
La economía mundial sigue en la cuerda floja por el conflicto en Oriente Medio, que por ahora no tiene una salida inmediata. A pesar de los intentos de mediación y de las sanciones, la guerra se prolonga, los precios de los derivados del petróleo continúan disparándose y el encarecimiento se propaga en cascada a bienes y servicios.
En este contexto, la economía salvadoreña se destaca y logra lo que hace solo unos años habría parecido imposible: crecer un 4,5 %, mientras el resto de los países de la región no consigue despuntar. En Centroamérica, solo Panamá supera las proyecciones de El Salvador y, en América Latina, solo Paraguay.
El país venía de crecimientos débiles, que no superaban el 2,5 % en promedio. Ahora experimenta un despegue inédito, con el 4,5 % que estiman el Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial, dos organismos que realizan mediciones constantes y publican proyecciones sobre la situación económica global.
El Gobierno apostó por atraer inversiones, reducir trámites, aumentar la inversión pública, ofrecer incentivos y garantizar un entorno seguro.
El Salvador pasa así de ser un país en crisis a convertirse en un competidor respetado por sus vecinos, algunos de los cuales buscan la fórmula con la que mejoró considerablemente la seguridad pública para aplicarla en sus territorios.
Los rubros que apuntalan la economía salvadoreña son el turismo y la construcción, que se han convertido en generadores de empleo y dinamizadores de la actividad. El turismo espera cerrar 2026 con 4,2 millones de visitantes, y la construcción, con un crecimiento del 15 % y una inversión cercana a los 4000 millones de dólares, cifras sin precedentes para el país.
En 2027, El Salvador espera mantener ese dinamismo con el avance de proyectos fundamentales para el Gobierno, como un nuevo aeropuerto, la construcción de autopistas, la modernización portuaria y otras obras de las que se espera un impacto positivo en el crecimiento.
Al inicio de su segundo mandato, el presidente Nayib Bukele dijo que se había logrado la seguridad y que ahora iban por la economía, un presagio que parece cumplirse con el desempeño de 2026.
El país iniciará 2027 con elecciones. Sin embargo, a diferencia de otros procesos, el ruido electoral es mínimo: Bukele es el favorito para la reelección, lo que, para los economistas, es un augurio de que los comicios no afectarán la economía. No hay incertidumbre sobre lo que puede pasar, pues todo apunta a que seguirá gobernando.
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