¿Y si no fueron los cometas los que sembraron la vida en la Tierra?

Un estudio de Cambridge sugiere que los cometas no pudieron sembrar la vida en la Tierra: eran demasiado rápidos. Otros científicos piden cautela.

Aunque sigue siendo demandado en otros casos, Snap Inc., la empresa estadounidense de la app del fantasma sonriente, afirmó que “está satisfecha de haber podido resolver este asunto de manera amistosa”.

Durante décadas, una imagen ha dominado la explicación del origen de la vida: cometas helados, cargados de moléculas orgánicas, que bombardearon la joven Tierra y dejaron caer los ingredientes básicos de la biología. Un nuevo estudio de la Universidad de Cambridge, publicado este miércoles en la revista Scientific Reports, pone en duda ese relato. Su conclusión: lo más probable es que ese reparto de ingredientes no haya ocurrido como se creía.

El trabajo no cierra el debate. Científicos independientes advierten de que sus resultados se están leyendo con más contundencia de la que permiten.

Demasiado rápidos, demasiado inclinados

La hipótesis cometaria se apoya en un dato sólido: los cometas contienen abundantes compuestos con carbono y nitrógeno, imprescindibles para la vida. De ahí surgió la idea de que funcionaron como vehículos de transporte hacia el planeta recién formado, hace unos 4.000 millones de años.

El equipo liderado por Richard Anslow, del Instituto de Astronomía de Cambridge, usó modelos informáticos que combinan tres piezas: la dinámica del impacto de un cometa, su interacción con la atmósfera y la evolución de estos cuerpos a lo largo del tiempo. El resultado fue desfavorable para la teoría clásica. Los cometas viajan a una velocidad excesiva y entran en la atmósfera con un ángulo muy pronunciado. En esas condiciones, las moléculas orgánicas, que son frágiles, se vaporizarían con casi total seguridad en el choque.

“Históricamente, los científicos pensaban que los cometas eran importantes para el origen de la vida en la Tierra porque transportaban moléculas con carbono y nitrógeno, así que estas bolas de nieve gigantes del espacio eran casi como un comodín”, explicó Anslow. “Es una idea bastante romántica, pero nuestros resultados sugieren que es sumamente improbable”.

Durante décadas se creyó que los cometas aportaron a la Tierra primitiva moléculas con carbono y nitrógeno, esenciales para la vida.

El cianuro de hidrógeno, en el centro de la escena

Los investigadores se concentraron en una molécula en particular: el cianuro de hidrógeno (HCN). Es un compuesto prebiótico de enorme interés para los químicos del origen de la vida y se detecta con regularidad en los cometas del sistema solar.

Las simulaciones mostraron que, incluso en el improbable caso de que algunas moléculas sobrevivieran, los impactos capaces de depositar una concentración útil habrían sido extremadamente infrecuentes. Para los autores, una entrega así habría sido, en el mejor de los casos, una casualidad aislada, casi imposible.

Si no fueron los cometas, ¿quién?

El estudio ofrece dos alternativas. La primera son los asteroides, que chocan contra la Tierra con mucha más frecuencia que los cometas y cuyos impactos pueden generar esas moléculas en el propio lugar del choque. La segunda es aún más radical: que los precursores de la vida se formaran mediante procesos químicos propios de la Tierra, sin ayuda externa.

Los autores también señalan que Marte, por su menor tamaño y su atmósfera más tenue, habría sido un candidato más favorable que nuestro planeta para recibir moléculas intactas de origen cometario.

Según las simulaciones, los cometas entraban en la atmósfera a demasiada velocidad y con un ángulo demasiado inclinado.

La réplica de los expertos

Varios investigadores españoles valoraron la sofisticación del modelo, pero pidieron cautela.

César Menor Salván, astrobiólogo y profesor de Bioquímica de la Universidad de Alcalá, fue el más tajante. A su juicio, el artículo “no demuestra que los cometas no contribuyeran al origen de la vida”, sino que calcula que un mecanismo concreto, la entrega directa de HCN intacto y en grandes concentraciones, es poco probable. Y advirtió contra una confusión frecuente: no hay que equiparar la baja probabilidad de un mecanismo con la ausencia total de aporte cometario.

Menor Salván recordó además que los cometas contienen una gran diversidad de compuestos y que su papel no puede reducirse a la supervivencia de una única molécula. Los impactos, añadió, no son solo procesos destructivos: también pueden generar sistemas acuosos e hidrotermales donde la química prebiótica siga avanzando. Sobre el trabajo, dijo que su valor está en que impone restricciones físicas importantes y obliga a revisar hipótesis demasiado simplificadas sobre el suministro extraterrestre de materia orgánica.

Los resultados podrían orientar la búsqueda de vida en otros sistemas con los sucesores del telescopio James Webb.

Jesús Martínez Frías, geólogo planetario y astrobiólogo del Instituto de Geociencias (CSIC-UCM), calificó de rigurosas las simulaciones, pero cuestionó la extrapolación de sus conclusiones. Según explicó, el estudio no contradice claramente lo ya establecido, pero sí muestra incertidumbres y límites respecto de las evidencias experimentales obtenidas en misiones a cometas. Al centrarse tanto en el HCN, señaló, deja de lado la importancia astrobiológica del agua y de muchos otros compuestos orgánicos cometarios.

Ambos coincidieron en un punto: el modelo permite estimar con qué frecuencia se darían las condiciones para depositar HCN intacto, pero no simula qué ocurriría después con esa química ni evalúa todas las formas en que un impacto puede contribuir a ella.

Una pista para buscar vida en otros mundos

Más allá de la polémica, los autores creen que sus resultados pueden orientar la búsqueda de vida fuera del sistema solar. Si los cometas no fueron la fuente principal, habría que mirar con más atención los procesos geológicos y químicos que ocurren en los propios planetas. Esa información podría ser útil cuando entren en funcionamiento los sucesores del telescopio espacial James Webb, como el propuesto Observatorio de Mundos Habitables.

Por ahora, el origen de las moléculas que hicieron posible la vida sigue sin respuesta definitiva. Lo que este estudio hace es quitarle al cometa el papel de protagonista indiscutido y devolver a los científicos una pregunta que parecía demasiado resuelta: ¿vino la vida del cielo o se cocinó aquí mismo?

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