
La salud de Kim Jong Un es uno de los secretos mejor guardados del mundo, y también uno de los más vigilados. Este miércoles, el Servicio Nacional de Inteligencia (NIS) de Corea del Sur ofreció una nueva pista: según sus últimas evaluaciones, el líder norcoreano está «extremadamente obeso» y pesa más de 140 kilos.
El informe fue presentado a puertas cerradas ante el Comité de Inteligencia de la Asamblea Nacional surcoreana y dado a conocer por los legisladores que participaron en la sesión.
«La condición de salud (de Kim) es clasificada como ‘extremadamente obeso’, con más de 140 kilos de peso», dijo el diputado Youn Kun-young, del oficialista Partido Democrático, citando el informe del servicio de espionaje.
Según la evaluación, el dirigente, de 42 años, pertenece a un grupo de «riesgo elevado de enfermedad cardiovascular». Sin embargo, no muestra dificultades para realizar actividades físicas: los analistas lo observaron incluso subiendo escaleras a paso rápido durante una inspección.
«La evaluación es que no hay señales de problemas de salud, dado que es monitoreado de cerca por (su) equipo médico particular», explicó Youn.
El NIS también destacó que Kim realizó 121 apariciones públicas en lo que va del año, un 30 % más que en el mismo período del anterior.
La salud de Kim, un fumador empedernido que arrastra problemas de peso desde hace años, se sigue de cerca en todo el mundo por una razón de peso: su muerte repentina abriría un enorme interrogante sobre la sucesión y la estabilidad de un país que posee armas nucleares.
Los antecedentes familiares no ayudan. Su padre, Kim Jong Il, y su abuelo, Kim Il Sung, fundador de Corea del Norte, también eran obesos y fumadores. Ambos murieron de ataques cardíacos.
La especulación sobre su estado alcanzó su punto máximo en 2020, cuando Kim no asistió a la conmemoración del cumpleaños de su abuelo, la fecha más importante del calendario político norcoreano, y desapareció de la vida pública durante unos 20 días. Entonces circularon rumores de que estaba gravemente enfermo tras una cirugía, que finalmente se desvanecieron cuando volvió a aparecer en público.
El peso del líder contrasta con la situación de su país, sometido a sanciones internacionales por sus programas armamentistas y cuya población sufre graves carencias alimentarias.
Paul Smart, chef del hotel Metropole de Hanói, que trabajó junto a los cocineros personales de Kim durante su cumbre con Donald Trump en Vietnam en 2019, contó que el dirigente tiene predilección por las carnes selectas y los alimentos de lujo. «Le gusta el caviar, la langosta, productos muy lujosos como el foie gras», relató.
La otra gran revelación del informe tiene que ver con el futuro. Según el NIS, la hija de Kim, Kim Ju Ae, está «consolidando su posición» como heredera designada.
La joven, que según la inteligencia surcoreana mide más de 1,60 metros, realizó 30 apariciones públicas este año, la cifra más alta hasta ahora. Además, amplió su presencia más allá de los actos militares hacia asuntos políticos, diplomáticos y de la vida cotidiana, y busca proyectar una imagen más madura con trajes formales y zapatos de vestir.
Para los analistas, el creciente protagonismo de Ju Ae es una señal de que el régimen se prepara para una eventual transición, en caso de que la salud de su líder falle.
El NIS también señaló que Kim se ha abstenido en los últimos meses de ensayos de armas y maniobras militares, en un contexto en el que Pionyang explora un posible diálogo con Estados Unidos.
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