¿Estamos solos?: científicos calculan cuántas civilizaciones hay en el Universo

Según la ecuación de Drake, la Vía Láctea podría albergar una civilización o 10.000. Todo depende de una variable.

La investigadora Leticia Carigi, del Instituto de Astronomía de la universidad mexicana, recurrió a la célebre ecuación de Drake para mostrar cómo cambia la respuesta según un dato que nadie conoce: cuánto puede durar una civilización tecnológica.

Es una de las preguntas más antiguas de la humanidad y sigue sin respuesta: ¿hay alguien más ahí afuera? Un artículo de divulgación de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) volvió a ponerla sobre la mesa y mostró hasta qué punto la respuesta depende de una sola variable.

La explicación estuvo a cargo de Leticia Carigi Delgado, investigadora del Instituto de Astronomía de la UNAM, especializada en astrobiología, evolución de poblaciones estelares y zonas habitables.

Según un estudio de Cornell de 2016, el contacto no debería esperarse antes de unos 1.500 años.

Una ecuación de 1961

La herramienta es la ecuación de Drake, formulada en 1961 por el astrónomo Frank Drake para estimar cuántas civilizaciones de la Vía Láctea serían capaces de emitir señales tecnológicas detectables desde otros rincones de la galaxia. Fue Carl Sagan quien la popularizó, convirtiéndola en un símbolo cultural a través de su serie Cosmos.

El resultado depende de siete variables: cuántas estrellas de tipo solar se forman cada año, qué fracción tiene planetas, cuántos de esos planetas están en la zona habitable, en cuántos surge vida básica, en cuántos esa vida evoluciona hacia la inteligencia, en cuántos desarrolla tecnología capaz de emitir señales y, finalmente, durante cuánto tiempo lo hace.

El número de planetas del universo es del orden de trillones, y muchos podrían estar en la zona de habitabilidad de su estrella.

La variable que lo decide todo

Esa última variable, conocida como L, es según Carigi “el punto más decisivo y a la vez el más desconocido”. Con ella, la investigadora planteó dos escenarios.

En el pesimista, una civilización tecnológica sería detectable durante apenas 10 años. El resultado sería cercano a una sola civilización en toda la Vía Láctea: la nuestra.

En el optimista, la duración promedio alcanzaría los 100.000 años y la estimación subiría a unas 10.000 civilizaciones. La propia UNAM aclara que se trata de una proyección matemática y no de una cifra confirmada por observaciones.

Hasta hoy no se ha detectado ninguna civilización extraterrestre, así que la ecuación no ofrece estadísticas en sentido clásico, sino escenarios.

La vida en la Tierra apareció hace unos 3.800 millones de años, en un planeta formado hace 4.600 millones.

¿Por qué hay motivos para el optimismo?

Los especialistas recuerdan que el número de planetas en el universo es inmenso, del orden de trillones, y que muchos podrían estar en la zona de habitabilidad de su estrella, donde puede existir agua líquida en la superficie. Además, se ha hallado vida microbiana en la Tierra a varios kilómetros de profundidad, y en el sistema solar hay lunas como Europa o Encélado, con océanos subterráneos bajo capas de hielo.

La vida en la Tierra apareció muy pronto: hace unos 3.800 millones de años, en un planeta que se formó hace 4.600 millones y que sufrió violentos bombardeos de meteoritos. Eso sugiere que el camino hacia la vida quizás no sea tan difícil. Y los extremófilos, organismos que resisten temperaturas, acidez o radiación extremas, muestran que la vida tiene recursos para expandirse.

La Vía Láctea tiene unos 100.000 años luz de extensión; las señales humanas apenas recorrieron una fracción mínima.

¿Por qué hay motivos para la cautela?

Una cosa es la vida y otra la civilización. Si existe vida en otros mundos, lo más probable es que sea microscópica: durante la mayor parte de la historia terrestre dominaron los microorganismos. La inteligencia no es el fin último de la evolución, sino una posibilidad entre muchas, por lo que una civilización tecnológica no es un desenlace garantizado.

A eso se suma la fragilidad. En pocas décadas, la humanidad alteró el clima, contaminó los océanos, debilitó la capa de ozono, provocó extinciones y desarrolló armas capaces de destruirla. Tal vez, en su intento por mejorar su calidad de vida, cualquier especie inteligente termine haciendo inhabitable su propio planeta.

La propia ecuación tiene límites: fue creada cuando aún no se habían confirmado planetas fuera del sistema solar y no contempla factores como las lunas habitables, la evolución de las zonas habitables o la colonización interestelar.

La paradoja de Fermi y el silencio del cosmos

Si el optimismo tuviera razón, tendríamos que dar la razón al físico Enrico Fermi, quien se preguntó: “¿Dónde están todos?”. Es la paradoja que lleva su nombre y que sigue sin resolverse.

Un estudio de la Universidad de Cornell de 2016 combinó la ecuación de Drake con el alcance de las señales de radio que emite la humanidad. Sus modelos sugieren que el contacto no debería esperarse antes de unos 1.500 años, porque nuestras transmisiones apenas han recorrido una fracción mínima de una galaxia de unos 100.000 años luz.

Mientras tanto, la búsqueda se amplía: además de las señales de radio, organizaciones como el SETI Institute exploran “tecnofirmas”, como emisiones artificiales, comunicaciones por láser o señales en frecuencias poco estudiadas.

Lo más valioso de la pregunta

Como concluye la propia UNAM, la investigación no confirmó la existencia de civilizaciones extraterrestres. Mostró, en cambio, cómo la duración de una civilización tecnológica puede modificar drásticamente el resultado. Quizás lo más valioso de esta búsqueda no sea solo descubrir si estamos solos, sino reflexionar sobre nuestra propia civilización: su fragilidad, su potencial y su lugar en el universo.

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