
Distintas investigaciones sostienen que la mayoría de las mujeres lo hizo alguna vez. Pero los motivos van mucho más allá de “no herir al otro”: hay presión social, inseguridad, cansancio y hasta una estrategia para sentir más placer.
Es uno de los secretos peor guardados de la intimidad y, al mismo tiempo, uno de los menos conversados. Según diversos estudios, la mayoría de las mujeres admite haber fingido un orgasmo al menos una vez. Las cifras varían según la investigación, la edad y el tipo de relación, pero todas apuntan en la misma dirección: no es una rareza, sino una práctica extendida.
Una investigación de la Universidad de Kansas, publicada en el Journal of Sex Research, encontró que cerca del 68% de las mujeres y el 28% de los hombres consultados habían fingido alguna vez. Un trabajo británico, liderado por Gayle Brewer y Colin Hendrie, con 71 mujeres heterosexuales, concluyó que el 80% fingía durante el coito al menos la mitad de las veces, y que una de cada cuatro lo hacía casi siempre.
Son muestras pequeñas y, en muchos casos, de estudiantes, por lo que los especialistas piden cautela con los porcentajes exactos. Lo que ningún estudio discute es la tendencia: fingir es común, y lo es más en mujeres que en hombres.
La psicóloga Erin Cooper, de la Universidad de Temple, desarrolló una escala para medir los motivos tras entrevistar a cientos de mujeres. El más frecuente fue lo que denominó “engaño altruista”: fingir para evitar que la pareja se sienta mal. Hay una presión social implícita: se espera que el hombre “logre” el orgasmo de su compañera, y el no conseguirlo se vive como un fracaso compartido.
Pero Cooper subrayó un hallazgo que desarmó el mito de que ese es el único motivo.
El estudio identificó otras razones. Una es el miedo y la inseguridad: fingir por vergüenza de no poder llegar, o por temor a ser vista como “anormal” o “disfuncional”. Una investigación con 360 mujeres húngaras halló que esa inseguridad era la que conectaba las dificultades para alcanzar el orgasmo con la frecuencia de fingir.
Otra es la urgencia por terminar: algunas mujeres fingen simplemente para poner fin a un encuentro cuando están cansadas, aburridas o sin deseo.
También hay un motivo estratégico. Un estudio publicado en Archives of Sexual Behavior planteó que, en relaciones de largo plazo, algunas mujeres fingirían más cuando sienten que el vínculo se debilita, como un modo de retener a la pareja.
La psicología del apego aporta otra capa. Se observó que las personas con apego ansioso tienden a fingir para sostener el ego del otro y no decepcionarlo, mientras que las de apego evitativo lo hacen sobre todo para acortar el encuentro.
El dato más inesperado es que no siempre se finge para el otro. Según Cooper, algunas mujeres lo hacen para aumentar su propia excitación: imitar los gestos y sonidos del clímax puede intensificar la experiencia. Un estudio con casi 1.000 mujeres jóvenes encontró que quienes fingían por ese motivo tenían una mayor consistencia orgásmica real. En cambio, quienes lo hacían por miedo o inseguridad alcanzaban el orgasmo con menos frecuencia.
Para entender por qué fingir es tan habitual hay que mirar el “orgasmo gap”. Un estudio de David Frederick, de la Universidad Chapman, con más de 52.000 estadounidenses, mostró que el 95% de los hombres heterosexuales dice llegar casi siempre al orgasmo en el sexo en pareja, frente al 65% de las mujeres heterosexuales. Las mujeres lesbianas reportaron un 86%, lo que sugiere que la diferencia no es biológica.
El estudio señaló que solo cerca del 35% de las mujeres heterosexuales suele alcanzar el orgasmo únicamente con penetración. El predictor más fuerte de orgasmo frecuente fue recibir sexo oral, seguido de la duración del encuentro. Entre las mujeres que combinaban estimulación genital, besos profundos y sexo oral, el 80% dijo llegar casi siempre.
Otro dato revela la desconexión: el 41% de los hombres heterosexuales creía que su pareja alcanzaba habitualmente el orgasmo, mientras que solo el 33% de las mujeres lo confirmaba.
Los investigadores coinciden en que el problema no es solo el hecho de fingir, sino lo que implica: si la pareja cree que todo funciona, no tiene motivos para cambiar. Fingir de forma sostenida puede perpetuar un guion que no satisface a la mujer y alimentar la insatisfacción en la relación.
La salida que proponen es la comunicación: hablar de lo que gusta, pedir lo que se desea y desacralizar el orgasmo como único objetivo. Como recuerdan los especialistas, un encuentro puede ser placentero sin llegar a él, y el verdadero cambio empieza cuando decir la verdad deja de ser incómodo.
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