
Un tribunal del Bronx, en Nueva York, declaró no responsable penalmente a Dimone Fleming, una mujer que asesinó a sus dos hijos pequeños en noviembre de 2022. La decisión judicial se produjo después de que especialistas determinaran que atravesaba un cuadro severo de psicosis posparto que la había desconectado de la realidad al momento de los hechos.
Fleming, que actualmente tiene 26 años, había sido acusada de asesinato en primer grado por la muerte de sus hijos Daishawn Fleming, de 3 años, y Octavius Canada, de 11 meses. Los niños fueron asesinados el 26 de noviembre de 2022 en un albergue familiar del Bronx donde residían.
La resolución no significa que Fleming haya quedado automáticamente en libertad. La mujer permanece bajo custodia y deberá someterse a nuevas evaluaciones psiquiátricas para determinar qué medidas se aplicarán a partir de ahora.
El caso se remonta al 26 de noviembre de 2022. Fleming, que tenía 22 años en ese momento, atacó a sus dos hijos pequeños y posteriormente dejó sus cuerpos dentro de una bañera.
La Policía llegó al lugar después de recibir un llamado de emergencia por una situación irregular en el edificio. Los agentes encontraron a la mujer en un estado de alteración mental y la trasladaron a un hospital para recibir atención.
Sin embargo, los niños no fueron encontrados inmediatamente. El padre de uno de ellos, Columbus Canada, llegó posteriormente al lugar y descubrió lo ocurrido.
Durante la investigación, Fleming admitió haber causado la muerte de sus hijos y fue acusada formalmente de asesinato en primer grado.
Casi cuatro años después, el caso tomó un giro decisivo cuando las evaluaciones psiquiátricas permitieron establecer que su estado mental durante aquella noche era incompatible con una comprensión normal de sus acciones.
Uno de los elementos centrales del proceso fueron los informes de los especialistas en salud mental.
El psiquiatra Eric Goldsmith, quien evaluó a Fleming a pedido de la fiscalía, concluyó que la mujer se encontraba en un estado de psicosis severa cuando ocurrieron los asesinatos.
Según los informes presentados ante el tribunal, Fleming sufría alucinaciones y tenía una percepción profundamente alterada de la realidad. Entre sus creencias se encontraba la idea de que el mundo estaba llegando a su fin y que un espíritu maligno había tomado posesión de su cuerpo.
Los especialistas determinaron además que Fleming llegó a interpretar sus acciones como una manera de proteger o «purificar» a sus hijos.
El diagnóstico resultó determinante para la decisión judicial: el tribunal concluyó que, debido a su enfermedad mental, no podía comprender adecuadamente la naturaleza y gravedad de sus actos.
La situación de Fleming no comenzó la noche del crimen.
De acuerdo con la información presentada durante el proceso, meses antes de la muerte de sus hijos había permanecido internada durante un período prolongado en un hospital de Queens, donde recibió tratamiento por síntomas de depresión y ansiedad.
También había sido diagnosticada con un trastorno depresivo mayor y recibió medicación psiquiátrica.
Sin embargo, posteriormente habría dejado de tomar los medicamentos de acuerdo con las indicaciones médicas. Los documentos del caso también señalan un consumo frecuente de marihuana, una circunstancia que los especialistas consideraron relevante al analizar el deterioro de su estado mental.
Las evaluaciones realizadas tanto desde la defensa como desde la fiscalía coincidieron en un punto fundamental: Fleming atravesaba un episodio psicótico al momento de matar a sus hijos.
La decisión judicial se basa en un principio fundamental del derecho penal: una persona puede ser considerada no responsable penalmente cuando una enfermedad o alteración mental le impide comprender la naturaleza de sus actos o distinguir adecuadamente sus consecuencias.
En el caso de Fleming, el tribunal determinó que la psicosis había afectado gravemente su capacidad para comprender lo que estaba haciendo.
Por eso, la resolución no equivale a afirmar que los niños no fueron asesinados ni que Fleming no participó en sus muertes. El punto central del proceso fue establecer cuál era su estado mental en el momento de los hechos y si podía ser considerada penalmente responsable.
La mujer, por lo tanto, evitará una condena de prisión derivada del cargo de asesinato, aunque eso no implica necesariamente su liberación.
El futuro de Fleming todavía no está definido.
La mujer deberá comparecer nuevamente ante la Justicia el 18 de septiembre, cuando se analicen los resultados de nuevas evaluaciones psiquiátricas.
Entre las alternativas se encuentra su permanencia en una institución psiquiátrica durante un período prolongado, una modalidad de seguimiento menos restrictiva o, eventualmente, una liberación bajo determinadas condiciones.
La decisión dependerá de la evaluación de los especialistas y de la valoración que realice posteriormente el tribunal sobre el riesgo que representa para ella misma y para terceros.
La resolución judicial también reabrió una discusión mucho más amplia: la necesidad de detectar y tratar a tiempo los trastornos graves de salud mental que pueden aparecer durante el embarazo o después del nacimiento de un hijo.
La psicosis posparto es una condición poco frecuente, pero potencialmente grave, que puede provocar alucinaciones, delirios, confusión y una pérdida significativa del contacto con la realidad.
Su aparición requiere atención médica urgente. Los especialistas advierten que no debe confundirse con los cambios emocionales habituales asociados al período posterior al parto.
El caso de Fleming adquirió además una particular relevancia porque coincide con otro proceso judicial de enorme repercusión en Estados Unidos: el de Lindsay Clancy, acusada de matar a sus tres hijos en Massachusetts en 2023 y cuya defensa también sostiene que padecía psicosis posparto.
Ambos casos volvieron a colocar en el centro del debate la relación entre enfermedad mental, maternidad y responsabilidad penal.






