
Cansancio que no se va, pesadillas que se repiten, una racha de mala suerte que parece no tener fin. Para millones de personas en América Latina, cuando todo empieza a salir mal al mismo tiempo, la sospecha aparece casi sola: «Me hicieron un trabajo». La creencia en la brujería, el mal de ojo y los maleficios atraviesa siglos y culturas, y sigue muy viva en la región, entre curanderos, abuelas, limpias y consultas por redes sociales.
¿Cuáles son las señales que, según la tradición popular, delatan un «trabajo» de brujería? ¿Y qué dicen los especialistas en salud sobre esos mismos síntomas? Aquí, un repaso completo.
Quienes practican o creen en la brujería suelen coincidir en una lista de síntomas físicos y emocionales que, aseguran, aparecen de forma repentina y sin explicación lógica:
El sueño ocupa un lugar central en estas creencias. Las pesadillas recurrentes, los sueños con animales aterradores o figuras oscuras y, sobre todo, despertar siempre a la misma hora de la madrugada son, para muchos, señales inequívocas. Según la tradición, ese horario coincidiría con el momento en que se realiza el ritual.
La brujería, dicen los creyentes, no solo afecta a la persona, sino también a lo que la rodea:
Dos métodos se repiten de generación en generación para «confirmar» un trabajo. El más conocido es la prueba del huevo: se pasa un huevo fresco por todo el cuerpo, de la cabeza a los pies, y luego se rompe en un vaso con agua. Si el agua se enturbia, aparecen muchas burbujas o la yema forma figuras extrañas, la tradición lo interpreta como presencia de energía negativa.
La otra es la prueba de los fósforos: se frotan dos cerillos por el cuerpo y se dejan caer en un vaso con agua. Si forman una cruz, se cree que hay un trabajo de brujería detrás.
Las prácticas populares para cortar un maleficio son tan variadas como las culturas que las sostienen. Entre las más difundidas están las limpias con huevo o con ramas de ruda, albahaca y romero; los baños con sal gruesa; los sahumerios con incienso, copal o palo santo; y la limpieza profunda del hogar, abriendo puertas y ventanas para «renovar la energía». Para los creyentes, la oración y la fe según cada religión son también una forma de protección.
Hay un detalle que no puede pasarse por alto: casi todos los síntomas que la tradición atribuye a la brujería coinciden con señales de problemas de salud reales. El cansancio persistente puede deberse a anemia, problemas de tiroides o falta de sueño; los dolores de cabeza y estomacales tienen múltiples causas médicas; y la tristeza, la ansiedad, el aislamiento o el insomnio pueden ser síntomas de estrés, ansiedad o depresión que requieren atención profesional. Escuchar voces o ver sombras también es un motivo para consultar de inmediato a un médico.
La psicología ofrece además otras explicaciones. El «efecto nocebo» hace que quien cree estar embrujado empiece a sentirse peor por la propia sugestión, y el sesgo de confirmación lleva a notar solo aquello que encaja con la sospecha: cada tropiezo o cada gasto imprevisto parece una prueba más.
Por eso, la recomendación es clara: ante síntomas físicos o emocionales persistentes, lo primero es consultar a un médico o a un psicólogo. La fe y las tradiciones pueden acompañar, pero no reemplazan un diagnóstico.
La otra gran advertencia tiene que ver con el bolsillo. Detrás del miedo a la brujería prospera un negocio de supuestos brujos, videntes y «sanadores» que ofrecen deshacer trabajos a cambio de sumas cada vez más altas. Desconfía de quien asegure que estás embrujado sin conocerte, te pida dinero urgente o te exija pagos adicionales porque «el trabajo es más fuerte de lo que parecía». Es uno de los engaños más repetidos en la región.
Más información:



