Las claves del inédito batacazo electoral de Lula y los desafíos de su cuarto mandato

Lula sumó 10,4 millones de votos en tres semanas y venció a Flávio Bolsonaro. Las claves de su remontada histórica y los desafíos de su cuarto mandato en Brasil.

Nunca antes en la historia democrática de Brasil un candidato que perdió la primera vuelta había ganado el balotaje. Lula da Silva lo logró: venció a Flávio Bolsonaro con el 51,7% de los votos (64,2 millones) frente al 48,2% (59,8 millones) y obtuvo un cuarto mandato no consecutivo, a días de cumplir 81 años. Con más de cuatro millones de votos de diferencia, amplió la brecha que había logrado en 2022 frente a Jair Bolsonaro, que fue de 2,1 millones.

La pregunta ahora es cómo lo consiguió. Y, sobre todo, qué hará con un triunfo que llega con un país dividido por la mitad.

Tres semanas que cambiaron todo

El 4 de octubre, Flávio Bolsonaro había ganado la primera vuelta con el 47% frente al 45,1% de Lula. Las encuestas, que ya habían fallado en esa ronda, volvieron a equivocarse: anticipaban un empate técnico con una leve ventaja del senador, de uno o dos puntos.

En las tres semanas siguientes, Lula sumó 10,4 millones de votos más que en la primera vuelta. Bolsonaro agregó alrededor de 3,7 millones. Ni siquiera el candidato conservador capturó de forma masiva los 9,3 millones de votos de los postulantes eliminados, pese a que varios de ellos, que habían obtenido cerca del 2% cada uno, lo apoyaron.

Simpatizantes del presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, celebran este domingo, en Sao Paulo. EFE/ Isaac Fontana

Las claves de la remontada

1. Una campaña digital que movilizó las calles. Tras la derrota inicial, el Partido de los Trabajadores (PT) reorientó su estrategia hacia las redes, un terreno que el bolsonarismo dominaba. El diputado y influencer André Janones, de 42 años, impulsó el “Ejército de Lula”, un canal de WhatsApp que reunió a más de 10 millones de personas y difundió audios, videos e instrucciones para multiplicar los contenidos. El propio presidente se compró su primer celular y grabó videos selfi. A esa ofensiva se sumó una movilización callejera, sobre todo de estudiantes, orientada a identificar a indecisos y votantes del rival.

2. Menos abstención. La ausencia en las urnas bajó del 21,08% al 19,2%: unos tres millones de electores más participaron. Un analista de la Fundación Getulio Vargas estimó que un cambio de entre 0,5 y 2 puntos en un universo de casi 150 millones de votantes alcanza para cambiar un resultado. También cayeron los votos nulos y en blanco, que tocaron su nivel más bajo.

3. Un paquete económico de alto impacto. El gobierno respondió a la derrota con medidas destinadas a aliviar el bolsillo:

  • La reducción de la jornada laboral de 44 a 40 horas semanales, con un régimen de cinco días en lugar de seis, sin baja salarial. Bolsonaro también la respaldó, lo que lo obligó a coincidir con una bandera oficialista.
  • Un aumento del 15% en Bolsa Família, que alcanza a casi 50 millones de personas.
  • Créditos blandos, incentivos para pequeñas empresas y un plan de refinanciación de deudas para millones de brasileños de bajos ingresos.
  • La eliminación temporal de impuestos federales a la gasolina y subsidios al diésel.
  • Un proyecto de transporte público gratuito los fines de semana.

Los bolsonaristas compararon el paquete con un “plan platita”. Aun así, los votantes parecieron premiarlo en un contexto en el que la inflación y el desempleo bajaron, pero el costo de vida, sobre todo de alimentos y combustibles, sigue castigando.

4. Un giro en seguridad. Tras la primera vuelta, el PT admitió en un documento interno que había perdido el debate sobre el delito. Lula respondió acercándose a una bandera de la derecha: se mostró dispuesto a bajar de 18 a 16 años la edad de responsabilidad penal para delitos graves, a crear un Ministerio de Seguridad Pública y a promover una reforma constitucional que dé más injerencia a las fuerzas federales.

5. Un mensaje de miedo y defensa de derechos. El oficialismo planteó que todo lo conseguido podía perderse con un Bolsonaro cuyo programa, sostuvo, emulaba el del argentino Javier Milei, con quien el senador había compartido campaña. Lula presentó la elección como una defensa de la democracia. También ayudaron polémicas finales, como los rumores sobre decisiones religiosas de Bolsonaro, que él desmintió, y el llamado de un grupo de obispos a votar por el presidente.

6. Una ventaja territorial. Lula pasó de ganar en 2.663 municipios a imponerse en 2.870. Revirtió el resultado en 213 localidades, con cambios en 18 estados. En Minas Gerais, el segundo mayor electorado del país, pasó de perder por casi 590.000 votos a ganar por unos 99.000, y el estado volvió a coincidir con el resultado nacional, como desde 1989. En Río de Janeiro y Macapá ganó las capitales. En Río, donde había perdido, se impuso con el 51,5%. A eso sumó el apoyo de los nueve estados del nordeste, su bastión.

Flávio Bolsonaro no reconoció la derrota y anunció que llevará el tema a la Justicia. (Photo by Pablo PORCIUNCULA / AFP)

El factor Trump

Otro elemento fue el respaldo más bien tímido de Donald Trump a Flávio Bolsonaro, muy inferior al que recibieron otros candidatos de la región. El domingo, preguntado por Brasil, el presidente estadounidense se limitó a decir que seguían la elección. El resultado interrumpe la racha de siete victorias consecutivas de candidatos de derecha alineados con Washington en América Latina.

Los desafíos de un cuarto mandato

Lula asumirá el 5 de enero, pero la victoria no resuelve sus problemas. Estos son los principales:

Gobernabilidad. La derecha ocupará 303 de los 513 escaños de la Cámara de Diputados, frente a 124 de la izquierda y 86 del centro, y concentrará cerca de dos tercios del Senado. El Partido Liberal es la primera fuerza, con 121 diputados y 28 senadores. Lula dependerá del “Centrão”, un bloque de partidos de centroderecha que apoya al gobierno a cambio de cargos y recursos. Negociar será más difícil, según la politóloga Mayra Goulart, porque los legisladores controlan ahora una parte considerable del presupuesto, lo que les da más independencia del Ejecutivo. “Yo no elegí al Congreso. Lo eligió el pueblo”, dijo Lula tras su victoria. “Tengo que gobernar para 215 millones de personas”.

El problema fiscal. “Los tres grandes problemas de Brasil son el problema fiscal, el problema fiscal y el problema fiscal”, resumió el economista Mauro Rochlin. El Estado gasta más de lo que recauda, la deuda supera el 80% del PIB y el Banco Central mantiene una de las tasas de interés más altas del mundo. El ajuste parece inevitable y chocará con la principal bandera de Lula, los programas sociales, además de enfrentarlo a poderosos grupos de presión. Las medidas de campaña, cuyos costos se miden en miles de millones de reales, aumentan la presión.

Lula asumirá su cuarto mandato el 5 de enero y gobernará hasta los 85 años.

La inseguridad. Es la principal preocupación de los brasileños. Lula deberá mostrar resultados contra las facciones criminales y las milicias que controlan territorios en varias ciudades. Deberá además decidir si convierte en proyecto concreto su apertura a bajar la edad de imputabilidad. El tema tiene dimensión internacional: Washington declaró “organizaciones terroristas” al Primeiro Comando da Capital y al Comando Vermelho, algo que Brasilia rechaza por considerar que amenaza su soberanía.

La relación con Estados Unidos. Tras los aranceles de hasta 50% que Trump impuso en 2025 en represalia por el juicio a Jair Bolsonaro, y un nuevo gravamen del 25% este año, Lula deberá recomponer el vínculo con uno de sus principales socios comerciales sin resignar su discurso de soberanía. “Brasil no cabe en el patio trasero de nadie”, dijo ante la ONU en septiembre. Lo hará en una región cada vez más alineada con Trump, desde la Argentina de Milei hasta la Colombia de Abelardo de la Espriella. Para el académico Oliver Stuenkel, sin embargo, la afinidad ideológica “importa para encuentros simbólicos” pero en la práctica “no es tan relevante”.

Un país dividido y un adversario que no cede

El resultado confirma la brecha que parte a Brasil desde hace una década y la fortaleza del bolsonarismo, pese a la condena de su líder a 27 años de prisión por intentar un golpe de Estado. Flávio Bolsonaro no reconoció la derrota y anunció que llevará el tema a la Justicia, aunque por ahora no se registraron incidentes que pongan en riesgo la democracia como los de enero de 2023.

La polarización no es exclusiva de Brasil. En Perú, Keiko Fujimori ganó el balotaje por unos 40.000 votos, y en Colombia la diferencia fue de unos 250.000. La región entera vota dividida.

Queda una pregunta abierta: si el triunfo de Lula frena el avance de la derecha o es apenas un paréntesis. La respuesta empezará a verse en los primeros meses de un mandato que Lula cumplirá hasta los 85 años.

Más información: