
A menos de una semana de las elecciones presidenciales, la campaña en Brasil encontró un nuevo campo de batalla: la fe. Una polémica en torno a Nossa Senhora Aparecida, la virgen patrona del país, enfrenta al presidente Luiz Inácio Lula da Silva y a su principal rival, el senador Flávio Bolsonaro, en plena disputa por el voto religioso en uno de los países con más cristianos del mundo.
Todo comenzó con versiones difundidas en redes sociales según las cuales Bolsonaro, en caso de llegar al poder, le quitaría a la virgen el título de patrona de Brasil. El candidato derechista lo negó de forma tajante. Pero Lula recogió la acusación y la llevó al centro del debate.
«Eso de meterse con Nossa Senhora Aparecida no es aceptable (…), será patrona de Brasil porque el pueblo quiere y tiene fe», dijo el domingo el mandatario izquierdista a la emisora Band.
Sus palabras llegaron después de que Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro (2019-2022), asegurara que «jamás existió» un plan para retirarle ese título y acusara al Gobierno de difundir «fake news». «Todo el mundo sabe que respeto las religiones. ¡A todas!», se defendió. Su equipo jurídico evalúa presentar una denuncia ante el Tribunal Superior Electoral.
La polémica tiene un origen concreto, aunque no en el candidato. Tras informaciones periodísticas sobre una supuesta preocupación en la Iglesia católica por el estatus de la virgen, simpatizantes de izquierda rescataron en redes un proyecto de ley presentado en 2007 por el entonces diputado Victório Galli. La iniciativa proponía modificar el texto del feriado del 12 de octubre para que Aparecida dejara de figurar como «patrona de Brasil» y pasara a ser «patrona de los católicos brasileños». El proyecto fue archivado en 2022 y nunca prosperó.
A partir de allí, se viralizaron versiones sobre supuestas intenciones actuales de Flávio Bolsonaro, aunque no existen declaraciones públicas del candidato en ese sentido. Sí había prometido en agosto que, si llega a la presidencia, uno de sus primeros actos sería declarar que Brasil «pertenece a Jesucristo», un guiño a su electorado evangélico que sus adversarios usaron para alimentar la sospecha.
La disputa no es casual: el mapa religioso de Brasil es también un mapa electoral. Según una encuesta del instituto Quaest, el 48 % de los católicos piensa votar a Lula, frente a un 29 % que prefiere a Bolsonaro. Entre los evangélicos, la ecuación se invierte: 46 % para el candidato derechista y 27 % para el presidente.
Los católicos siguen siendo mayoría en el país y veneran a la virgen de Aparecida, que tiene en el estado de São Paulo uno de los mayores santuarios religiosos del planeta. Los evangélicos, en cambio, forman una comunidad que creció de manera acelerada en los últimos años y que no rinde culto a la virgen.
Lula no dejó pasar la oportunidad. El lunes, durante un multitudinario acto de campaña en Belém, en el norte del país, levantó sobre su cabeza una imagen de Nossa Senhora de Nazaré, otra advocación mariana muy venerada en la región, mientras el público entonaba cantos religiosos.
A su lado, la primera dama, Rosângela «Janja» da Silva, redobló el ataque: «Mientras nosotros queremos el fin de las apuestas en línea, el otro lado quiere el fin de la Patrona de Brasil».
La Iglesia, por su parte, intentó mantenerse al margen. Dom Jaime Spengler, presidente de la Conferencia Nacional de Obispos de Brasil (CNBB), recordó que la institución no favorece a ningún candidato y advirtió que la mezcla entre religión y política dejó históricamente malos resultados.
Lula mantiene una leve ventaja en las encuestas para la primera vuelta del 4 de octubre, pero aparece empatado con Bolsonaro en los sondeos para un eventual balotaje, previsto para el 25 de octubre. En un escenario tan ajustado, cada voto cuenta, y el religioso pesa mucho.
Con el Cristo Redentor de Río de Janeiro como símbolo nacional, Brasil tiene la segunda mayor población cristiana del mundo, solo detrás de Estados Unidos, según un estudio del Pew Research Center publicado en 2025.
La devoción por Nossa Senhora Aparecida se remonta a 1717. Según la tradición, tres pescadores que no lograban capturar nada rescataron del río Paraíba una pequeña imagen de barro de la virgen y, a partir de entonces, sus redes se llenaron de peces. Fue proclamada patrona de Brasil en 1930, y desde 1980 su día, el 12 de octubre, es feriado nacional.
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