
La jueza sudafricana Navanethem “Navi” Pillay, de 85 años, es la ganadora del Premio Nobel de la Paz 2026. El Comité Nobel noruego la distinguió este viernes “por su labor en favor de la paz y el derecho internacional”. El premio llega después de semanas en las que el nombre de Donald Trump sobrevoló la expectativa de Oslo, y la elección fue un mensaje a favor del imperio de la ley.
“Se concede a una persona que, con un valor y una integridad excepcionales, ha abierto el camino hacia un orden jurídico mundial más amplio e inclusivo”, señaló el presidente del comité, Jørgen Watne Frydnes. “La paz requiere justicia”, subrayó el jurado.
La reacción de Pillay se volvió viral enseguida. “Si aplauden un poco más fuerte, quizá comparta el premio con Trump”, bromeó al enterarse, entre aplausos, de que había ganado. El momento fue captado por la secretaria general de Amnistía Internacional, Agnès Callamard, y publicado en la red social X.
La ironía no es casual. El presidente estadounidense reclamó el galardón durante meses y llegó a decir que sería un “gran descrédito” para el comité no dárselo. El año pasado, el premio fue para la opositora venezolana María Corina Machado, quien después le entregó su medalla de oro.
Pillay nació en 1941 en Durban, en una familia de origen tamil, y creció en un barrio humilde bajo el apartheid. “Nos trataron como si no fuéramos nada”, recordó. Ante esa realidad, según explicó, había dos opciones: ser “débil y llorar” o “luchar”. Eligió luchar.
Estudió Derecho en la Universidad de Natal y se doctoró en Harvard. Fue la primera mujer no blanca en abrir un bufete en Durban, desde donde defendió a opositores del régimen. En 1973 logró que los presos políticos de Robben Island, la cárcel donde estaba Nelson Mandela, accedieran a abogados. El comité destacó ese hilo conductor: de la defensa de quienes se opusieron al apartheid a los grandes procesos internacionales.
En 1995, un año después de que Mandela llegara a la presidencia, se convirtió en una de las primeras mujeres de una minoría nombradas en un Tribunal Superior sudafricano. Mandela la recomendó luego para el tribunal de la ONU que juzgó el genocidio de Ruanda.
En el Tribunal Penal Internacional para Ruanda, donde fue jueza entre 1995 y 2003 y presidió el tribunal desde 1999, integró el grupo que dictó el primer fallo internacional que determinó que se había cometido un genocidio conforme a la Convención de 1948. Esa sentencia estableció además que la violación y la violencia sexual pueden constituir genocidio y crímenes de lesa humanidad, un precedente que reformuló el derecho humanitario y abrió la puerta a la justicia para sobrevivientes de violencia sexual en los conflictos.
El comité señaló que su influencia fue decisiva en ese avance. En el mismo proceso, por primera vez un acusado respondió por incitación al genocidio solo por difundir propaganda.
Después fue jueza de la Corte Penal Internacional, en La Haya, hasta 2008, cuando asumió como alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos. Estuvo en el cargo hasta 2014. Desde allí denunció violaciones en Siria, Libia, Gaza y Sri Lanka, y reprochó al Consejo de Seguridad no haber frenado la violencia en Siria.
Entre 2021 y 2025 presidió la comisión de investigación de la ONU sobre el Territorio Palestino Ocupado. Ese panel, criticado con dureza por Israel, concluyó que en Gaza se estaba cometiendo un genocidio desde el inicio de la guerra, tras el ataque de Hamás del 7 de octubre de 2023. “La responsabilidad recae en el Estado de Israel”, dijo Pillay a la AFP en 2025.
Reconoció que fue probablemente la misión más difícil de su carrera. Cuando la acusaron de antisemitismo, respondió: “Sería gracioso si no fuera tan absurdo”. Sostuvo que uno de los obstáculos fue la negativa de Israel a permitir el ingreso de los investigadores.
El comité Nobel advirtió que hoy los jueces “son sancionados y sus instituciones, atacadas”, y que el mundo necesita personas con “valentía, visión y determinación”. Pillay, dijo el jurado, exigió responsabilidades a Estados y dirigentes, y llevó esperanza a las víctimas.
Además de su paso por la ONU, Pillay actúa como jueza ad hoc de la Corte Internacional de Justicia en el caso en que Birmania (Myanmar) está acusada de genocidio contra la minoría rohinyá. Preside la Comisión Internacional contra la Pena de Muerte, con sede en Madrid, y cofundó en 1992 la organización de derechos de las mujeres Equality Now.
Entre sus reconocimientos figuran el Premio de Estocolmo de Derechos Humanos y el Premio de la Paz de Sídney 2025, además de múltiples doctorados honoris causa. Ahora suma el Nobel, un premio que Oslo entrega, según su propio fallo, para recordar que el Estado de derecho es el cimiento con el que el mundo intenta resolver los conflictos sin violencia.
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