
El 24 de febrero de 1996 quedó grabado como uno de los episodios más explosivos en la historia reciente de las relaciones entre Cuba y Estados Unidos. Dos avionetas civiles de la organización Hermanos al Rescate fueron derribadas por cazas MiG cubanos sobre el estrecho de Florida y cuatro personas murieron en el acto.
Treinta años después, el caso volvió a ocupar el centro de la escena internacional: el Departamento de Justicia de Estados Unidos imputó formalmente al exmandatario cubano Raúl Castro por asesinato, conspiración para matar ciudadanos estadounidenses y destrucción de aeronaves.
La acusación reabre una herida histórica que marcó un punto de quiebre entre Washington y La Habana y revive la historia de una organización nacida en medio de la desesperación de los balseros cubanos.
Hermanos al Rescate surgió en Miami a comienzos de los años noventa, en pleno “Período Especial” cubano, cuando la caída de la Unión Soviética dejó a la isla sumida en una crisis económica devastadora.
Miles de cubanos intentaban escapar hacia Florida en embarcaciones improvisadas. En ese contexto, un grupo de exiliados encabezados por José Basulto comenzó a realizar vuelos de búsqueda sobre el estrecho de Florida para localizar balseros perdidos en el mar.
La organización colaboraba con la Guardia Costera estadounidense y lanzaba agua, alimentos y elementos de emergencia a quienes encontraban a la deriva.
Con el tiempo, sin embargo, las actividades del grupo comenzaron a tensar cada vez más la relación con el gobierno cubano.
Además de las tareas de rescate, algunos de sus pilotos sobrevolaban las cercanías de La Habana y lanzaban panfletos con mensajes políticos y extractos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Para el régimen de Fidel Castro, aquellas incursiones eran una provocación directa.
La tarde del 24 de febrero de 1996, tres avionetas Cessna despegaron desde Florida para una nueva misión sobre el estrecho.
A bordo viajaban ocho voluntarios.
Según reconstrucciones posteriores, las aeronaves fueron detectadas por la Fuerza Aérea cubana mientras sobrevolaban aguas cercanas a la isla. Poco después despegaron cazas MiG-29.
A las 15:21, uno de los aviones civiles fue alcanzado por un misil. Siete minutos más tarde, un segundo aparato fue destruido.
Las víctimas fueron Carlos Costa, Pablo Morales, Mario de la Peña y Armando Alejandre Jr. Sus cuerpos nunca aparecieron.
La tercera avioneta, pilotada por José Basulto, logró escapar.
Las grabaciones de radio difundidas posteriormente captaron a los pilotos cubanos celebrando el ataque tras derribar las aeronaves.
La Habana sostuvo históricamente que las avionetas habían ingresado al espacio aéreo cubano y defendió la operación como un acto de legítima defensa.
Sin embargo, investigaciones de la Organización de Aviación Civil Internacional concluyeron que los derribos ocurrieron en aguas internacionales, a decenas de kilómetros de la costa cubana.
Esa conclusión generó una condena internacional masiva y dejó al gobierno de Fidel Castro bajo una fuerte presión diplomática.
En 1996, Raúl Castro era ministro de Defensa y jefe de las Fuerzas Armadas cubanas.
La nueva acusación presentada en Miami sostiene que tuvo un rol central en la operación militar que terminó con el derribo de las avionetas.
Uno de los elementos más citados por investigadores y sectores del exilio cubano es una grabación filtrada años después, en la que una voz atribuida a Raúl Castro habla sobre la necesidad de derribar las aeronaves “en el mar”.
Aunque Cuba nunca reconoció oficialmente esa grabación, fiscales estadounidenses consideran que podría convertirse en una prueba clave del proceso judicial.
El caso adquiere además una dimensión simbólica especial: Raúl Castro, hoy de 94 años, sigue siendo una de las figuras más influyentes del sistema político cubano pese a haber dejado formalmente el poder.
El derribo de las avionetas destruyó cualquier posibilidad de acercamiento inmediato entre Washington y La Habana.
El entonces presidente Bill Clinton condenó el ataque y poco después promulgó la ley Helms-Burton, que endureció drásticamente el embargo económico contra Cuba y limitó la posibilidad de flexibilizar sanciones en el futuro.
La crisis también consolidó el peso político del exilio cubano en Florida y convirtió a Hermanos al Rescate en un símbolo para amplios sectores anticastristas.
Tres décadas después, la decisión de imputar a Raúl Castro vuelve a colocar aquel episodio en el centro de la agenda política regional y reabre uno de los capítulos más oscuros de la historia contemporánea entre Cuba y Estados Unidos.
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