
Irán aseguró este lunes que las nuevas sanciones económicas con las que Estados Unidos amenaza a Teherán no modificarán su posición frente a la guerra y advirtió que las medidas de presión aplicadas durante décadas no han conseguido doblegar al Gobierno de la República Islámica.
El portavoz del Ministerio de Exteriores iraní, Ismail Bagaei, sostuvo que Washington permanece atrapado en una estrategia basada en la guerra, las sanciones y la presión económica. Según el funcionario, la llamada política de “máxima presión” impulsada anteriormente por Donald Trump tampoco alcanzó sus objetivos.
“Estas medidas no tendrán efecto en la posición de Irán”, afirmó Bagaei durante una conferencia de prensa, en referencia a las nuevas sanciones que Estados Unidos prepara contra el país persa.
La administración Trump anunció que incrementará la presión económica sobre Teherán después de los enfrentamientos entre ambos países. El secretario del Tesoro estadounidense, Scott Bessent, anticipó que Washington presentará esta semana nuevas medidas de castigo que calificó de “sin precedentes”.
Trump sostiene que el objetivo es debilitar económicamente a Irán y crear las condiciones para que vuelva a la mesa de negociación. Teherán, por el contrario, considera que la experiencia de las sanciones anteriores demuestra que la presión económica no modificará sus decisiones estratégicas.
Irán lleva décadas sometido a diferentes sanciones estadounidenses e internacionales que afectan sectores fundamentales de su economía, especialmente la industria petrolera, una de las principales fuentes de ingresos del país.
La tensión también afecta el proceso diplomático. Bagaei afirmó que el plazo de 60 días contemplado en un memorando de entendimiento firmado con Estados Unidos dejó de tener relevancia debido a las supuestas violaciones de Washington.
El documento, firmado el 17 de junio, contemplaba el fin de las hostilidades, la reapertura del estrecho de Ormuz, la posibilidad de que Irán volviera a vender petróleo en los mercados internacionales y el levantamiento de restricciones sobre sus puertos y buques.
También establecía un período de dos meses para negociar un acuerdo definitivo sobre el programa nuclear iraní y el levantamiento de las sanciones.
Según Teherán, esas conversaciones nunca llegaron a comenzar porque Estados Unidos habría incumplido compromisos establecidos en el documento. Para el Gobierno iraní, por lo tanto, el calendario previsto perdió vigencia.
Uno de los principales puntos de tensión es el estrecho de Ormuz, una vía marítima estratégica que conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y por la que circula una parte fundamental del comercio energético mundial.
El jefe del Ejército iraní, Amir Hatami, afirmó que el control de esta ruta constituye una de las condiciones para poner fin al conflicto. Teherán sostiene que preservará el estrecho utilizando todas sus capacidades.
La posición iraní tiene enormes implicaciones para los mercados internacionales. Una interrupción prolongada del tránsito marítimo podría afectar el suministro de petróleo y elevar los costos de transporte energético en distintas regiones.
En paralelo, el presidente del Parlamento iraní y principal negociador de Teherán, Mohamed Baqer Qalibaf, afirmó que Irán ganó la guerra frente a Estados Unidos e Israel porque ninguno de los dos países logró alcanzar sus principales objetivos.
Qalibaf sostuvo que Washington y Jerusalén no consiguieron provocar un cambio de régimen ni terminar con el poder de las autoridades iraníes. Aunque reconoció que las fuerzas estadounidenses no fueron derrotadas militarmente de manera absoluta, calificó el resultado político como una “derrota” para Estados Unidos e Israel.
Las declaraciones reflejan la posición que Teherán busca consolidar en el plano interno y diplomático: presentar el conflicto como una confrontación en la que logró impedir los objetivos estratégicos de sus adversarios.
En los últimos días también circularon versiones sobre un posible acuerdo para permitir nuevamente el tránsito de buques por el estrecho de Ormuz.
Un reporte atribuido a medios israelíes sostuvo que Estados Unidos y Qatar habrían impulsado una propuesta para garantizar la circulación marítima, con barcos entrando al golfo Pérsico por el sector iraní y saliendo por aguas de Omán.
Sin embargo, medios iraníes desmintieron la existencia de ese acuerdo. La agencia Fars citó a un integrante del equipo negociador de Teherán que calificó el reporte de falso y sostuvo que el estrecho continuará cerrado mientras Estados Unidos mantenga lo que Irán considera acciones hostiles.
El escenario deja abierta una nueva etapa de presión entre Washington y Teherán. Estados Unidos prepara sanciones adicionales mientras Irán rechaza públicamente cualquier concesión bajo presión y mantiene el estrecho de Ormuz como una de sus principales cartas estratégicas.
La disputa combina ahora tres frentes: la presión económica estadounidense, las exigencias iraníes para reactivar la diplomacia y el control de una de las rutas marítimas más importantes para el mercado mundial de energía.
El futuro de Ormuz podría convertirse así en uno de los elementos decisivos para determinar si ambos países vuelven a la negociación o avanzan hacia una nueva escalada del conflicto.
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