
El rey Harald V de Noruega murió este viernes a los 89 años en el Hospital Nacional de Oslo, después de permanecer internado desde el 17 de agosto. Su fallecimiento puso fin a un reinado de más de 35 años y convirtió automáticamente a su hijo, Haakon, en el nuevo monarca del país.
La Casa Real informó que Harald murió a las 6:35 de la mañana, hora local, y que su fallecimiento se produjo de manera pacífica. El monarca padecía una anemia hemolítica y en los últimos días su estado de salud se había agravado después de sufrir una infección bacteriana en la sangre.
La noticia provocó una profunda conmoción en Noruega. Desde que se conoció el deterioro de su estado, cientos de personas comenzaron a acercarse al Palacio Real de Oslo para dejar flores y mensajes de despedida. Tras anunciarse su muerte, las autoridades decretaron un período de luto nacional.
La sucesión se produjo de manera automática con la muerte de Harald. Horas después, el nuevo monarca se reunió con el Gobierno en un Consejo de Estado extraordinario y confirmó que utilizará el nombre de Haakon VIII.
El rey también decidió conservar el lema utilizado por su padre, su abuelo y su bisabuelo: “Todo por Noruega”. Durante la reunión, agradeció al pueblo noruego por las muestras de apoyo y solidaridad recibidas por la familia real.
Haakon tiene 53 años y llevaba años preparándose para asumir la Corona. Debido a los problemas de salud de Harald, había desempeñado además funciones como regente en distintos períodos recientes.
Su llegada al trono convierte a Ingrid Alexandra, de 22 años, en la nueva princesa heredera. La esposa de Haakon, Mette-Marit, pasa a ser reina.
Harald V llegó al trono en 1991, tras la muerte de su padre, Olav V. Durante sus más de tres décadas como monarca construyó una imagen de cercanía, sencillez y compromiso con la sociedad noruega.
Aunque la monarquía noruega tiene funciones principalmente ceremoniales, Harald ejerció una importante influencia simbólica como figura de unidad nacional. Su respaldo a la tolerancia, la diversidad y los derechos de las minorías contribuyó a proyectar una imagen moderna de la institución.
Uno de los momentos más recordados de su reinado ocurrió después de los atentados terroristas de 2011, cuando defendió la necesidad de mantener una sociedad abierta y unida frente al extremismo.
Su popularidad personal permaneció elevada incluso durante los últimos años, cuando la familia real comenzó a enfrentar una serie de controversias que afectaron la imagen general de la Corona.
Haakon VIII hereda una institución que llega al relevo generacional en un momento especialmente delicado. Una de las principales fuentes de presión es la situación de su esposa, Mette-Marit, cuyo vínculo pasado con Jeffrey Epstein provocó una fuerte polémica en Noruega.
La publicación de documentos y mensajes intercambiados entre ambos reveló que mantuvieron contacto durante varios años, incluso después de que Epstein hubiera sido condenado en Estados Unidos. Mette-Marit reconoció posteriormente que había cometido un error de juicio y expresó su arrepentimiento.
El escándalo golpeó la imagen de la futura reina y abrió un debate sobre su papel dentro de la monarquía. Harald defendió públicamente a su nuera, mientras que Haakon también respaldó a su esposa durante la controversia.
A ese episodio se sumó el caso judicial de Marius Borg Høiby, hijo de Mette-Marit de una relación anterior. El joven fue condenado a cuatro años de prisión por dos violaciones y otros delitos. La sentencia fue apelada.
El nuevo rey deberá mantener la popularidad personal que durante décadas acompañó a su padre mientras intenta preservar la confianza en una institución afectada por los problemas familiares.
Haakon llega al trono con una imagen diferente a la de un monarca tradicional. Estudió Ciencias Políticas en la Universidad de California en Berkeley y posteriormente cursó un máster en Desarrollo en la London School of Economics. También sirvió en la Armada noruega.
Su matrimonio con Mette-Marit fue, en su momento, otro desafío para la Corona. Ella era madre soltera y tenía un pasado alejado de los círculos tradicionales de la realeza. La pareja logró finalmente consolidar una relación ampliamente aceptada, aunque las controversias de los últimos años volvieron a colocar a la familia bajo un intenso escrutinio.
Ahora, Haakon deberá definir su propio reinado sin romper completamente con el legado de Harald.
Las campanas de las iglesias noruegas repicaron tras conocerse la muerte del monarca y las Fuerzas Armadas realizaron las salvas protocolarias correspondientes. Las banderas fueron colocadas a media asta y comenzaron los preparativos para el funeral de Estado.
Está previsto que el féretro sea trasladado desde el Palacio Real hasta la catedral de Oslo, donde se celebrará la ceremonia. Posteriormente, Harald será sepultado en la cripta de la fortaleza de Akershus, según los planes comunicados por las autoridades.
Las principales casas reales europeas enviaron sus condolencias a la familia. Entre ellas estuvieron las de España, Reino Unido, Suecia y Dinamarca, cuyos monarcas destacaron la trayectoria, la cercanía y el sentido del deber del fallecido rey.
Para Noruega termina así una era asociada a Harald V, uno de los monarcas europeos más longevos y populares de las últimas décadas. Para Haakon VIII comienza otra, con el desafío de mantener esa confianza mientras conduce a una monarquía que enfrenta uno de los períodos más complejos de su historia reciente.
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