
La magnitud de la tragedia provocada por una gigantesca inundación en Nepal y la región del Tíbet, en China, continuó aumentando este lunes, mientras los equipos de emergencia trabajan contra el tiempo para encontrar posibles supervivientes.
Los últimos balances oficiales contabilizan 919 personas fallecidas, 903 en Nepal y 16 en territorio tibetano. Al mismo tiempo, las autoridades mantienen sin localizar a miles de personas: 4.247 en Nepal y 546 en China.
La catástrofe ocurrió el miércoles después del colapso de un glaciar que desencadenó una enorme crecida de agua y escombros. El torrente descendió por el valle del río Trishuli con una fuerza que arrasó caminos, viviendas, instalaciones hidroeléctricas y sectores enteros de comunidades.
Seis días después, las tareas de rescate continúan en condiciones extremadamente peligrosas. Militares, policías, guías y especialistas extranjeros excavan entre enormes cantidades de barro, rocas y escombros en busca de personas que podrían haber sobrevivido.
En el valle del río Trishuli, más de 2.500 edificios fueron destruidos, según una estimación basada en imágenes satelitales analizadas por el observatorio europeo Copernicus.
Las carreteras que comunicaban diferentes sectores fueron arrasadas, dificultando la llegada de maquinaria y equipos de emergencia.
Las imágenes de la zona muestran un paisaje transformado por el agua y el barro, con puentes destruidos, caminos desaparecidos y estructuras parcialmente sepultadas.
En medio de la devastación, los equipos lograron algunos rescates. Uno de los casos más sorprendentes fue el de una niña de seis años encontrada bajo los escombros, con apenas la cabeza visible. La menor fue trasladada a un centro médico y se encuentra fuera de peligro.
Uno de los operativos más dramáticos se desarrolla en las instalaciones de la central hidroeléctrica Upper Trishuli-3A.
Los rescatistas creen que decenas de trabajadores podrían haber quedado atrapados en una zona subterránea, pero el túnel está completamente inundado y una enorme acumulación de rocas, tierra y lodo bloquea el acceso.
El domingo, los militares consiguieron abrir un pequeño hueco de apenas 60 por 90 centímetros. Varios efectivos descendieron sujetos por cuerdas y gritaron hacia el interior.
Nadie respondió.
Una nueva voladura permitió avanzar durante la madrugada, pero los equipos todavía no lograron alcanzar el punto donde creen que se encontraban los trabajadores cuando la inundación destruyó parte de las instalaciones.
El problema es que, además del agua, deben retirar una enorme masa de sedimentos y piedras. Para hacerlo necesitan maquinaria pesada que no puede ser trasladada fácilmente hasta el lugar porque las carreteras fueron destruidas.
Los especialistas enfrentan ahora una carrera contra el tiempo. Después de cinco días sin establecer contacto con los trabajadores que podrían encontrarse dentro del túnel, las posibilidades de hallar supervivientes se reducen, aunque los equipos todavía desconocen si existen sectores secos, espacios elevados o bolsas de aire donde alguien haya podido refugiarse.
La operación comenzó el viernes y desde entonces los rescatistas perforaron conductos para introducir aire, excavaron accesos alternativos y buscaron diferentes vías para llegar a las instalaciones subterráneas.
La complejidad del terreno llevó a Nepal a solicitar apoyo especializado de otros países. Once rescatistas de India, nueve especialistas chinos y personal de Corea del Sur participan en distintas operaciones de emergencia.
Sin embargo, la cifra de personas desaparecidas en instalaciones hidroeléctricas no significa necesariamente que todas estén atrapadas bajo tierra. Algunas podrían haber sido arrastradas por las aguas o encontrarse en otras zonas de difícil acceso.
Mientras los equipos trabajan en las zonas devastadas, cientos de familiares recorren hospitales y centros de emergencia en busca de información.
En Bharatpur, al sur de Nepal, las autoridades enfrentan además una situación particularmente difícil: alrededor de 250 cuerpos fueron arrastrados por las aguas a más de 100 kilómetros del lugar donde comenzó el desastre.
La morgue quedó desbordada y las autoridades comenzaron a realizar entierros provisionales después de tomar muestras de ADN, incluso antes de completar la identificación de algunas víctimas.
La medida responde al deterioro de los cuerpos y a las necesidades sanitarias, aunque las autoridades indicaron que posteriormente podrán ser exhumados cuando se confirme su identidad.
El gobierno de Nepal calcula que las pérdidas económicas provocadas por la catástrofe ascienden ya a miles de millones de dólares.
En territorio chino, los equipos también trabajan en condiciones difíciles, particularmente alrededor del puesto fronterizo de Gyirong, donde la fuerza de las aguas destruyó parte de las instalaciones.
La emergencia todavía está en desarrollo. Las autoridades de ambos países continúan buscando a miles de personas mientras intentan restablecer caminos, evaluar la infraestructura destruida y determinar la verdadera dimensión de los daños.
El desastre transformó en cuestión de horas una región del Himalaya en un escenario de destrucción. Ahora, mientras los rescatistas avanzan metro a metro entre el agua, el barro y las rocas, la prioridad sigue siendo una sola: encontrar con vida a quienes todavía puedan estar esperando ayuda.
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