Los republicanos se movilizan para evitar una derrota catastrófica en las legislativas

Con las encuestas en contra, Trump multiplica los mítines en bastiones republicanos, mientras los demócratas ven al alcance una amplia victoria.

Los republicanos cerraron el fin de semana en modo emergencia. A horas de que Estados Unidos vote en unas elecciones legislativas que Donald Trump planteó como un referéndum sobre su propia figura, el partido del presidente se movilizó a contrarreloj para evitar una derrota de proporciones catastróficas. El martes 3 de noviembre, los estadounidenses elegirán a los 435 miembros de la Cámara de Representantes y a 35 de los 100 senadores.

Los pronósticos son tan claros como inquietantes para la Casa Blanca: los demócratas están casi seguros de arrebatarle la mayoría a los republicanos en la Cámara Baja y, lo que hace unos meses parecía una fantasía, tienen opciones reales de ganar también el Senado.

Mítines en territorio “seguro”

Trump encabezó el domingo actos en Iowa y Kansas, dos estados donde, en condiciones normales, el Partido Republicano no necesitaría un empujón presidencial para ganar. Que el mandatario deba defender esos feudos es, para muchos analistas, la mejor radiografía del momento.

La agenda de último minuto fue un reflejo del nerviosismo: los dos mítines habían sido cancelados y luego restituidos, en medio de un esfuerzo del partido por sumar decenas de actos virtuales por teléfono en casi veinte estados durante las últimas 72 horas de campaña.

Algunos expertos leen esa estrategia como una señal de debilidad de la marca Trump; otros, como una reacción a sondeos peores de lo esperado. Su consigna, repetida en cada acto, resume la apuesta: “Hagan de cuenta que estoy en la papeleta”.

Una ventaja demócrata que no deja de crecer

Desde el 1 de septiembre, el voto intencional a favor de los demócratas aumentó cerca de tres puntos. En la papeleta genérica a la Cámara, la medición más cercana a una lectura nacional, los demócratas promedian 51,2 % frente a 42,6 % de los republicanos: una ventaja de 8,6 puntos.

Detrás de ese giro hay dos factores centrales: el costo de vida, que no mejoró como Trump había prometido, y la guerra contra Irán, que cumple ocho meses y encareció los combustibles. La corrupción dentro de la Administración se suma como preocupación creciente entre los votantes.

La impopularidad del presidente es el telón de fondo. Un sondeo de NBC News mostró que el 60 % de los estadounidenses desaprueba su gestión, y los promedios lo ubican por debajo del 40 % de aprobación, el nivel más bajo para un mandatario en décadas.

Las legislativas del martes 3 de noviembre renovarán los 435 escaños de la Cámara de Representantes y 35 de los 100 del Senado.

La Cámara, casi sentenciada; el Senado, en disputa

Hoy los republicanos controlan la Cámara de Representantes por 218 escaños contra 214. Las proyecciones prevén que los demócratas sumen unos 18 y ninguno de los modelos principales les da menos de 80 % de probabilidades de quedarse con la mayoría.

El Senado es otra historia, y ahí está la gran incógnita. Los demócratas necesitarían voltear varios estados que Trump ganó por más de diez puntos en 2024. Aun así, los sondeos agregados proyectan que ya tienen cinco bancas republicanas en el bolsillo y que otras cinco están en empate técnico o dentro del margen de error. Entre ellas aparecen bastiones como Texas, Kansas e Iowa.

El factor candidatos también pesa: Trump eligió a dedo a aspirantes débiles en territorios clave, como Ken Paxton en Texas, lo que abrió grietas en un mapa que parecía blindado. Y hay un dato que los republicanos miran con alarma: aun con un error de dos puntos a favor de ellos en las encuestas, los demócratas conquistarían igualmente ambas cámaras.

Dos golpes de último momento

La jornada del domingo dejó dos sacudones. En Michigan, la legisladora demócrata Haley Stevens, derrotada en las primarias, anunció que apoyará al republicano Mike Rogers y no a su compañero de partido Abdul El-Sayed, por discrepancias sobre Israel. El candidato, que podría ser el primer senador musulmán de la historia del país, lidera los sondeos por más de tres puntos, pero la ruptura podría restarle apoyos.

En Alaska, una jueza desestimó el intento del gobierno de Trump de bloquear la certificación de los resultados. El conflicto gira en torno a un candidato homónimo del senador republicano Dan Sullivan, que según el presidente podría confundir a los electores. Una investigación periodística reveló además que la candidatura de ese segundo Sullivan fue impulsada por la campaña de la demócrata Mary Peltola, un episodio que podría pasarle factura en las urnas.

Un presidente a la ofensiva verbal

Trump apeló a la artillería de siempre. Advirtió que los demócratas convertirán al país en comunista, calificó falsamente de “yihadista” a El-Sayed y prometió entregar 5.000 dólares a cada ciudadano si su partido gana. “Me siento bien”, dijo el sábado por la noche. “Al país nunca le ha ido mejor”.

Las cifras de participación indican que el electorado está movilizado: 53 millones de personas ya votaron de forma anticipada, un récord. La campaña, además, rompió marcas de gasto: unos 11.000 millones de dólares en publicidad, con casi 500 millones aportados por Elon Musk para favorecer a candidatos republicanos.

Los demócratas lideran por 8,6 puntos la papeleta genérica a la Cámara, según el promedio de encuestas. EFE/EPA/JIM LO SCALZO

Lo que está en juego

Una Cámara demócrata impondría los primeros límites reales a un segundo mandato marcado por la expansión del poder presidencial. Controlaría el presupuesto y presidiría comisiones capaces de investigar denuncias de corrupción y los vínculos de Trump con Jeffrey Epstein. Un Senado demócrata, además, podría bloquear sus nombramientos judiciales, en especial los de la Corte Suprema.

Entre los demócratas el optimismo es palpable. El senador Raphael Warnock lo describió como “nauseabundo”, aunque admitió que persiste la cautela por los fallos históricos de las encuestas, que en ocasiones subestimaron el poder electoral de Trump.

La pregunta que flota sobre el escrutinio

Sobre toda la contienda planea una duda: si los republicanos aceptarán una eventual derrota. El antecedente de 2020, cuando Trump intentó revertir su caída ante Joe Biden, alimenta el temor a una crisis constitucional. Las maniobras para frenar la certificación en Alaska ya encendieron esa alarma.

Esta semana, las urnas dirán si la “ola azul” que anuncian los sondeos es real o si, una vez más, Trump logra desmentir a los encuestadores.

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