La NASA lanza una alerta por el sargazo que invade el Caribe y rompe récords históricos

Las imágenes satelitales de la NASA revelan que el gran cinturón de sargazo del Atlántico alcanzó una de sus mayores extensiones históricas.

“Hay una gran historia entre todo lo que (mi padre) hizo durante su primer mandato y ahora en el segundo, y todas las visitas de Estado”, agregó.

El enorme cinturón de sargazo que atraviesa el océano Atlántico alcanzó en junio de 2026 una de las mayores extensiones observadas desde que comenzó el monitoreo satelital hace más de dos décadas. Los nuevos datos de la NASA y de la Universidad del Sur de Florida muestran que este año se consolidó como el segundo con mayor biomasa registrada, solo por detrás de 2025.

Las mayores concentraciones se localizaron en el mar Caribe y el golfo de México, donde millones de toneladas de esta alga flotante generan preocupación por sus efectos sobre la biodiversidad, la actividad pesquera y el turismo, uno de los principales motores económicos de numerosos países de la región.

El Caribe registra acumulaciones sin precedentes

El informe elaborado por el Laboratorio de Oceanografía Óptica de la Universidad del Sur de Florida señala que el Caribe occidental alcanzó unas 3,6 millones de toneladas métricas de sargazo, mientras que el Caribe oriental acumuló alrededor de 9 millones de toneladas. En tanto, el golfo de México llegó a cinco millones de toneladas, casi el doble del récord registrado el año anterior.

Las imágenes obtenidas por la misión satelital PACE muestran una inmensa franja de algas pardas que se extiende desde las costas de África occidental hasta América. Aunque el cinturón no forma una línea completamente continua, sí constituye una estructura oceánica prácticamente ininterrumpida impulsada por las corrientes marinas y los vientos.

Brian Barnes, investigador de la Universidad del Sur de Florida, explicó que se trata de un fenómeno que ocurre a escala de toda la cuenca atlántica, pero cuyos efectos pueden resultar muy severos para las comunidades costeras, razón por la que el monitoreo satelital diario se volvió una herramienta indispensable.

Grandes acumulaciones de sargazo cubren playas del Caribe y afectan la actividad turística.

De ecosistema marino a problema ambiental

En mar abierto, el sargazo cumple una función ecológica fundamental. Sirve de refugio y alimento para tortugas marinas, peces, crustáceos y aves, además de contribuir a la producción de oxígeno mediante la fotosíntesis.

El panorama cambia cuando enormes masas llegan a las costas. Allí las algas reducen el ingreso de luz al agua, dificultan la supervivencia de corales y praderas marinas y, durante su descomposición, consumen oxígeno y liberan sulfuro de hidrógeno, un gas de fuerte olor que genera molestias para residentes y visitantes y puede provocar irritación en personas sensibles.

Los científicos también advierten que el sargazo puede contener metales pesados, como arsénico, lo que complica su disposición final y limita algunas alternativas para su reutilización.

¿Por qué el cinturón sigue creciendo?

Hasta hace poco más de una década, la mayor parte del sargazo permanecía concentrada en el mar de los Sargazos, en el Atlántico Norte. Sin embargo, desde aproximadamente 2011 comenzó a expandirse por el Atlántico tropical, dando origen al denominado Gran Cinturón de Sargazo del Atlántico.

Los investigadores consideran que este cambio responde a una combinación de factores. Entre ellos figuran el aumento de nutrientes transportados por grandes ríos como el Amazonas, el Orinoco y el Congo, el aporte de polvo procedente del desierto del Sahara, el calentamiento de las aguas superficiales y procesos biológicos que favorecen el crecimiento del alga.

Aunque todavía no existe una explicación definitiva, los registros muestran una tendencia sostenida al aumento de la biomasa en los últimos años.

El sargazo es esencial para la vida marina en alta mar, pero representa un desafío cuando llega masivamente a las playas. (Photo by Felix Leon / AFP)

La tecnología espacial mejora la vigilancia

El seguimiento del fenómeno se realiza mediante sensores capaces de identificar la luz reflejada por el sargazo en el infrarrojo cercano, una firma que permite diferenciarlo del agua con gran precisión.

La misión PACE, lanzada por la NASA en 2024, incorporó el instrumento OCI, considerado un avance importante respecto de generaciones anteriores de satélites. Su mayor sensibilidad permite detectar con más precisión la distribución del sargazo e incluso distinguirlo de otras floraciones de algas.

Gracias a estas observaciones, los investigadores pueden elaborar mapas casi diarios que ayudan a prever qué zonas costeras podrían recibir grandes arribazones en las semanas siguientes.

Un desafío creciente para el turismo

Las consecuencias económicas ya son visibles en numerosos destinos turísticos del Caribe y del sureste de México, donde hoteles y autoridades invierten millones de dólares en barreras flotantes, embarcaciones de recolección y tareas de limpieza para mantener las playas en condiciones.

Los especialistas coinciden en que retirar el sargazo resulta necesario cuando alcanza las costas, aunque advierten que eliminarlo completamente en mar abierto podría afectar a especies que dependen de este ecosistema flotante.

Mientras tanto, gobiernos y centros de investigación trabajan en proyectos para transformar parte del alga recolectada en biocombustibles, fertilizantes y materiales industriales, aunque estas alternativas todavía enfrentan importantes desafíos técnicos y ambientales.

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