
Durante días, los pronósticos aseguraron que Polo pasaría de largo frente a las costas mexicanas. Pero el huracán cambió de trayectoria y este lunes tocará tierra en Baja California Sur, donde las autoridades anticipan lluvias torrenciales, olas de hasta seis metros y daños severos. En su camino se encuentran pequeños pueblos pesqueros como Puerto San Carlos, que aún recuerda cómo un huracán arrasó con buena parte de sus casas en 2009.
Según el reporte de la madrugada de la Comisión Nacional del Agua (Conagua), Polo se ubicaba a unos 200 kilómetros al suroeste de Cabo San Lázaro, con vientos máximos sostenidos de 185 km/h, rachas de 220 km/h y un desplazamiento hacia el nor-noreste a 17 km/h. El ojo del huracán está bien definido, con bandas de lluvia intensa distribuidas alrededor de su centro.
Los pronósticos prevén que toque tierra en la tarde de este lunes en la costa del Pacífico de Baja California Sur, en la zona entre Puerto San Carlos y Puerto San Andresito. Algunos modelos anticipan que llegue todavía como categoría 3, mientras que otros prevén que se debilite a categoría 2 antes del impacto. Luego cruzará la península durante la noche y el martes alcanzará el noroeste del país, en Sonora, ya como tormenta tropical.
Conagua amplió las zonas de prevención por vientos de huracán a lo largo de buena parte de la península, desde Punta Abreojos hasta Santa Fe y desde Loreto hasta San Juan Bautista, y también en la costa de Sonora, entre Bahía de Kino y Huatabampito.
«Con categoría 3, pueden ser daños devastadores», advirtió a la AFP Fabián Vázquez, jefe del Servicio Meteorológico Nacional. Entre los efectos posibles enumeró la caída de árboles, la destrucción de casas de madera o con techos de lámina, cortes de carreteras, fallas en el suministro eléctrico e inundaciones por mar de fondo o por las lluvias.
«Es muy importante que la población se mantenga muy alejada de la costa y que evite de cualquier manera ir a zonas donde pudiera estar en riesgo», insistió.
Los efectos ya se sienten en el estado. Los vientos sostenidos alcanzan entre 50 y 60 km/h, con rachas de hasta 80 km/h, y el oleaje llega a entre cuatro y seis metros de altura.
En Puerto San Carlos, un puerto pesquero de casi 6.000 habitantes que también vive del avistamiento de ballenas y la pesca deportiva, apenas un puñado de casas y comercios tenían tablones de madera para proteger puertas y ventanas en la víspera.
«Esperemos que no llegue tan fuerte», dijo Marta Maldonado, una mesera de 62 años que trabaja en un restaurante frente al mar, todavía sin protección. «Mañana seguro le ponen palos», agregó. Las autoridades advierten que para entonces podría ser demasiado tarde.
El temor tiene fundamento: en 2009, un poderoso huracán destruyó el 75 % de las viviendas del pueblo, muchas de ellas de madera.
Las autoridades municipales reforzaron las barreras de contención que bordean el pueblo y prevén evacuaciones. En Baja California Sur hay unos 169 refugios habilitados, las fuerzas militares desplegaron casi 7.000 efectivos y se suspendieron las clases y el trabajo presencial de los empleados públicos. La Secretaría de Marina activó además su plan preventivo, con buques, embarcaciones, vehículos y drones en las zonas de posible impacto.
Mientras Polo se acerca a la península, los meteorólogos vigilan a Rachel, una tormenta tropical que avanza frente a las costas de Guerrero y Oaxaca con vientos de 65 km/h y podría convertirse en huracán en los próximos días. Por ahora dejará lluvias intensas en ambos estados, pero según Vázquez podría acercarse a Baja California Sur hacia el fin de semana.
La temporada de huracanes en México, que va de mayo a noviembre, se perfila especialmente intensa en el Pacífico por el fenómeno de El Niño, que calienta las aguas y favorece la formación de ciclones.
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