
El estado de salud de Donald Trump vuelve a estar bajo escrutinio, esta vez por el aumento de peso registrado desde su última campaña presidencial. El presidente estadounidense pesaba 108 kilos en mayo, según el informe médico difundido por la Casa Blanca, frente a los 97,5 kilos consignados en un registro de 2023.
Con una estatura de aproximadamente 1,90 metros, ese peso se traduce en un índice de masa corporal de 29,7, apenas por debajo del umbral de 30 que se utiliza para definir obesidad en adultos. Trump ya había alcanzado técnicamente esa categoría durante su primer mandato.
El dato no implica, por sí solo, un diagnóstico sobre el estado general de salud del presidente. De hecho, el último examen médico difundido por la Casa Blanca concluyó que Trump estaba en excelente estado y que sus funciones cardíacas, pulmonares, neurológicas y físicas eran satisfactorias.
El informe de mayo indicó que los médicos recomendaron a Trump mejorar su alimentación, aumentar la actividad física y trabajar en la reducción de peso. La preocupación también fue planteada por especialistas externos consultados por The Washington Post.
Scott Kahan, director del National Center for Weight and Wellness y médico de la Universidad George Washington, señaló que el exceso de peso constituye un importante factor de riesgo para numerosos problemas de salud, además de estar asociado con discapacidad y muerte prematuras.
Sin embargo, especialistas también advierten que el índice de masa corporal debe interpretarse dentro de un contexto más amplio. En personas de edad avanzada, parámetros como la composición corporal, la distribución de la grasa, la capacidad funcional y otros indicadores metabólicos pueden aportar información adicional sobre el estado de salud.
El aumento de peso contrasta con la evaluación general realizada por los médicos presidenciales en mayo.
Trump, que tenía 79 años al momento del examen, fue evaluado por 22 especialistas durante una visita de aproximadamente tres horas al Walter Reed National Military Medical Center. El informe señaló que estaba “en excelente salud” y que continuaba en condiciones físicas y cognitivas para ejercer la presidencia.
El examen también mostró una puntuación perfecta de 30 sobre 30 en una prueba cognitiva utilizada para detectar posibles alteraciones. Además, sus niveles de colesterol habían mejorado considerablemente con tratamiento farmacológico.
El informe registró también una ligera hinchazón en la parte inferior de las piernas, aunque indicó que había mejorado respecto del año anterior. Trump había sido diagnosticado previamente con insuficiencia venosa crónica, una condición frecuente en adultos mayores que puede provocar acumulación de sangre en las piernas.
La alimentación de Trump ha sido objeto de comentarios durante décadas. El presidente nunca ocultó su afición por las hamburguesas y la comida rápida y ha reconocido que no es especialmente partidario del ejercicio intenso.
En mayo, Trump bromeó sobre su alimentación y aseguró que se sentía muy bien. También ha hablado en distintas ocasiones de su intención de perder peso, aunque durante su primer mandato llegó a superar los 110 kilos.
En 2018, su entonces médico Ronny Jackson recomendó que perdiera entre 4,5 y 7 kilos y señaló que Trump estaba más dispuesto a modificar su dieta que a incrementar su actividad física. Posteriormente, los registros médicos de 2019 y 2020 situaron su peso por encima de los 110 kilos, lo que lo colocaba técnicamente en la categoría de obesidad según el índice de masa corporal.
Trump apareció notablemente más delgado durante la campaña de 2023. Un informe médico divulgado entonces señaló que había reducido su peso mediante una mejor alimentación y actividad física diaria.
Los especialistas consultados no sostienen que el peso de Trump demuestre que padezca actualmente una enfermedad concreta. La preocupación está relacionada con el efecto que el exceso de grasa corporal puede tener sobre la salud a largo plazo, especialmente en una persona de edad avanzada.
La grasa acumulada alrededor de los órganos, conocida como grasa visceral, puede asociarse con enfermedades cardiovasculares, alteraciones metabólicas y otros problemas de salud. Por eso, algunos médicos consideran que reducir la circunferencia abdominal puede ser más relevante que concentrarse únicamente en una cifra de la balanza.
El caso de Trump adquiere además una dimensión política porque su administración convirtió la reducción del sobrepeso y la obesidad en uno de los objetivos de su campaña de salud pública.
Ante las preguntas sobre el aumento de peso, la Casa Blanca ha insistido en destacar la energía y la capacidad de trabajo de Trump.
Sus médicos señalaron que mantiene una agenda exigente, con reuniones, actos públicos, conferencias de prensa y actividad física, incluido el golf durante muchos fines de semana. El examen de mayo concluyó que sus capacidades cognitivas y físicas eran excelentes.
Así, los datos disponibles muestran dos aspectos que pueden coexistir: Trump recibió una evaluación médica general favorable, pero también registra un aumento de peso que lo deja muy cerca del umbral de obesidad y que sus propios médicos le recomendaron abordar.
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