La falla sísmica que inquieta a los científicos: qué pasaría si ocurre «el gran terremoto»

Qué es el “Big One”, el megaterremoto que preocupa a científicos y podría causar daños masivos en California y otras regiones.

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Durante décadas, científicos, geólogos y agencias de emergencia han advertido sobre un escenario que parece sacado de una película, pero que para la comunidad científica es una posibilidad real: la llegada del llamado “Big One”, un terremoto de enorme magnitud asociado a la falla de San Andrés, en la costa oeste de Estados Unidos.

La enorme fractura geológica atraviesa cerca de 1.300 kilómetros del estado de California y marca el límite entre las placas tectónicas del Pacífico y Norteamérica. Allí, la energía acumulada por el movimiento constante de ambas placas puede liberarse de forma repentina y provocar un sismo devastador.

El temor no se basa en una hipótesis aislada. Los especialistas recuerdan que la falla produjo algunos de los terremotos más destructivos de la historia moderna de Estados Unidos, incluido el de San Francisco de 1906, que dejó miles de muertos y gran parte de la ciudad reducida a escombros e incendios.

Especialistas advierten que los daños podrían extenderse mucho más allá de California.

Qué dicen los científicos sobre el “Big One”

Los expertos aclaran que no es posible predecir con exactitud cuándo ocurrirá un gran terremoto. Sin embargo, numerosos estudios coinciden en que determinadas secciones de la falla acumulan tensión desde hace décadas.

El Servicio Geológico de Estados Unidos sostiene que existe una elevada probabilidad de que California experimente un sismo de magnitud considerable en las próximas décadas. El principal riesgo no es solo el movimiento inicial, sino también los incendios, cortes de energía, derrumbes, interrupciones del agua potable y daños en rutas, puentes y hospitales.

Modelos de simulación elaborados por universidades y centros de investigación estiman que un terremoto extremo podría sentirse en gran parte del oeste estadounidense y provocar pérdidas económicas de cientos de miles de millones de dólares.

En algunas zonas, además, el suelo podría comportarse como un líquido debido a un fenómeno conocido como licuefacción, incrementando el riesgo de colapso de edificios y estructuras.

Científicos monitorean movimientos sísmicos en California ante el riesgo de un gran terremoto.

Ciudades enteras bajo amenaza

Las áreas metropolitanas de Los Ángeles, San Bernardino, Riverside y San Francisco figuran entre las más expuestas debido a su densidad poblacional y cercanía con sectores activos de la falla.

Los científicos también advierten que el impacto no se limitaría a California. Un terremoto de gran magnitud podría afectar cadenas de suministro, telecomunicaciones y mercados financieros de todo Estados Unidos.

En los últimos años, la preocupación aumentó tras registrarse enjambres sísmicos y movimientos menores en diferentes puntos del estado. Aunque estos eventos no anticipan necesariamente un gran terremoto, sí recuerdan que la actividad tectónica continúa activa.

Vista aérea de la falla de San Andrés, una de las zonas tectónicas más vigiladas del planeta.

Preparación y prevención

Ante este escenario, las autoridades estadounidenses reforzaron campañas de preparación ciudadana. Las recomendaciones incluyen disponer de agua potable, alimentos no perecederos, linternas, medicamentos y planes familiares de evacuación.

Ingenieros y urbanistas también trabajan en la modernización de edificios e infraestructuras críticas para resistir movimientos sísmicos más intensos. California endureció en las últimas décadas sus normas de construcción, aunque millones de viviendas antiguas siguen siendo vulnerables.

Los especialistas remarcan que la prevención puede marcar la diferencia entre una tragedia controlable y un desastre humanitario. Japón y Chile, dos países con fuerte actividad sísmica, suelen ser mencionados como ejemplos de adaptación y construcción antisísmica.

Mientras tanto, sensores distribuidos a lo largo de la falla continúan registrando cada vibración subterránea. El “Big One” sigue siendo una incógnita en términos de fecha, pero para la ciencia no se trata de un fenómeno imposible, sino de un evento que tarde o temprano podría ocurrir.

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