
Los océanos acumulan este jueves 100 días consecutivos de calor sin precedentes, un fenómeno impulsado principalmente por el cambio climático y que, según los científicos, ya provoca «consecuencias desastrosas» para los ecosistemas marinos y «importantes impactos» en la economía global. Varios especialistas que monitorean la temperatura de la superficie del mar a nivel mundial coincidieron en un encuentro reciente en que la situación debería preocupar mucho más allá del ámbito ambiental.
«El calor prolongado en los océanos no es solo un problema ambiental», advirtió Tom Pickerell, director global del Programa Oceánico del World Resources Institute (WRI). Según explicó, «cien días de calor prolongado y récord significan un estrés continuo sobre la infraestructura natural que sustenta los alimentos, el empleo, el comercio, el turismo y también los sistemas energéticos». Para el especialista, este fenómeno «debería preocupar a todos los ministros de Finanzas del mundo».
El calor alcanzó niveles nunca antes registrados a escala planetaria durante agosto, cuando la temperatura media de los océanos, sin contar las regiones polares, se ubicó en 21,07 grados centígrados, igualando el récord de marzo de 2024. El verano boreal de 2026, entre junio y agosto, fue además el más cálido desde 1993.
Según los datos analizados, en la última década se sumaron al océano unos 104 zettajulios de energía, una cifra equivalente a 1.700 millones de bombas atómicas. El planeta absorbió el 93% del exceso de calor generado en la Tierra en ese período, aunque los científicos advierten que ese «colchón de seguridad» se está debilitando, ya que los océanos absorben cada vez menos dióxido de carbono mientras las temperaturas continúan subiendo de forma acelerada.
«El motor de este calor récord es el cambio climático; es la tendencia de largo plazo», explicó el climatólogo Zachary Labe, del centro de investigación Climate Central. El especialista precisó que el fenómeno de El Niño, particularmente intenso en su episodio actual, se suma al calentamiento provocado por la actividad humana, pero no es su única causa: regiones como el mar Mediterráneo y el golfo de México también atraviesan condiciones de calor extremo que no dependen exclusivamente de ese ciclo natural.
Las olas de calor marino son hoy diez veces más intensas y duran tres veces más que en el pasado, según los datos disponibles. La mitad de los episodios registrados desde el año 2000 no habrían ocurrido sin el calentamiento global provocado por la quema de combustibles fósiles.
Las consecuencias del fenómeno ya son visibles en distintas industrias. La disminución de las poblaciones de sardina en aguas más cálidas frente a Marruecos derivó en una prohibición de exportaciones y escasez en el mercado europeo. En Francia, la proliferación de medusas provocada por el calentamiento marino obligó este verano a detener el funcionamiento de reactores nucleares. También se registran turistas que renuncian a visitar arrecifes de coral degradados por el fenómeno.
«Las olas marinas de calor pueden llevar al cierre de zonas de pesca debido a enfermedades, mortalidad de especies o simplemente porque los peces se desplazan hacia áreas más frías del océano. Esto puede costar millones o incluso miles de millones de dólares a las comunidades afectadas, además de repercutir en los precios de los alimentos», explicó Kathryn Smith, de la Asociación Británica de Biología Marina.
La región de América Latina y el Caribe también siente el impacto. En Chile, la erosión costera se convirtió en un problema económico para la industria turística, con proyecciones de pérdidas de hasta 60 millones de dólares al año hacia fin de siglo por el deterioro de sus playas. En Perú, el fenómeno de El Niño Costero provocó en mayo de 2026 una caída del 73% interanual en el sector pesquero, la peor cifra registrada en seis años, y una baja del 42% en la manufactura vinculada a la actividad pesquera.
El calentamiento oceánico también intensifica el blanqueamiento de corales, ecosistemas fundamentales por su capacidad de absorber carbono. «Incluso un aumento de un grado en la temperatura del mar puede tener efectos significativos sobre la vida marina», alertó Claire Bergin, investigadora del centro de investigación climática ICARUS, de la Universidad de Maynooth, en Irlanda. Según explicó, las temperaturas extremas provocan episodios de mortalidad masiva en especies que forman hábitats esenciales, como corales, esponjas y macroalgas.
Los especialistas también vinculan el calentamiento de los océanos con fenómenos meteorológicos extremos, como ciclones tropicales, huracanes y lluvias torrenciales, además de la expansión térmica del agua, que contribuye al aumento del nivel del mar y amenaza a naciones insulares particularmente vulnerables en el Pacífico y el Índico.
Para los expertos, las alternativas frente a este escenario son limitadas. «En tierra siempre podemos instalar aire acondicionado para refrescarnos. Pero la adaptación de los océanos y de la vida marina no es tan sencilla y sigue siendo muy limitada», señaló Bergin, quien insistió en que «una transición rápida para abandonar los combustibles fósiles es esencial para preservar ecosistemas fundamentales, la pesca, la producción de alimentos y el turismo».
El tema será uno de los ejes centrales de la próxima cumbre climática de las Naciones Unidas, la COP31, que se realizará en noviembre en la ciudad de Antalya, bajo la presidencia conjunta de Turquía y Australia.
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