
El racismo en las redes sociales de México dejó de ser, en gran medida, un asunto de bromas y prejuicios de clase para convertirse en una herramienta de confrontación política y, más recientemente, en un discurso que vincula el color de piel con actos delictivos. Es la principal conclusión del informe “Racistómetro”, presentado este martes por organizaciones civiles, que analizó 14.153 menciones en la red social X (antes Twitter) entre enero de 2010 y diciembre de 2025.
El estudio, elaborado por la Fundación Interpreta, ubica esa evolución en un período marcado por “hitos políticos, mediáticos y culturales” que condicionan la forma en que circula el racismo en el país.
La analista de datos Catalina Rolle, de la fundación, explicó que el informe divide el período en tres etapas.
De 2010 a 2015 predominaron “el humor y la clase social” como detonantes del racismo.
De 2016 a 2020, el insulto racial se transformó en un arma política. En esos años, Andrés Manuel López Obrador fue elegido presidente, un triunfo que, según el informe, “polarizó” a la población. “El insulto racial se ha convertido en una herramienta de pelea política y aparecen términos como ‘chairo’ (afín a la izquierda) o ‘prietos rateros’ (personas de color ladronas)”, dijo Rolle. Subrayó que quienes escriben esos mensajes no los consideran racistas.
De 2021 a 2025, período marcado por el aumento de la violencia y la narcoviolencia, crecieron los comentarios que asocian el color de piel con delitos.
Rolle advirtió que el humor sigue funcionando como un “escudo”: “Gran parte del racismo circula como una broma”. El problema, dijo, aparece cuando un “chiste racista” termina convirtiéndose en una “referencia cultural”.
Para agrupar las menciones, el equipo creó seis categorías: colorismo y fenotipo; etnocentrismo e identidad indígena; afromexicanidad e invisibilización; clasismo racializado y urbanismo; blanquitud y discurso defensivo; y ámbito laboral y de servicio.
En la última etapa apareció por primera vez la categoría de “blanquitud y discurso defensivo”. El color de piel vuelve a ocupar un lugar en las menciones de las personas blancas, conocidas popularmente como “whitexican”, frente al discurso antirracista. Para Rolle, el hecho de que haya una reacción indica que ese discurso “ganó presencia pública, aunque no en una dirección beneficiosa para quienes sí viven el racismo”.
El director ejecutivo de la fundación, Tomás Lawrence, explicó que llevan una década analizando la xenofobia y el racismo en América Latina. “El blanco de estas expresiones va cambiando, pero el mecanismo comunicacional es el mismo: el nacionalismo, entendido como la pregunta ‘¿qué cabe en este espacio que somos nosotros y es nuestro?’”, dijo.
Ante el auge de la ultraderecha, la organización monitorea expresiones de odio en redes contra migrantes, mujeres, personas indígenas, integrantes de la comunidad LGTB+ y afrodescendientes. Las clasifica en cuatro niveles: estereotipo, insulto, deshumanización e incitación a la violencia.
Según Lawrence, las mujeres reciben mucha más hostilidad, pero casi todas las expresiones son insultos. En cambio, en alrededor de cuatro de cada diez mensajes contra personas migrantes no hay insulto, sino un intento de quitarles su condición humana al llamarlas “plaga” o “parásitos”.
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