
El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, anunció que el gigantesco arco que planea construir junto al Cementerio de Arlington no será solo un monumento: funcionará también como una base militar equipada con drones, francotiradores y depósitos de munición. El anuncio profundiza una polémica que ya incluye una demanda judicial y más de 100.000 objeciones ciudadanas.
«A petición expresa de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, y por motivos de seguridad nacional, he accedido a transformar el magnífico Arco del Triunfo en un complejo militar y arco del triunfo de primer nivel», escribió Trump el domingo en su red Truth Social. Según detalló, la estructura «permitirá albergar, almacenar y desplegar rápidamente un gran número de drones y francotiradores, tanto en la cubierta como en la plaza», además de contar con capacidad para guardar grandes cantidades de munición.
Conocido informalmente como «Independence Arch», el proyecto se levantará junto al río Potomac, en Memorial Circle, entre el puente Arlington Memorial y el Cementerio Nacional de Arlington. Tendrá unos 76 metros de altura: más del doble que el Lincoln Memorial, que mide apenas 30 metros, y solo superado en la ciudad por la cúpula del Capitolio, de 88 metros. Su diseño se inspira en el Arco del Triunfo de París, aunque a una escala considerablemente mayor.
El costo de la obra podría rondar los 100 millones de dólares, según fuentes citadas por medios estadounidenses, aunque la Casa Blanca no confirmó una cifra oficial ni explicó cómo se financiará. Trump sugirió que parte de los fondos sobrantes de la construcción del nuevo salón de baile de la Casa Blanca podrían destinarse a esta obra.
El mandatario no ocultó su entusiasmo por el proyecto. «No existirá ninguna instalación igual en todo el mundo», escribió, y agregó: «De entre las 59 principales ciudades y capitales, Washington D. C. es la única que no cuenta con un arco del triunfo; ¡pero ahora tendrá uno que será, con diferencia, el más grandioso de todos!».
El secretario del Interior, Doug Burgum, había anunciado a comienzos de septiembre que las obras de excavación comenzarían «en las próximas dos semanas», después de más de 125 años de espera para un proyecto de este tipo en la capital. Sin embargo, las autorizaciones finales de la Comisión de Planificación de la Capital Nacional y otras agencias federales todavía estaban pendientes.
El plan ya llegó a la Justicia. Veteranos de la guerra de Vietnam e historiadores presentaron una demanda en la que sostienen que la construcción «profanaría el terreno sagrado» del Cementerio de Arlington y cuestionan que el presidente no tenga autoridad del Congreso para avanzar con una obra de esta magnitud en la capital. La jueza federal Tanya Chutkin ordenó que se avise con 48 horas de anticipación antes de cualquier excavación o demolición en Memorial Circle, y advirtió que avanzar sin la autorización final del Servicio de Parques Nacionales violaría esa orden judicial.
Durante el período de consulta pública, el Servicio de Parques Nacionales recibió más de 100.000 comentarios ciudadanos sobre el proyecto. Buena parte de las críticas apunta al tamaño de la estructura, que obstruiría las líneas visuales entre el Lincoln Memorial —uno de los símbolos más reconocibles de Washington— y el cementerio donde descansan cientos de miles de militares estadounidenses. También se cuestionan los eventuales problemas de tránsito y seguridad que generaría un complejo de estas características en pleno eje monumental de la ciudad.
El arco se suma a una serie de intervenciones que Trump impulsa en Washington desde su regreso al poder en enero de 2025, varias de las cuales terminaron en los tribunales. Entre ellas se destaca el costoso salón de baile que se construye en la Casa Blanca —para el que se demolió un ala completa de la residencia presidencial— con un costo estimado de 250 millones de dólares, y la renovación del Reflecting Pool, el gran estanque rectangular de la Explanada Nacional.
También intentó, por un tiempo, colocar su nombre en las paredes del Kennedy Center, el centro cultural que honra la memoria del expresidente John F. Kennedy, hasta que un juez revirtió la decisión. Ese fallo llevó a la junta directiva de la institución, integrada por personas designadas por el propio Trump, a votar el cierre inmediato del centro.
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