
A horas de que se conozca el ganador del Nobel de la Paz 2026, Donald Trump volvió a poner el premio en el centro de la escena. El presidente de Estados Unidos aseguró que merece el galardón y advirtió que sería un «gran descrédito» para el comité noruego no concedérselo, aunque admitió que «duda» de cuál será la decisión final. El anuncio se realizará este viernes 9 de octubre en Oslo.
«Resolví ocho guerras y tal vez evité la aniquilación total del mundo porque Irán nunca tendrá el arma nuclear», afirmó Trump en un video difundido por la cadena Al Jazeera. «Lo obtenga o no, hice mucho más», agregó, y comparó su caso con el de Barack Obama, a quien según él se le entregó el premio sin saber bien por qué.
Trump sostuvo que el comité «tiene fama de no dárselo a gente como yo». Su presión no es nueva: desde su regreso al poder, en enero de 2025, ha reclamado en repetidas ocasiones que el Nobel debería ser suyo y no ha ocultado su decepción por no haberlo recibido.
El episodio más llamativo ocurrió a comienzos de este año. La opositora venezolana María Corina Machado, ganadora de la edición anterior, le entregó su medalla de oro. El Instituto Nobel tuvo que aclarar que el galardón seguía perteneciendo a Machado. Trump recordó el gesto en su video y lo presentó como una señal de que ella misma consideraba que era él quien lo merecía.
El presidente afirma haber resuelto ocho conflictos, pero su historial tiene frentes abiertos. Todavía no ha alcanzado la paz con Irán, con quien Estados Unidos mantiene una guerra, ni la ha logrado en Ucrania. Figura entre las 287 candidaturas de este año, entre personas y organizaciones, cuya identidad se mantiene en secreto durante al menos 50 años.
A eso se suman otros elementos que, según los especialistas, pesan en su contra: sus intentos de expansión territorial, en ocasiones a costa de aliados, como en el caso de Groenlandia, y sus ataques contra instituciones de cooperación internacional y contra los medios de comunicación.
Aunque sus chances se consideran mínimas, los expertos coinciden en que su sombra planea sobre la decisión. «Creo que está siempre presente», opinó el historiador Øivind Stenersen. Para Haakon Gjerløw, director interino del Instituto de Investigación para la Paz de Oslo (PRIO), Trump es «más bien el fantasma en la habitación». Según él, el comité debe preguntarse si un premio podría hacer «más daño que bien» a quien lo reciba, dadas las reacciones que podría provocar en la Casa Blanca.
Desde el Instituto Nobel, la actitud es de calma. «Siempre hay mucho cabildeo, incluso intentos de ejercer presión. En cierto modo, estamos muy acostumbrados a ello», dijo a la AFP el secretario del comité, Kristian Berg Harpviken. Admitió que el tema se discute, pero aseguró que «eso no influye en las deliberaciones».
El antecedente de Machado, cuyo premio se consideró en general del agrado de Trump, podría inclinar al comité hacia una elección que no genere polémica en Washington, estiman los analistas. En ese terreno aparecen la protección de la infancia y la ayuda humanitaria: la ONG Save the Children, el ucraniano Mikola Kuleba, que trabaja para recuperar a niños ucranianos llevados a la fuerza por Rusia, y las Salas de Respuesta a Emergencias de Sudán, una red de voluntarios que asiste a la población golpeada por la guerra y el hambre.
También podría ocurrir lo contrario. Entre las opciones que resultarían incómodas para el presidente estadounidense se mencionan la relatora especial de la ONU para los territorios palestinos ocupados, Francesca Albanese; el papa León XIV; el Comité para la Protección de los Periodistas; la Corte Penal Internacional y la Corte Internacional de Justicia.
«Vivimos en la era de los depredadores. Tenemos a Trump, a Putin, a Netanyahu», señaló el historiador Asle Sveen, quien sostiene que esos líderes no quieren un orden internacional, sino grandes potencias con esferas de influencia, y que tribunales como la CPI se interponen en su camino.
El contexto es sombrío. En 2025 se registraron 65 conflictos armados con participación de al menos un Estado, un récord desde 1946, según el PRIO. «Está claro que el mundo no avanza en la dirección correcta», admitió Harpviken, aunque agregó que no faltan iniciativas ni personas que hacen un buen trabajo, y que un premio de la paz «tal vez tenga más sentido que nunca».
Este viernes, Oslo dirá si cede a la tentación de la política o si vuelve a mirar hacia otro lado.
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