
El monarca británico Carlos III vivió un incómodo momento durante su visita oficial a la isla caribeña de Antigua y Barbuda. El soberano asistió a un solemne homenaje militar en el estadio Sir Vivian Richards Cricket por los 45 años de independencia.
Pocos minutos después de su llegada al recinto deportivo, una intensa y repentina lluvia comenzó a caer sobre los presentes. La Reina Camila, vestida de blanco, recibió rápidamente un paraguas transparente y buscó refugio bajo la zona techada del estadio.
Por el contrario, el monarca quedó totalmente desprotegido bajo el agua luciendo un delicado traje de tono beis. Visiblemente molesto por la evidente falta de previsión logística, el rey realizó varios gestos de desaprobación hacia su personal asistente.
El jefe de Estado exigió a los gritos la entrega inmediata de un paraguas para evitar mojarse por completo.
A pesar del enojo inicial por el percance, el rey recurrió al clásico e irónico sentido del humor británico. El soberano bromeó ante los presentes diciendo que pronto comenzarían a salirle berros dentro de sus propios pantalones.
Finalmente, un colaborador le alcanzó un paraguas negro para continuar con la estricta agenda oficial establecida. Aunque el chaparrón duró apenas cinco minutos, el monarca quedó completamente empapado y con su atuendo visiblemente arrugado.
Pese a encontrarse totalmente encharcado, el rey cumplió con el protocolo y encabezó la formal revisión de tropas militares. Las temperaturas cálidas de la región caribeña amortiguaron la incomodidad física provocada por la abundante agua acumulada sobre la ropa.
La visita real estuvo marcada además por intensos debates políticos encabezados por el primer ministro caribeño, Gaston Browne. El mandatario local exigió formalmente al gobierno del Reino Unido el pago de reparaciones económicas por el histórico comercio de esclavos.
Browne remarcó ante los medios de comunicación internacionales que dichas compensaciones financieras resultan necesarias e impostergables para su pueblo. Las fotografías y grabaciones del monarca empapado se viralizaron de inmediato en diversas plataformas de redes sociales.
Miles de usuarios compartieron comentarios divertidos sobre la inesperada reacción y las frases célebres del soberano inglés.