
La libreta de abastecimiento en Cuba, con la que millones de personas compraron alimentos a precios subsidiados durante más de seis décadas, está a punto de desaparecer. Mientras los mercados de barrio sustituyen gradualmente a las bodegas, los habitantes de la isla enfrentan la pérdida de un acceso asequible a productos básicos.
“Es un cambio total de lo que siempre vivimos”, dice a la AFP Paula Sonia Santiago, de 64 años, frente a un mercado de barrio en La Habana.
Estos pequeños comercios despuntan en medio de la reforma económica que lleva a cabo el gobierno comunista bajo la presión del gobierno de Donald Trump. Sometida al embargo estadounidense, agravado con el bloqueo petrolero, Cuba se adentra en una economía de mercado después de décadas de modelo estatista.
Sin un aviso oficial, los cubanos asisten al deterioro de la red de bodegas donde, con una libreta, podían abastecerse de alimentos por los que pagaban una décima parte de su valor en el mercado.
“El cubano se siente mal, porque no estamos acostumbrados” a vivir sin ese sistema, se lamenta Santiago.
El sistema de las bodegas y de la libreta fue implantado por Fidel Castro en 1963, ante la escasez de alimentos que el gobierno comunista atribuyó al embargo que Washington acababa de imponer a la isla.
En la llamada época de las vacas gordas, un cubano, independientemente de sus ingresos, podía comer todo un mes con la canasta subsidiada.
Según datos oficiales, la libreta representó una carga de 1.000 millones de dólares anuales para el Estado cubano.
Incluso en los peores tiempos, logró garantizar “un mínimo” de alimentos, “sobre todo a los que tenemos poquito”, recuerda América Guillén, de 82 años.
Ahora, “los más pobres estamos pasando mucho trabajo”, añade la anciana, que recibe la pensión mínima de 3.000 pesos, equivalentes a cuatro dólares.
La pérdida de estos subsidios ocurre en una isla donde el 66 % de sus 9,4 millones de habitantes vive en situación de pobreza, según un estudio privado publicado recientemente.
El sistema de subvenciones comenzó a erosionarse durante la crisis de los años noventa, después de la caída del bloque soviético, principal aliado y sostén económico de Cuba.
El proceso se acentuó en 2008, cuando el entonces presidente Raúl Castro puso en marcha una política para eliminar “subsidios y gratuidades indebidas”. Algunos productos fueron saliendo gradualmente de la libreta.
Durante la presidencia de Miguel Díaz-Canel, en el poder desde 2018, la canasta subvencionada se ha reducido a la mínima expresión, a raíz del endurecimiento de las sanciones estadounidenses contra la isla.
“La libreta también está extinguida porque no recibimos nada”, comenta Guillén.
En los últimos meses, las bodegas solo han tenido a la venta algunas libras de arroz y azúcar. Esto ha obligado a los cubanos a comprar buena parte de sus alimentos a precios mucho más elevados en supermercados estatales que operan en dólares o en las pequeñas tiendas privadas autorizadas por el gobierno en 2021.
El gobierno de Díaz-Canel ha reiterado su intención de subvencionar a las personas vulnerables, en lugar de mantener un subsidio universal.
Hasta la fecha ha creado 24 mercados de barrio, donde se venden una veintena de productos básicos a precios entre un 10 % y un 15 % inferiores a los del sector privado.
Sin embargo, los clientes observan que los precios son muy similares a los de los comercios privados y cuestionan si resultan asequibles para la mayoría de la población.
“Si esto va a ser nuestra bodega, para el poder adquisitivo que tienen la mayoría de las personas, debe ser el costo más bajo”, opina Ivón de la Riva, una vendedora de café de 64 años.
Rafael García, de 75 años, que compró una decena de huevos en el mercado Doña Luisa, resume el sentimiento de los compradores:
“No es que esté más barato, es que está menos caro” que en otros mercados.
Con información de AFP


