
Diez meses después de salir del país para recibir el Premio Nobel de la Paz, María Corina Machado volvió a Venezuela. Lo hizo en un contexto muy distinto al que dejó: Nicolás Maduro fue capturado en enero por tropas estadounidenses, el país está en manos de la presidenta encargada Delcy Rodríguez, y Washington impulsa un diálogo entre el chavismo y un sector de la opositora del que ella no forma parte.
Con su regreso, que miles de seguidores celebraron en una caravana desde el estado Lara hasta Caracas, la dirigente reabre el tablero. La pregunta ahora es qué hará con él, y cómo responderán el gobierno, la oposición y Estados Unidos.
Machado, de 59 años, llegó a Caracas pasadas las 21:00 del domingo, tras un recorrido en el que saludó a la multitud sin dar declaraciones. Su único mensaje posterior fue breve: “¡Este día lo recordaremos siempre! Vamos a terminar la tarea, juntos”.
Quienes la acompañaron fueron más explícitos. Dirigentes de Vente Venezuela, su partido, dijeron que volvió para “acelerar la transición” y que el país está en la calle para exigir elecciones presidenciales el año próximo. La mayor coalición opositora, la Plataforma Unitaria Democrática, también reclama que se fije la votación para 2027 y que se elimine la inhabilitación que pesa sobre ella.
1. Más presión sobre la mesa de diálogo. Machado no integra las negociaciones, que encabezan Jorge Rodríguez, presidente de la Asamblea Nacional, y Dinorah Figuera, elegida por Washington para representar a la oposición. Prometió no obstaculizarlas, pero su presencia en el país puede influir en temas sensibles, como la designación de nuevas autoridades para el Tribunal Supremo y el Consejo Nacional Electoral. Figuera sostuvo que el regreso de la dirigente es resultado directo de la fortaleza de las conversaciones.
2. Una batalla por el calendario electoral. Delcy Rodríguez aseguró ante la ONU que habrá elecciones, pero el oficialismo no dijo cuándo. Trump, por su parte, declaró que todavía es “demasiado pronto”. Entre la urgencia opositora y la cautela de Caracas y Washington se juega el eje de la transición.
3. Movilización de calle. Vente Venezuela anticipó una gira por todo el país. Las multitudes en el trayecto muestran capacidad de convocatoria, pero también abren el riesgo de roces con las fuerzas del Gobierno.
4. Un posible desencuentro con Washington. Trump la llamó “una mujer muy agradable” y dijo esperar que esté a salvo, pero su gobierno cerró en agosto un acuerdo petrolero con Rodríguez que le da acceso a una quinta parte de las reservas de crudo venezolanas. Machado, que defiende la economía de mercado y propone privatizar PDVSA, cuestionó ese pacto y calificó al gobierno de “régimen ilegítimo”. Analistas habían señalado que su regreso estaba vetado por Washington, algo que Estados Unidos negó. El secretario de Estado, Marco Rubio, atribuyó la vuelta a la mediación estadounidense.
5. La respuesta del chavismo. Hasta ahora el gobierno interino no emitió una reacción oficial. El ministro del Interior, Diosdado Cabello, uno de sus principales detractores, había criticado su disposición a negociar. Funcionarios estadounidenses le habrían aconsejado no volver por razones de seguridad, y ella rechazó esquemas especiales de protección, por lo que queda expuesta a una eventual respuesta política o judicial.
Para el economista Ricardo Hausmann, de la Harvard Kennedy School, el verdadero significado del regreso es el de “un gobierno constitucional”. Sostiene que la Constitución exige convocar elecciones cuando no hay un presidente electo, algo que no se hizo, y que el proceso se demoró intencionalmente. Recuerda que en 2024 Edmundo González Urrutia, el candidato que ella respaldó tras ser inhabilitada, reivindicó un 67% de los votos, mientras la autoridad electoral nunca publicó resultados detallados. La ola de protestas posterior dejó 28 muertos y más de 2.400 detenidos.
Una ministra del Tribunal Supremo admitió hace pocas semanas ante la AFP que la forzaron a firmar la inhabilitación de Machado porque dos hermanos y una cuñada militares habían sido detenidos, un dato que fortaleció el reclamo opositor.
Machado es hoy la figura más popular de la oposición. Arrasó con más del 90% de los votos en las primarias de 2023 y su lema, “hasta el final”, se convirtió en mantra. Pero llega sin respaldo claro de Washington, fuera de la mesa de diálogo y con un chavismo que conserva el control del Estado. Su regreso también se produce junto al de otros dirigentes opositores que volvieron del exilio en las últimas semanas, lo que podría reordenar equilibrios internos.
Además de las elecciones, promete “traer a nuestros hijos de vuelta a casa”, en referencia a los siete millones de venezolanos que, según la ONU, dejaron el país.
Las próximas semanas serán decisivas. Si el gobierno acepta fijar una fecha electoral, el regreso de Machado será leído como un punto de inflexión. Si no lo hace, la tensión entre la calle y las negociaciones puede crecer. En cualquier caso, su vuelta obliga a todos los actores a mostrar sus cartas.
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