Ni eclipses ni cometas: este fenómeno impacta más a los astronautas de la NASA

Astronautas de la NASA revelaron qué fenómeno les resulta más impresionante y explicaron por qué supera incluso a los eclipses.

Desde la Tierra, un eclipse solar total puede parecer uno de los acontecimientos más extraordinarios que ofrece el cielo. Sin embargo, para quienes observan nuestro planeta desde la órbita, existe otro fenómeno capaz de producir una impresión todavía más profunda: las auroras boreales y australes.

Los astronautas de la NASA Jessica Meir y Jack Hathaway, actualmente a bordo de la Estación Espacial Internacional, contaron que las luces polares se encuentran entre las experiencias más impactantes de su misión, especialmente cuando la actividad del Sol transforma la aurora en una gigantesca estructura luminosa debajo de la nave.

Una aurora vista desde arriba

Para alguien que observa una aurora desde la superficie terrestre, el fenómeno aparece como una cortina de luz en el horizonte. Desde aproximadamente 400 kilómetros de altura, la perspectiva cambia por completo.

Las auroras se extienden sobre enormes regiones de la atmósfera y pueden adquirir formas que parecen moverse debajo de la estación. Jessica Meir describió una de ellas como una especie de serpiente que se desplazaba justo bajo la tripulación.

La experiencia se vuelve todavía más llamativa cuando las luces verdes se reflejan sobre las estructuras exteriores de la estación y sus paneles solares.

Una aurora boreal se extiende sobre la Tierra mientras es observada desde la Estación Espacial Internacional.

El Sol convierte el cielo en un espectáculo

El origen de estas luces está muy lejos de la estación. El Sol libera constantemente partículas cargadas conocidas como viento solar y, durante períodos de mayor actividad, puede producir enormes expulsiones de plasma y campos magnéticos.

Cuando estas partículas alcanzan la Tierra, interactúan con la magnetosfera y son canalizadas hacia las regiones polares. Allí chocan con los gases de las capas superiores de la atmósfera y liberan energía en forma de luz.

El característico color verde aparece principalmente por la interacción de las partículas energéticas con átomos de oxígeno. Otros gases y condiciones atmosféricas pueden producir tonalidades rojas, violetas o rosadas.

Una tormenta solar cambió la perspectiva

Durante la misión de Meir y Hathaway, una intensa expulsión de material procedente del Sol generó una aurora particularmente llamativa.

En lugar de contemplarla a la distancia sobre las regiones polares, los astronautas pudieron observar el resplandor directamente debajo de la estación. La dimensión y el movimiento del fenómeno hicieron que la experiencia resultara especialmente diferente de una observación desde la superficie.

Para los tripulantes de la estación, la aurora deja de ser simplemente una luz en el cielo. Desde las ventanas orbitales, aparece como una enorme estructura que cubre parte del planeta y cambia continuamente de forma.

¿Por qué puede resultar más impresionante que un eclipse?

Un eclipse solar total es un fenómeno extraordinario, pero desde la órbita su aspecto es diferente al que tiene para un observador situado en la superficie terrestre.

Los astronautas pueden observar la sombra de la Luna desplazándose sobre el planeta, mientras que la aurora ofrece un espectáculo dinámico, extendido y directamente relacionado con la actividad de nuestra estrella.

Además, las auroras permiten contemplar de manera visible la interacción entre el Sol, el campo magnético terrestre y la atmósfera. Lo que aparece como una cortina luminosa es, en realidad, la manifestación de un proceso físico que ocurre a enormes escalas.

El espectáculo también revela la fragilidad de la Tierra

La fascinación no es solamente estética. Las auroras muestran que la Tierra está constantemente interactuando con el entorno espacial.

El campo magnético terrestre funciona como una protección frente a buena parte de las partículas procedentes del Sol. Durante las tormentas geomagnéticas, parte de esa energía es canalizada hacia las regiones polares y puede terminar produciendo las luces que observamos.

Desde la Estación Espacial Internacional, ese proceso adquiere una dimensión difícil de experimentar desde la superficie: debajo de los astronautas aparece un planeta rodeado por un enorme resplandor mientras, sobre sus cabezas, se extiende la oscuridad del espacio.

Desde la órbita, las auroras adquieren una dimensión completamente diferente y parecen enormes estructuras de luz sobre el planeta.

La vida cotidiana también continúa en órbita

La fascinación por las auroras convive con una rutina mucho más terrenal. Meir, bióloga marina, también ha participado durante la misión en experimentos relacionados con el cultivo de alimentos y actividades de divulgación.

Hathaway, por su parte, ha contado que el trabajo ocupa buena parte del tiempo disponible y que incluso las actividades recreativas forman parte de una rutina cuidadosamente organizada.

Ambos comenzaron su misión en febrero y tienen previsto regresar a la Tierra a bordo de una nave de SpaceX cuando llegue su relevo.

Mientras tanto, cada vez que una tormenta solar convierte la atmósfera en un río de luz, los astronautas tienen frente a sus ojos uno de los espectáculos más extraordinarios que puede ofrecer nuestro planeta.

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