
Iba a ser la primera mujer ejecutada en Tennessee en más de 200 años. Pero Christa Pike, de 50 años, sobrevivió este miércoles a dos dosis de pentobarbital administradas durante su ejecución, y los testigos la escucharon respirar y roncar durante casi una hora antes de ser obligados a abandonar la sala. Tras el fiasco, el gobernador Bill Lee anunció la suspensión temporal de las ejecuciones previstas para el resto de 2026 y ordenó una investigación.
«Este hecho es el peor que hemos visto y no se parece a ninguna otra ejecución fallida en la era moderna. No hay precedentes», declaró al diario The New York Times Robin Maher, directora del Centro de Información sobre la Pena de Muerte.
La jornada estuvo marcada por un ida y vuelta judicial. Horas antes de la hora prevista, el Tribunal de Apelaciones del Sexto Circuito suspendió la ejecución porque consideró que necesitaba más tiempo para analizar si las denuncias de abusos sexuales sufridos por Pike en su infancia habían sido evaluadas por completo cuando fue condenada.
La Fiscalía de Tennessee apeló, y la Corte Suprema de Estados Unidos levantó la suspensión sin explicar su decisión. Las tres juezas progresistas, Sonia Sotomayor, Elena Kagan y Ketanji Brown Jackson, votaron en contra. Sotomayor advirtió que la medida impedía de forma innecesaria que el tribunal inferior analizara el reclamo.
Con el camino despejado, la ejecución comenzó en la noche del miércoles en la Institución de Máxima Seguridad Riverbend, en Nashville.
Lo que siguió dejó atónitos a los siete periodistas que presenciaron el procedimiento. Pike permaneció despierta durante buena parte de la primera fase, habló con los funcionarios y cantó junto a su guía espiritual. En un momento levantó la cabeza y preguntó si su brazo debía sentirse de esa manera, y se quejó de dolor.
Tras la primera dosis, la cortina que separa a los testigos se cerró y volvió a abrirse minutos después: Pike seguía respirando. Entonces se administró una segunda dosis. Aun así, los testigos escucharon respiración, fuertes ronquidos y vieron movimientos de cabeza y cuello. Pike seguía «claramente viva» cuando los funcionarios penitenciarios hicieron salir a los periodistas.
«Parece que esto no salió como se suponía que debía salir», dijo John North, periodista de la cadena WBIR. «Cuando salimos del edificio, hasta donde sabíamos, probablemente seguía viva». Poco después, una ambulancia con las sirenas encendidas salió de la prisión.
Según la periodista Catherine Sweeney, de la emisora WPLN, el protocolo de Tennessee contempla una primera administración de pentobarbital y una segunda si la primera no surte efecto. Pero no especifica qué hacer si la persona sigue con vida después de ambas.
El Departamento de Corrección aseguró que «siguió cada paso del protocolo de ejecución legal y establecido por el estado» y confirmó que Pike fue trasladada a un centro médico fuera de la cárcel. Sus abogados denunciaron que no fueron informados de su estado de salud. «Esta noche, el estado de Tennessee una vez más falló en llevar a cabo una ejecución legal», señaló su equipo de defensa, que presentó recursos de emergencia alegando una «agonía innecesaria» y un castigo cruel e inusual, prohibido por la Constitución.
Todavía no se sabe si el fallo se debió al fármaco, al acceso intravenoso o a otro problema. Tennessee adoptó en 2024 el pentobarbital como único medicamento para sus inyecciones letales, en reemplazo del anterior protocolo de tres fármacos.
«Llevar a cabo las sentencias impuestas de forma legal está entre las responsabilidades más importantes del estado y el pueblo de Tennessee espera que se haga de manera no solo legal y constitucional, sino también efectiva», afirmó Lee en un comunicado, en el que pidió una revisión «exhaustiva» a cargo de terceros.
La suspensión alcanza a la próxima ejecución prevista en el estado, la de Gary Wayne Sutton, fijada para el 3 de diciembre.
No es el primer tropiezo. En mayo, Tennessee tuvo que cancelar la ejecución de Tony Carruthers después de que el personal intentara durante más de una hora, sin éxito, colocarle una vía intravenosa.
Pike fue condenada a muerte en 1996 por el asesinato de Colleen Slemmer, de 19 años, compañera suya en un centro de capacitación laboral de Knoxville. El crimen, cometido en enero de 1995 cuando Pike tenía 18 años, conmocionó al país por su brutalidad. Su novio, que entonces tenía 17, fue condenado a cadena perpetua.
Pike no niega el crimen. Sus abogados pidieron clemencia al argumentar que era muy joven, que sufría trastorno bipolar y estrés postraumático, diagnosticados después de su condena, y que fue víctima de abusos en su infancia. «Me llevó muchos años comprender la gravedad de lo que había hecho», dijo Pike. El gobernador rechazó intervenir, y un grupo de expertos de la ONU había pedido conmutar la pena.
Del otro lado, la madre de la víctima, May Martinez, viajó desde Florida para presenciar la ejecución. «Cada vez que pienso en ello, pienso en Colleen sintiendo ese dolor y tratando de levantarse y correr», dijo.
La condena a muerte sigue vigente, pero no hay una nueva fecha ni está claro cómo responderán las autoridades ante un escenario que, según los testigos, el protocolo no contemplaba.
En Estados Unidos solo 18 mujeres fueron ejecutadas desde 1976. La de Pike iba a ser la ejecución número 30 del año en el país.
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