
Cuatro soldados desaparecidos, 2.000 militares enviados en una semana y una promesa: “Si nos entregan a nuestros aerotécnicos vivos, ese mismo día nos regresamos”. El presidente salvadoreño, Nayib Bukele, defendió este jueves una operación en Haití que el Gobierno presenta como un rescate, pero que expertos interpretan como el inicio de una presencia de largo aliento contra las pandillas del país caribeño.
Según la Cancillería salvadoreña, que informó la cifra el miércoles, el contingente supera los 2.000 efectivos y actúa en “una operación a gran escala respaldada por diversos países y organismos internacionales”. Es el mayor despliegue de tropas extranjeras en Haití desde el fin de la Misión de Estabilización de la ONU (Minustah), que operó allí entre 2004 y 2017.
Todo comenzó el 18 de octubre, cuando cuatro militares salvadoreños, integrados en la Fuerza de Supresión de Pandillas (GSF) encomendada por la ONU, desaparecieron tras una emboscada contra su vehículo en un barrio de la periferia de Puerto Príncipe, ampliamente dominado por bandas criminales.
El sábado circularon versiones sobre el hallazgo de restos humanos que podrían pertenecer a los desaparecidos. Bukele descartó esa posibilidad.
En una rueda de prensa con la presidenta de Perú, Keiko Fujimori, de visita oficial en El Salvador, Bukele lanzó un mensaje a los captores: “Si no nos los entregan por las buenas, los vamos a rescatar por las malas”. También aseguró que las tropas se retirarán una vez cumplido el objetivo.
Pero fue más allá. “Si acabamos con las pandillas de acá, podemos acabar con ellos. Es decisión de ellos si quieren que los acabemos o no”, sostuvo, y describió el conflicto como una “batalla entre el bien y el mal”.
Horas antes, en la red X, había insistido en que “esto no es una operación contra el pueblo haitiano, ni una invasión”, y negó cualquier “intención neocolonialista”. Aseguró contar con autorización “de todos los niveles internacionales y nacionales” y afirmó que su país financia el 90 % de la misión. No respondió cuánto dinero destinó ni qué países aportan apoyo técnico.
Para Jake Johnston, investigador del centro CEPR, de Washington, la cifra no deja lugar a dudas. “Con 2.000 soldados, cifra que podría aumentar en los próximos días, esto no tiene nada de una operación de búsqueda”, afirmó. Cree que se trata de “una forma de despliegue a largo plazo”.
Varios elementos refuerzan esa lectura. La confirmación oficial de la magnitud llegó cinco días después de iniciado el envío, y el Gobierno haitiano habla de “cooperación en materia de seguridad”. Entre el 22 y el 29 de octubre se registraron una veintena de vuelos chárter entre San Salvador y Puerto Príncipe, con aeronaves que no habían aterrizado en la capital salvadoreña en el último año. Imágenes satelitales muestran, además, diez nuevas estructuras, que podrían ser tiendas de campaña, en la base militar internacional del aeropuerto Toussaint Louverture.
Washington guarda silencio. El Pentágono solo confirmó el envío de al menos dos aviones militares de apoyo logístico a Puerto Príncipe la semana pasada, y el Departamento de Estado no hizo comentarios. “Todos los indicios apuntan a un apoyo estadounidense”, sostiene Johnston.
El analista cree que el mandatario busca “exportar y vender” su fórmula: estado de excepción y encarcelamientos masivos, con los que presume haber reducido la criminalidad en su país, aunque organizaciones de derechos humanos denuncian detenciones arbitrarias y torturas.
Trasladarlo a Haití es riesgoso. El país ya cuenta con la policía, el ejército, una fuerza de mercenarios extranjeros y los 2.000 agentes de la GSF. “Ahora tienen cinco fuerzas separadas sin un verdadero mando unificado”, advirtió Diego Da Rin, del Crisis Group, que subrayó que algunas colaboran entre sí, pero “no es muy ortodoxo”.
Johnston teme que, por la lentitud de la GSF y la rapidez de los salvadoreños, estos terminen imponiéndose sobre el cuerpo de la ONU, cuyo mandato vence en cinco meses. Y le preocupa que lleguen sin un objetivo claro ni conocimiento del terreno: “Se puede matar a mucha gente, pero ¿realmente va a cambiar las dinámicas que siguen generando violencia e inseguridad en Haití?”. Señala que teme “enormes riesgos para los civiles”.
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