
El ministro de Economía argentino Sergio Massa, un peronista de centro-izquierda, y el líder ultraliberal y antisistema Javier Milei competirán por la presidencia de Argentina en un balotaje. Este se celebrará el 19 de noviembre próximo.
El resultado era inesperado. Las encuestas previas mostraban a Milei en primer lugar y un segundo lugar disputado por Massa. Patricia Bullrich, la candidata de Juntos por el Cambio, finalmente obtuvo un muy mal resultado y quedó en tercer lugar, lejos de la pelea por ingresar en segunda vuelta.
El análisis posterior a las elecciones ofrece un panorama que permite interpretar los resultados. A continuación presentamos cinco claves para entender qué pasó en Argentina:
El peronismo es una fuerza política con una larga historia y gran inserción territorial en Argentina. En las elecciones primarias (PASO) obtuvo resultados por debajo de sus expectativas, al quedar en tercer lugar con el 27 por ciento de los votos sumando lo obtenido por los dos precandidatos que competían por la candidatura presidencial.
Además del control de muchas de las 23 provincias del país y de una gran cantidad de municipios, el peronismo también tiene el control de casi todos los sindicatos. Esta es una de las claves, Argentina tiene un alto nivel de sindicalización entre los trabajadores del sector formal.
También mantiene el control sobre la mayoría de los grandes movimientos sociales que contienen a las amplias capas de la población que trabaja en la economía informal, que abarca a alrededor del 40 por ciento de la fuerza laboral.
La movilización de estos resortes del poder formal activada después de los decepcionantes resultados de agosto explica parte de la remontada que permitió el triunfo de Sergio Massa.
Desde la sorpresiva victoria de Milei en las elecciones de agosto, se han sucedido una serie de errores no forzados. La consecuencia: se limitó el crecimiento de la fuerza, que obtuvo el mismo porcentaje que en aquella ocasión.
Estos errores fueron cometidos por el propio Milei como por gran parte de sus candidatos a cargos electivos. El candidato a presidente insistió con su propuesta de dolarización, a pesar de que desde distintos espacios de la economía se remarcaba que el proyecto es inviable y de aplicarse sería altamente perjudicial para el país.
Para apuntar su proyecto dolarizador, Milei no dudó en atacar al peso y provocar con sus declaraciones una fuerte devaluación de la cotización de los tipos de cambio en el mercado alternativo, perjudicando aún más a la golpeada economía argentina.
Pero no fue el único en cometer errores que se terminarían pagando en las urnas. Su candidata a vicepresidenta Victoria Villarruel organizó en la legislatura de la ciudad de Buenos Aires un acto de reivindicación de la represión ilegal que asoló al país durante la década del 70, abriendo viejas heridas en un país que es ejemplo mundial por haber juzgado y castigado a los responsables de aquellos crímenes de lesa humanidad.
Otros referentes de su espacio han obtenido gran repercusión mediática con propuestas insólitas, como la candidata Lilia Lemoine que propuso una ley para que los hombres puedan renunciar a sus obligaciones paternales, o el referente del espacio Alberto Benegas Lynch que propuso romper relaciones con el Vaticano, sumándose a las críticas de Milei al Papa.
Juntos por el Cambio, la fuerza política comandada por el ex presidente Mauricio Macri, resultó al gran perdedora de esta elección. Su candidata Patricia Bullrich obtuvo algo más de 23 por ciento de los votos, quedando muy lejos de la pelea por ingresar el bolotaje.
Bullrich comandó una campaña errática, casi sin propuestas de gobierno y centrada únicamente el «terminar con el kirchnerismo».
Además, Macri tuvo gestos de acercamiento a Milei, que enturbiaron la campaña de Bullrich, debilitando su imagen y poniendo en duda el apoyo del líder de su espacio.
Con esta dura derrota se pone en duda la continuidad de la coalición, conformada por el partido PRO de Macri, la Unión Cívica Radial (UCR) y la Coalición Cívica de Elisa Carrió. Los analistas creen que se encaminan a una ruptura de cara a los realineamientos previos al balotaje.
La provincia de Buenos Aires constituye el 38 por ciento del padrón electoral nacional, lo que la convierte en «la madre de todas la batallas» como suelen referirse a ella los analistas políticos.
Está gobernada por el economista peronista de centroizquierda Axel Kicillof, muy cercano a Cristina Kirchner, quien obtuvo un amplio trinufo, con casi el 45 por ciento de los votos y aventajando con más de 19 a su inmediato competidor Néstor Grindetti de Juntos por el Cambio.
Este amplio triunfo, con un gran crecimiento en relación a los resultados obtenidos en las elecciones de agosto, es uno de los factores que permiten explicar el triunfo a nivel nacional de Sergio Massa.
En su discurso triunfal, Sergio Massa llamó a otras fuerzas a sumarse a un eventual gobierno de «unidad nacional», una propuesta que ya había mencionado previamente. El llamamiento está relacionado a la necesidad de sumar apoyos de cara a la segunda vuelta y abre la posibilidad de incorporar en un hipotético futuro gabinete a referentes de otras fuerzas políticas.
El candidato tiene buenas relaciones con distintos factores de poder, tanto internos como externos. Son conocidas sus buenas relaciones históricas con referentes políticos de Estados Unidos, incluido Joe Biden, pero también cuenta con aceitadas relaciones con Luiz Inácio «Lula» da Silva de Brasil y con China, uno de los principales socios comerciales de Argentina.
Internamente tiene aceitadas relaciones con los grandes sindicatos, pero también con importantes sectores empresarios, principalmente los relacionados a la industria y el comercio.
Para lograr el triunfo en el balotaje del 19 de noviembre, Massa deberá mantener a la economía en el delicado equilibro en el que se ha mantenido en los últimos meses, con altas tasas de inflación, periódicas devaluaciones y alto endeudamiento externo.
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