
Kiev amaneció este martes bajo el estruendo de explosiones y el resplandor de incendios después de que Rusia retomara sus bombardeos sobre la capital ucraniana, apenas horas después de que venciera una tregua de 72 horas. El cese temporal de hostilidades había sido pactado durante una visita sin precedentes de los enviados del presidente estadounidense Donald Trump a Moscú y Kiev, en un intento por reactivar el estancado proceso de paz.
El ataque combinó misiles balísticos, de crucero y una oleada de drones. Según un balance preliminar de la administración militar de Kiev, murieron al menos dos personas y otras siete a diez resultaron heridas, cifra que las autoridades locales advirtieron podía variar a medida que avanzaban las tareas de rescate.
El alcalde de Kiev, Vitali Klitschko, informó que un edificio residencial de cinco plantas sufrió daños estructurales en el distrito de Solomianskyi, con personas atrapadas entre los escombros, mientras que en el distrito de Podilskyi varios vehículos quedaron reducidos a chatarra por las llamas. También se reportaron daños en una institución educativa.
Testigos y periodistas en el terreno describieron un despliegue intenso de la defensa antiaérea ucraniana durante la madrugada, mientras las autoridades pedían a la población dirigirse a los refugios. La alerta se mantuvo activa varias horas antes de ser levantada. Como medida preventiva, Polonia puso en alerta a su fuerza aérea y desplegó aviones militares para resguardar su espacio aéreo.
El Ministerio de Defensa ruso, por su parte, sostuvo que el ataque tuvo como blanco instalaciones del complejo militar-industrial ucraniano, centros logísticos y depósitos vinculados a la producción de drones de largo y medio alcance en Kiev y su región. Entre los objetivos mencionados figuraron plantas dedicadas a la fabricación de componentes para drones y ojivas de misiles, además de una base aérea, un depósito de combustible y un centro de inteligencia electrónica. Rusia también reportó ataques contra infraestructura portuaria en Odesa, incluyendo un barco de carga y una subestación eléctrica que abastece a los puertos ucranianos del mar Negro.
El canciller ucraniano, Andrii Sibiga, calificó la ofensiva como un acto de «terrorismo sin sentido» y remarcó que se produjo apenas los enviados estadounidenses abandonaron la región. Según el funcionario, los misiles del presidente ruso Vladimir Putin «hablan más fuerte» que sus declaraciones sobre diplomacia.
La visita de Steve Witkoff y Jared Kushner, yerno de Trump, incluyó un encuentro con Putin en Moscú el sábado y una reunión con autoridades ucranianas en Kiev el domingo, en la que también participaron representantes de Francia, Reino Unido y Alemania. Witkoff había descrito los encuentros como un «progreso sustancial» hacia la posibilidad de retomar negociaciones trilaterales entre Estados Unidos, Rusia y Ucrania.
El presidente ucraniano, Volodimir Zelenski, volvió a plantear la posibilidad de un acuerdo parcial que ponga fin a los ataques mutuos contra infraestructuras energéticas y de exportación agrícola, una propuesta que Rusia ha rechazado en ocasiones anteriores. Zelenski señaló que se trata de un tema sensible no solo para Ucrania y Rusia, sino también para países que dependen de esas exportaciones, como India, Egipto y varias naciones de Medio Oriente y Asia.
El mandatario ucraniano afirmó además que, según le transmitieron los enviados estadounidenses, Putin estaría dispuesto a negociar una «desescalada» durante el invierno, aunque advirtió que Moscú podría intentar aprovechar la estación fría para aumentar la presión militar sobre Ucrania.
El portavoz del Kremlin, Dmitry Peskov, dijo que no se descarta la posibilidad de una reunión trilateral, aunque aclaró que aún es prematuro definir fecha y lugar. Zelenski, por su parte, mencionó a Emiratos Árabes Unidos, Turquía y Suiza como posibles sedes para un futuro encuentro, y expresó su expectativa de reunirse con Trump antes de que termine septiembre.
Pese a los gestos diplomáticos de ambas partes, las posiciones de fondo —especialmente en torno al estatus de los territorios del este de Ucrania reclamados por Rusia— continúan sin acercarse, mientras la guerra suma un nuevo capítulo de violencia tras el breve paréntesis negociador.
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