
Las variantes de Shigella resistentes a varios antibióticos han aumentado en Estados Unidos, según datos de los CDC. Esta bacteria causa diarrea, en ocasiones con sangre, y puede transmitirse por sexo, además de propagarse mediante alimentos, agua o superficies contaminadas.
La infección, conocida como shigelosis, también puede adquirirse mediante alimentos, agua, manos u objetos contaminados. Por eso, el riesgo no se limita al contacto sexual ni a un grupo específico de personas.
El contagio ocurre cuando pequeñas cantidades de materia fecal que contienen la bacteria llegan a la boca. Durante la actividad sexual, esto puede suceder por contacto con la zona anal, las manos, la piel o juguetes sexuales contaminados.
Los CDC advierten que los hombres que tienen relaciones sexuales con hombres presentan mayor riesgo de adquirir variantes resistentes. Sin embargo, cualquier persona puede contraer la infección.
Una investigación difundida en julio de 2026 por la Universidad de Cambridge documentó la rápida propagación de Shigella por transmisión sexual en determinadas redes de hombres gais en Inglaterra. Sus resultados corresponden a ese contexto y no deben interpretarse como una medición de todos los contagios en Estados Unidos.
Un informe de los CDC analizó 16.788 muestras bacterianas con información sobre resistencia, recolectadas entre 2011 y octubre de 2023.
La proporción de muestras con resistencia extensa pasó de cero entre 2011 y 2015 al 8,5 % en 2023. Este porcentaje corresponde a las muestras analizadas por la red de vigilancia, no a una estimación directa de todas las infecciones del país.
Estas variantes, denominadas XDR, son resistentes a cinco antibióticos empleados para tratar la shigelosis: ampicilina, azitromicina, ceftriaxona, ciprofloxacino y trimetoprima-sulfametoxazol.
El hallazgo no significa que todas las infecciones por Shigella sean resistentes ni que todos los pacientes necesiten antibióticos. Sí representa una dificultad adicional cuando se requiere tratamiento.
La infección puede provocar diarrea, en ocasiones con sangre, fiebre, dolor abdominal y sensación de necesitar evacuar incluso cuando el intestino está vacío.
Los síntomas suelen comenzar uno o dos días después del contacto con la bacteria y generalmente duran entre cinco y siete días, aunque algunas personas presentan cuadros más prolongados.
Los CDC recomiendan consultar a un profesional de salud ante diarrea con sangre o persistente, fiebre, dolor abdominal intenso o signos de deshidratación.
Muchas personas se recuperan sin antibióticos, con líquidos y descanso. En casos graves, un profesional puede indicar tratamiento, teniendo en cuenta la posible resistencia de la bacteria.
Para reducir la transmisión sexual, los CDC aconsejan evitar las relaciones durante la enfermedad y esperar al menos dos semanas después de que termine la diarrea.
También recomiendan lavar las manos, los genitales y la zona anal con agua y jabón antes y después de la actividad sexual; limpiar los juguetes sexuales después de cada uso y utilizar preservativos u otras barreras de protección.
La higiene de manos y las precauciones con los alimentos y el agua siguen siendo fundamentales para prevenir otras vías de contagio.


