Maíz seco, vacas raquíticas: la sequía de El Niño arrasa Centroamérica

La peor sequía en memoria, provocada por El Niño, arrasa el Corredor Seco de Centroamérica: cosechas perdidas, ganado muerto y familias que racionan la comida.

Escándalo en American Airlines: pasajera habría hecho “lo impensable” en un vuelo a Miami

Parcelas agrietadas donde debería crecer el maíz, esqueletos de vacas junto a los establos y familias que reducen sus comidas a una sola tortilla al día. El Corredor Seco Centroamericano atraviesa la peor sequía que sus habitantes recuerdan, provocada por el fenómeno de El Niño, y la crisis amenaza con agravarse en los próximos meses hasta alcanzar niveles históricos.

«A veces me pongo a llorar. A veces uno come, a veces no», relata Lidia Ochoa, de 76 años, desde San Lorenzo, en el sur de Honduras. «Nunca habíamos visto algo como esto».

Una franja de 10 millones de personas en alerta

El Corredor Seco se extiende por zonas de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica. Allí viven más de 10 millones de personas y, según Naciones Unidas, el 80 % de los pequeños productores son pobres. Aunque la población está acostumbrada a convivir con fenómenos climáticos extremos, la severidad de este episodio la tomó por sorpresa.

El Niño es una variación natural del clima que se produce cada dos a siete años. Eleva la temperatura superficial del océano en el centro y el este del Pacífico ecuatorial y altera los vientos y las lluvias a escala global, con condiciones meteorológicas erráticas. Según los meteorólogos, el fenómeno alcanzará su punto máximo a fin de año y sus efectos se extenderán hasta bien entrado 2027.

El Programa Mundial de Alimentos (PMA) de la ONU advierte que la sequía podría dejar sin alimentos suficientes a 16 millones de personas en América Latina, según explicó su directora regional, Lena Savelli. El impacto ya se siente incluso más allá de la agricultura: en Panamá, el canal interoceánico, que depende del agua dulce para operar, tuvo que reducir el tránsito de buques.

Los animales están muriendo en medio de la peor sequía que recuerdan muchos centroamericanos, quienes enfrentan los implacables efectos del poderoso fenómeno meteorológico de El Niño. (Photo by Orlando SIERRA / AFP)

Cosechas perdidas y comida cada vez más cara

La mayoría de los cultivos de la región se destina al autoconsumo, por lo que su pérdida golpea directamente la mesa de las familias. Muchos campesinos se ven obligados a racionar las comidas o a comprar lo que normalmente producen, a precios cada vez más altos.

«Todas las cosechas de maíz se van a perder», advierte Elvira Pasá, líder indígena de una aldea remota del municipio de Cunén, en el norte de Guatemala, un país con graves índices de desnutrición infantil que la sequía amenaza con empeorar. Según cuenta, sus vecinos ya pagan el maíz un 50 % más caro de lo habitual.

«Comemos con una tortilla y no volvemos a comer más porque todo está carísimo», resume Ochoa en Honduras. Aunque los gobiernos de la región declararon el estado de emergencia, la ayuda oficial resulta insuficiente y muchas comunidades dependen del apoyo de organizaciones no gubernamentales.

Darwin Cruz acaricia a un perro mientras observa los restos óseos de una vaca muerta en la aldea de Los Piches, en San Lorenzo, departamento de Valle, Honduras. (Photo by Orlando SIERRA / AFP)

Sin agua ni para los peces

En El Salvador, el panorama es similar. En la comunidad de El Matazano, en el noreste del país, el termómetro llegó a marcar un récord de 42 °C. «Es el primer año que hemos visto esta escasez y esta necesidad de agua», cuenta María de la Paz Portillo, de 31 años, encargada de un tanque que se vacía día a día.

Ese tanque abastecía en otros tiempos a medio centenar de familias y alimentaba un estanque donde los vecinos criaban unas 1.000 tilapias para consumo y venta. Hoy los peces ya no están y el agua se reserva solo para lo imprescindible. «Nos está afectando porque no estamos consumiendo tilapia, y también en lo económico, porque era un sustento», explica María del Carmen Portillo, de 32 años.

Darwin Cruz tuvo que vender dos de sus vacas lecheras desde que la sequía se intensificó en junio, y una tercera murió. (Photo by Orlando SIERRA / AFP)

Vacas muertas y ventas desesperadas

La falta de agua y pasto también está diezmando al ganado. En San Lorenzo, alrededor de un centenar de vacas murieron en los últimos meses, y muchos productores venden a sus animales a precios muy bajos antes de que mueran. La parcela de Francisco Molina, agricultor y ganadero de 48 años, debería estar cubierta de maíz en esta época del año; hoy es un campo árido rodeado de osamentas.

Darwin Cruz tuvo que vender dos de sus vacas lecheras desde que la sequía se intensificó en junio, y una tercera murió. Las tres que le quedan producen apenas la cuarta parte de la leche habitual, un golpe durísimo para un pequeño productor que con ese ingreso alimenta a su esposa y a sus dos hijas. Cuando se le pregunta qué hará si no llueve, su respuesta es un lamento: «Vender mis vaquitas».

Resistir con menos agua

Algunos intentan adaptarse. En El Matazano, Vilma Ortiz, de 53 años, construyó un invernadero y reemplazó los tomates por chiles, un cultivo que le recomendaron por ser «más valiente» frente a la sequía. Pero en una región de tierras resquebrajadas, el futuro inquieta. «La verdad es que ya me está dando miedo, porque no sabemos con qué vamos a vivir», confiesa Elvira Pasá desde su comunidad guatemalteca.

Más información: