de la Luz Solar (Sunshine Protection Act). Esta iniciativa fue aprobada por la Cámara de Representantes en julio pasado, pero su avance se encuentra detenido en el Senado.
Bajo la Uniform Time Act (promulgada por Lyndon B. Johnson en 1966), el Congreso es el único organismo con la potestad federal para modificar la normativa del tiempo. La nueva propuesta busca eliminar los cambios bianuales, aunque enfrenta la oposición de sectores que prefieren mantener el horario estándar permanente por motivos de salud y seguridad.
Un análisis realizado por biólogos de la Universidad de Washington en Seattle advierte que un horario de verano permanente obligaría a miles de niños de primaria y secundaria a trasladarse a sus colegios antes del amanecer. Los científicos señalan que esperar el transporte escolar o caminar a oscuras incrementaría innecesariamente los riesgos viales para los menores.
Con información de EFE

