
La semaglutida, el principio activo del medicamento antiobesidad Wegovy, podría volverse accesible para los países más pobres del mundo una vez que expiren sus patentes y se autoricen versiones genéricas. Así lo estimaron investigadores de tres universidades en un análisis publicado este viernes.
Los GLP-1 representan uno de los avances farmacéuticos más significativos de los últimos años. Desarrollados inicialmente como tratamiento para la diabetes tipo 2, estas moléculas demostraron una eficacia sin precedentes para reducir la obesidad, generando una demanda global que superó todas las previsiones de la industria farmacéutica.
Sin embargo, su precio sigue siendo una barrera infranqueable para la mayoría de la población mundial. En Estados Unidos, el Wegovy —comercializado por el laboratorio Novo Nordisk— se vende a aproximadamente 200 dólares mensuales, una cifra inalcanzable para los sistemas de salud de los países de ingresos bajos y medios.
Según el análisis elaborado por investigadores del Imperial College London, la Universidad de Liverpool y la Universidad de Witwatersrand de Johannesburgo, la semaglutida podría producirse a un costo anual de entre 28 y 140 dólares, lo que equivale a menos de 3 dólares al mes.
Para llegar a esa estimación, los cinco autores del estudio utilizaron datos de exportaciones indias de principios activos farmacéuticos de 2024 y 2025, incorporando costos de envasado, impuestos y márgenes industriales.
El análisis aún no fue publicado en una revista científica con revisión de pares.
Las principales patentes de la semaglutida expirarán este año en China, Brasil, India, Sudáfrica, Turquía y México, entre otros países, abriendo la puerta a la producción de versiones genéricas más baratas.
Los investigadores identificaron además 150 países donde la molécula nunca llegó a patentarse, lo que significa que para finales de 2026 la semaglutida inyectable genérica podría estar disponible en hasta 160 países. Esas naciones concentran el 69% de las personas con diabetes tipo 2 en el mundo y el 8% de quienes padecen obesidad clínica.
El profesor François Venter, de la Universidad de Witwatersrand y uno de los autores del estudio, trazó un paralelo con lo ocurrido con los tratamientos para el VIH, la tuberculosis, la malaria y la hepatitis, que lograron llegar a países pobres a precios cercanos al costo de producción gracias a los genéricos.
«Podemos reproducir este éxito médico con la semaglutida», afirmó Venter, quien destacó que el modelo permitiría además que las empresas de genéricos obtengan márgenes suficientes para garantizar un suministro sostenible.
Si las estimaciones se confirman, el vencimiento de patentes de la semaglutida podría marcar un antes y un después en el tratamiento de la obesidad a escala global, replicando el impacto que tuvieron los antirretrovirales genéricos en la lucha contra el VIH durante los años 2000.
El desafío, advierten los investigadores, no será solo de producción sino también de distribución, regulación y voluntad política de los gobiernos para incorporar estos tratamientos en sus sistemas de salud públicos.
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