
Estados Unidos empezó a votar. A las 5.00 de la mañana (10.00 GMT) abrieron sus puertas los primeros colegios electorales en Vermont, y con ellos arrancó una jornada que puede cambiar el rumbo del segundo mandato de Donald Trump: las elecciones legislativas de mitad de mandato, conocidas como midterms.
Más de 250 millones de personas están habilitadas para participar, unos 8,4 millones más que en 2022. Se renuevan los 435 escaños de la Cámara de Representantes, 35 de los 100 del Senado y 36 gobernaciones, además de alcaldías como las de Washington DC, Los Ángeles, Oakland, Louisville y Raleigh, y miles de cargos locales.
Trump llega a la cita con apenas un 32% de aprobación, uno de los peores registros de su carrera. Aun así, se puso al frente de la campaña y recorrió territorios republicanos para respaldar a decenas de candidatos. En su cierre de campaña, el lunes, frente al Lincoln Memorial, calificó los comicios como “las elecciones de mitad de mandato más importantes de nuestras vidas”.
Advirtió además que los demócratas quieren “hacer saltar todo por los aires”. Seguirá el escrutinio desde la Casa Blanca a partir de las 19.00 hora local.
La historia juega en su contra: el partido que gobierna suele perder terreno en estas elecciones. Y esta vez los números acompañan esa tendencia.
El modelo de Decision Desk HQ le da a los demócratas un 84% de probabilidades de ganar la Cámara de Representantes, con una proyección de 241 escaños frente a 194 republicanos. Para la mayoría hacen falta 218, por lo que a la oposición le bastaría con una ganancia neta de tres bancas.
El Senado es más incierto, pero también se movió. Los republicanos parten con una ventaja de 53 a 47, si se cuentan entre los demócratas los dos independientes que votan con ese bloque. La oposición necesita una ganancia neta de cuatro escaños, y el mismo modelo le asigna un 65% de posibilidades, con una proyección de 52 a 48.
Una encuesta de The New York Times y Siena mostró ventajas demócratas en Michigan, Maine, Ohio, Texas y Kansas, una más ajustada en Alaska y un virtual empate técnico en Iowa. En Texas, un estado donde los republicanos no pierden una elección al Senado desde hace más de tres décadas, el sondeo anticipa una pelea inédita.
Con todo, los especialistas piden cautela. Las encuestas pueden subestimar la movilización republicana, como ocurrió en 2016, cuando Trump sorprendió en estados clave.
La campaña estuvo dominada por el costo de vida. La inflación volvió a acelerarse en septiembre, hasta el 3,7% interanual, y el precio medio de la nafta regular pasó de 2,98 dólares por galón a fines de febrero a 4,17 en la actualidad. Detrás está la guerra contra Irán, iniciada el 28 de febrero con un operativo conjunto de Estados Unidos e Israel, y el bloqueo del estrecho de Ormuz.
Un estudio de Reuters/Ipsos indica que el 78% de los estadounidenses atribuye a las políticas de Trump que los precios suban más rápido que los salarios. Hasta ocho de cada diez desaprueban su manejo de la inflación, según AP-NORC.
El interés se refleja en las cifras: más de 57 millones de personas ya votaron de forma anticipada, en persona o por correo, un récord. La campaña, además, superó los 11.000 millones de dólares en inversión publicitaria.
Unos 39 millones de hispanos están habilitados para votar, el segundo grupo más numeroso, por delante de los votantes afroamericanos. Muchos giraron hacia Trump en 2024 por la economía, y ahora el voto anticipado latino también marca niveles históricos. Su peso será decisivo en las contiendas reñidas por la Cámara en Arizona, California, Colorado, Florida, Pensilvania y Texas, entre otros estados.
El presidente condicionó el reconocimiento de los resultados a que sean “elecciones honestas”. En las últimas horas, su Gobierno pidió a la Corte Suprema que ordene a California apartar de forma temporal las papeletas de más de 20.000 personas que, según el Departamento de Justicia, podrían no ser ciudadanas. Entre la oposición y las autoridades locales creció el temor a una interferencia federal en el proceso.
Funcionarios, abogados y activistas están preparados para responder si las amenazas se concretan. Y como los recuentos pueden tardar, es probable que se hable de “semana electoral” más que de “noche electoral”.
Si los demócratas controlan el Congreso, podrán abrir investigaciones sobre la Administración Trump y frenar su agenda legislativa. Un impeachment sería teóricamente posible, aunque destituir al presidente exigiría dos tercios del Senado. Trump, de 80 años y sin posibilidad constitucional de aspirar a un nuevo mandato en 2028, ya anticipó que se convertirá en “el señor veto”. Es el escenario del “pato rengo”: un presidente con el poder disminuido.
El resultado también empezará a ordenar la sucesión. En el bando republicano ya asoma una pulseada entre el vicepresidente J. D. Vance y el secretario de Estado, Marco Rubio. En el demócrata, el ala progresista, con el alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, como figura central, gana terreno frente al establishment.
Los centros abren de forma escalonada en seis husos horarios. Connecticut, Nueva York y Nueva Jersey abren a las 6.00 (11.00 GMT) y Pensilvania, Georgia y Carolina del Sur, a las 7.00 (12.00 GMT). California, con más de 23 millones de votantes registrados, abre a las 7.00 hora local (15.00 GMT). Hawái cierra a las 19.00 hora local (5.00 GMT del miércoles) y el último colegio, en Adak, en las islas Aleutianas de Alaska, a las 20.00 (6.00 GMT).
Los grandes medios empezarán a difundir proyecciones no oficiales cuando cierren los primeros centros. El Congreso que surja de las urnas asumirá el 3 de enero.
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