
Un fascinante evento astronómico ilumina el firmamento durante la noche del 21 al 22 de octubre. La lluvia de meteoros conocida como las Oriónidas alcanza su punto de máxima actividad planetaria. Durante estas horas, la Tierra atraviesa la franja espacial repleta de fragmentos cósmicos dejados por el célebre cometa Halley.
Bajo condiciones ideales, los aficionados al espacio podrán contemplar un promedio estimado de diez a veinte estrellas fugaces por hora.
En Estados Unidos, el mejor momento para observarlas es después de la medianoche y hasta antes del amanecer, cuando la constelación de Orión se eleva en el cielo. El periodo más idóneo comenzará tras la ocultación de la Luna, aproximadamente a las 03:00 horas peninsulares. De este modo, la ausencia de brillo lunar directo facilitará ver los destellos más tenues en la atmósfera.
Para disfrutar plenamente del avistamiento no se requiere el uso de instrumentos ópticos como telescopios o binoculares. Dichos dispositivos restringen el campo visual necesario para captar los meteoros en su rápido paso. Lo más recomendable es desplazarse hacia zonas alejadas de las luces urbanas, abrigarse bien y recostarse para adaptar la vista.
Este fenómeno se origina cuando minúsculas partículas de polvo espacial ingresan a la atmósfera terrestre a 66 kilómetros por segundo. La fricción a tan alta velocidad provoca que los residuos se enciendan, produciendo destellos brillantes en el cielo. Estos restos pertenecen al cometa 1P/Halley, cuerpo celeste que completa su órbita solar aproximadamente cada 76 años.
Aunque las partículas incandescentes parecen provenir de la constelación de Orión, pueden cruzar cualquier franja del firmamento nocturno. La comunidad científica invita a los observadores a mantener la paciencia y contemplar abiertamente toda la bóveda celeste.
