
España amaneció este jueves de luto, con la cifra de muertos en 69 y los equipos de emergencia todavía trabajando entre los restos retorcidos de dos trenes de alta velocidad que colisionaron la víspera, unos 150 kilómetros al sur de Madrid. Es el segundo gran desastre ferroviario del país en 2026 y reabre el debate sobre la seguridad de la red.
El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, prometió una respuesta sin límites. “Estamos trabajando día y noche para no solamente dar una respuesta a los familiares de las víctimas, sino también para esclarecer hasta el último detalle de esta tragedia”, afirmó tras participar en la reunión del comité de emergencias en Toledo. Agregó que el objetivo incluye “reforzar la seguridad para que esto no vuelva a suceder”.
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, confirmó que el número de fallecidos asciende a 69. De los 110 heridos, 60 ya recibieron el alta y 50 permanecen internados en distintos hospitales.
Grúas de gran tonelaje lograron mover de un terraplén uno de los vagones, ya que varios coches cayeron por la ladera tras el impacto. Bajo el sol de la mañana, perros especializados de la Guardia Civil recorrían las vías. “Están recorriendo las vías para ver si hay algún resto biológico, que es nuestra prioridad ahora mismo”, explicó Pedro Pablo Garrido, portavoz del cuerpo en Toledo.
Sánchez resumió el trabajo del Estado en tres frentes: atender la emergencia, que incluye completar el levantamiento y la identificación de los cuerpos y la atención a los heridos; esclarecer las causas; y, más adelante, indemnizar materialmente a los familiares de las víctimas.
Según el Ministerio de Transportes, el choque ocurrió a las 08:53 hora local (07:53 GMT) del miércoles. Un tren de Renfe que había salido de Madrid rumbo a Sevilla, con 378 pasajeros, embistió por detrás a un convoy de la compañía Iryo que estaba detenido en la vía con otras 147 personas a bordo.
Las primeras pistas apuntan a una cadena de decisiones bajo la lupa. Alrededor de las 08:30 se registró una “avería informática” en un tramo de unos 69 kilómetros. Como establece el protocolo, eso obligó a detener unos seis trenes, entre ellos los dos que luego chocaron.
Pero al menos uno, el de Renfe, retomó la marcha pocos minutos después con normalidad y sin las precauciones de velocidad previstas. Recorrió unos 25 kilómetros antes de impactar contra la parte trasera del Iryo.
El ministro de Transportes, Óscar Puente, apuntó al centro de control. “Es el centro de control, a través de sus operarios, el que toma la decisión de reanudar la marcha, en unas circunstancias, desde nuestro punto de vista, inexplicables”, dijo, y calificó de “errónea” esa orden.
Entre los sobrevivientes, el miedo todavía está a flor de piel. Josimar Medina, un turista peruano de 31 años, descansaba junto a su novia en el tren de Renfe cuando se produjo el choque. “Me desperté y estaba en el aire”, contó.
Pablo Mejía, de 42 años, describió “un golpe muy fuerte, duró mucho tiempo”. Probablemente se salvó por haberse cambiado a un asiento más cómodo en otro vagón. “Creo que he vuelto a nacer”, dijo, con heridas en la cara y el jersey manchado de sangre.
En Urda, el municipio más cercano al lugar del choque, se habilitó parte de una escuela para recibir a los familiares. Allí llegaban grupos de personas, algunas entre lágrimas, atendidas por personal de la Cruz Roja.
“Van a ser horas duras y largas”, consideró la psicóloga Carmen García. “Tenemos gente que está en shock, que no es consciente de lo que ha pasado, gente enfadada, gente triste, preocupada, el duelo va a ser complicado”, añadió.
El párroco local, José Miguel Fernández, acompañó a los afectados durante la espera. “Muchos de ellos estaban serenos, otros nerviosos, desesperanzados, querían saber ya, y tener noticias”, relató.
Los reyes Felipe VI y Letizia visitarán a los heridos internados en un hospital de Toledo, a unos 70 kilómetros del lugar del accidente, informó la Casa Real.
La tragedia coincidió con una jornada de huelga de 24 horas del sindicato de maquinistas Semaf, que comenzó a medianoche. Había sido convocada con anticipación para reclamar mejoras estructurales de seguridad en Renfe, y se mantuvo pese al accidente.
El golpe llega además en un momento político delicado. Sánchez convocó elecciones generales anticipadas para el 29 de noviembre, dentro de un mes exacto, y su Ejecutivo ya había sido duramente criticado por la oposición tras el choque de Adamuz, en Andalucía. Aquel 18 de enero, otros dos trenes de alta velocidad colisionaron y dejaron 46 muertos.
Con dos catástrofes en menos de diez meses, la pregunta que atraviesa al país es si la red ferroviaria española es tan segura como se creía. Las investigaciones apenas comienzan, pero la reconstrucción de los minutos entre la avería informática y el impacto será decisiva para responderla.
Más información:



