
La magnitud de la tragedia que golpeó al Himalaya continúa creciendo. Seis días después del gigantesco deslave provocado por el derrumbe de un glaciar y posteriores riadas, el número provisional de muertos en Nepal y la región china del Tíbet superó el millar, mientras miles de personas permanecen desaparecidas.
Las autoridades de ambos países contabilizan hasta el momento 1.003 fallecidos: 987 en Nepal y 16 en China. Pero la cifra podría aumentar considerablemente, ya que todavía hay 4.462 personas cuyo paradero se desconoce, entre ellas trabajadores, turistas, peregrinos y ciudadanos extranjeros.
Las condiciones del terreno complican las tareas de búsqueda. Carreteras, puentes y caminos quedaron destruidos por la fuerza del agua y toneladas de barro, piedras y escombros sepultaron poblaciones enteras.
En Nepal, los equipos de emergencia concentran parte de sus esfuerzos en varios túneles donde podrían haberse refugiado alrededor de un centenar de trabajadores que participaban en proyectos hidroeléctricos y obras de represas.
Con excavadoras, equipos de perforación y explosivos, los rescatistas lograron abrir algunos accesos, aunque hasta ahora las operaciones permitieron recuperar principalmente cadáveres. La posibilidad de encontrar supervivientes disminuye con el paso de las horas, pero las autoridades aseguran que la búsqueda continúa.
En el distrito de Nuwakot, algunas localidades permanecen prácticamente sepultadas. En Devighat, viviendas enteras quedaron cubiertas por varios metros de barro, piedras y restos arrastrados por las corrientes.
En algunos sectores, los cuerpos todavía permanecen dentro de las casas destruidas debido al riesgo de nuevos desprendimientos y a la imposibilidad de introducir maquinaria pesada.
La destrucción de las vías de comunicación obligó a los equipos de emergencia a recurrir a tecnología aérea para llegar a lugares donde los vehículos ya no pueden circular.
En Devighat, drones de carga son utilizados para transportar cadáveres desde zonas aisladas hasta puntos donde pueden continuar su traslado por tierra hacia las morgues. Las aeronaves también llevan alimentos, medicamentos y otros suministros a comunidades incomunicadas.
Los equipos utilizan drones capaces de transportar decenas de kilogramos, además de aparatos equipados con cámaras para localizar cuerpos en las riberas de los ríos.
También se emplean cámaras térmicas y sistemas basados en tecnología LiDAR para analizar el terreno, localizar posibles víctimas y evaluar los daños desde el aire.
La Asociación de Drones de Nepal movilizó a más de 50 pilotos y especialistas en mapeo y análisis de datos hacia las zonas más afectadas, entre ellas Rasuwa, Nuwakot y Dhading.
El último balance sitúa en 3.916 los desaparecidos en Nepal y 546 en el Tíbet. Entre ellos hay cientos de extranjeros procedentes de decenas de países.
En Nepal, 583 personas desaparecidas son extranjeras y proceden de más de 30 países. En China, otras 261 personas de 23 nacionalidades figuran entre los desaparecidos.
Una de las mayores preocupaciones se concentra en las obras hidroeléctricas: 639 trabajadores vinculados con centrales y represas permanecen desaparecidos en Nepal.
En Katmandú, familiares desesperados buscan información en hospitales y centros de emergencia. Algunos han colocado fotografías de sus seres queridos en muros destinados a facilitar la identificación de las víctimas.
Las autoridades, además, enfrentan una situación sanitaria crítica. Con las morgues desbordadas, Nepal autorizó el entierro de algunas víctimas antes de completar su identificación formal debido al riesgo sanitario.
La dimensión geográfica del desastre también comenzó a hacerse evidente aguas abajo. En el estado indio de Uttar Pradesh, las autoridades informaron de la recuperación de 17 cadáveres que fueron arrastrados por las corrientes desde la zona afectada.
Los cuerpos permanecen bajo procesos de identificación para determinar su procedencia y establecer si corresponden a alguna de las personas reportadas como desaparecidas en Nepal.
Mientras tanto, en el lado chino también continúan las operaciones. Más de 2.000 rescatistas trabajan para localizar víctimas y restablecer las comunicaciones en las zonas devastadas, incluida la carretera que conduce al puesto fronterizo de Gyirong, entre China y Nepal.
El desastre dejó comunidades aisladas y una infraestructura básica prácticamente destruida en amplias zonas montañosas. Para los equipos de emergencia, encontrar a una víctima es apenas el comienzo de otra compleja operación: extraerla, trasladarla y conseguir identificarla.
Las autoridades de Nepal y China todavía no han cerrado el balance definitivo. Con miles de desaparecidos y grandes extensiones de terreno que continúan siendo difíciles de explorar, la cifra de víctimas podría seguir aumentando durante los próximos días.
La tragedia también generó una disputa política. Activistas tibetanos acusaron a Pekín de minimizar deliberadamente el impacto del desastre en el Tíbet, una acusación que el Gobierno chino rechazó y calificó de campaña de difamación y sensacionalismo.
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