
El francés Henri B. Kagan y el japonés Kenso Soai ganaron este miércoles el Premio Nobel de Química por resolver un enigma que la ciencia arrastraba desde hace más de un siglo: por qué la vida utiliza solo una de las dos versiones posibles de ciertas moléculas. Sus descubrimientos transformaron la forma en que se fabrican medicamentos, productos agrícolas, aromas, perfumes y nuevos materiales.
La Real Academia Sueca de Ciencias premió «el descubrimiento de los efectos no lineales y la autocatálisis en la síntesis orgánica asimétrica», dos hallazgos que permiten a los químicos impulsar reacciones que producen una sola forma de una molécula.
«Henri Kagan y Kenso Soai han aportado una solución a un misterio de más de un siglo: cómo puede surgir espontáneamente la homoquiralidad. Las reacciones químicas que desarrollaron son espectaculares», afirmó Heiner Linke, presidente del Comité Nobel de Química.
Muchas moléculas, llamadas quirales, existen en dos versiones que son imágenes especulares una de la otra, como la mano derecha y la izquierda: tienen los mismos átomos, pero no se pueden superponer. Sus propiedades químicas y físicas son casi idénticas, aunque se distinguen por la forma en que desvían la luz polarizada. Sus efectos biológicos, en cambio, pueden ser muy diferentes.
Casi todos los aminoácidos, los componentes básicos de las proteínas, existen en esas dos variantes, pero los seres vivos usan casi exclusivamente una de ellas. Ese fenómeno se conoce como homoquiralidad, y explicar cómo surgió es una de las grandes preguntas sobre el origen de la vida.
Para la industria farmacéutica, la diferencia entre ambas versiones puede ser decisiva. El ejemplo más conocido es la talidomida, un fármaco recetado desde fines de la década de 1950 contra las náuseas del embarazo. Una de sus formas tiene efecto sedante, mientras que la otra se asoció con graves malformaciones en bebés. El medicamento fue retirado del mercado a principios de la década de 1960, tras causar miles de casos en todo el mundo.
Desde entonces, producir fármacos con la versión correcta de la molécula se volvió una prioridad, y los trabajos de los nuevos premios Nobel resultaron determinantes para lograrlo. «Sus descubrimientos han desempeñado un papel determinante para los químicos que conciben reacciones destinadas a la fabricación de productos farmacéuticos», señaló el comité.
La Academia recordó que el primero en advertir el fenómeno fue el francés Louis Pasteur, a mediados del siglo XIX. Trabajando con ácido tartárico, descubrió que algunas sustancias se presentan en dos formas especulares y, más tarde, que las bacterias fermentaban la variante presente en las uvas, pero no su reflejo. De allí nació la idea de que la química de la vida tiene una «mano» preferida.
En 1953, el físico británico Charles Frank propuso un modelo matemático que fijaba tres condiciones para que una reacción química pudiera generar una sola forma de una molécula: un catalizador quiral y una reacción asimétrica; que la formación de una versión se vea favorecida mientras se inhibe la otra, y que la reacción produzca su propio catalizador, un proceso llamado autocatálisis.
La primera condición fue resuelta por varios pioneros premiados con el Nobel en 2001 y en 2021. Las otras dos las completaron Kagan y Soai.
A principios de la década de 1980, Kagan trabajaba en la Universidad de París Sur. Entonces se creía que la pureza del catalizador se trasladaba de forma proporcional a la del producto. En 1986 demostró que no era así: describió reacciones con «efectos no lineales» que permitían obtener un exceso de una de las dos versiones mayor de lo que se consideraba posible.
Soai dio el paso siguiente. En 1995 presentó la primera reacción con potencial para volverse homoquiral, y años más tarde logró una en la que se formaba solo una de las dos imágenes especulares, «una hazaña que nadie, aparte de la propia vida, había logrado antes», según la Academia. La «reacción de Soai», considerada uno de los experimentos más elegantes de la química, impulsó nuevas investigaciones sobre los orígenes de la vida.
Para Kagan, de 95 años y profesor emérito de la Universidad de París-Saclay, el premio tiene sabor a reparación. Considerado uno de los padres de la síntesis asimétrica, quedó fuera del Nobel de Química de 2001, que reconoció trabajos en ese campo, lo que en su momento generó protestas en Francia. Hasta el anuncio, el comité no había logrado comunicarse con él. «¡Un gran orgullo para el país!», celebró el presidente francés, Emmanuel Macron.
Soai, nacido en Hiroshima en 1950 y profesor de la Universidad de Ciencias de Tokio, recibió la noticia mientras hacía las compras cerca de su casa. «Es el día más increíble de mi vida», dijo a la Fundación Nobel. «Creo que nuestro premio debería llevar a la gente a reconocer la importancia de la quiralidad de las moléculas».
Los galardonados compartirán 12 millones de coronas suecas, alrededor de 1,2 millones de dólares. El de Química es el tercer Nobel de la temporada, tras los de Medicina y Física. El jueves se conocerá el de Literatura; el viernes, el de la Paz, y el 12 de octubre, el de Economía.
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