Un estudio alerta sobre el ‘Big One’: un megaterremoto que amenazaría a California

Un nuevo estudio analiza el riesgo del “Big One” en California y revela niveles excepcionales de estrés en las fallas de San Andrés y San Jacinto.

Durante décadas, el llamado “Big One” se ha convertido en una de las grandes amenazas naturales asociadas con California. No se trata del nombre de un terremoto específico que los científicos sepan cuándo ocurrirá, sino de una forma popular de referirse al próximo gran sismo capaz de afectar extensas zonas del estado, especialmente el sur de California.

Ahora, una nueva investigación aporta información relevante sobre el estado de las principales fallas de la región. El estudio, publicado el 3 de junio de 2026 en el Journal of Geophysical Research: Solid Earth, reconstruyó mediante modelos informáticos la acumulación de estrés tectónico durante los últimos 1.000 años y encontró niveles excepcionalmente elevados en varios segmentos de las fallas de San Andrés y San Jacinto.

La investigación no permite establecer una fecha para un terremoto ni constituye una predicción de que el “Big One” esté a punto de ocurrir. Su importancia está en mostrar que las condiciones actuales podrían favorecer, en determinadas circunstancias, una ruptura de gran extensión.

El Cajon Pass, una pieza clave

El punto que concentra buena parte de la atención de los investigadores es Cajon Pass, un paso montañoso situado entre las montañas de San Bernardino y San Gabriel, al este de Los Ángeles. Allí confluyen estructuras vinculadas con las fallas de San Andrés y San Jacinto.

El estudio plantea que esta zona podría funcionar como una especie de “puerta sísmica”. Dependiendo de cómo se distribuya el estrés entre distintos segmentos de las fallas, una ruptura podría quedar limitada o, por el contrario, propagarse entre sistemas de fallas conectados.

La conclusión resulta especialmente importante porque Cajon Pass no es solamente un punto geológico. El corredor concentra carreteras, líneas ferroviarias, tuberías, redes de servicios y otras infraestructuras esenciales para el funcionamiento del sur de California. National Geographic destacó recientemente la importancia estratégica de esta zona ante un eventual terremoto de gran magnitud.

El Cajon Pass, al este de Los Ángeles, se encuentra en una zona donde interactúan estructuras vinculadas con las fallas de San Andrés y San Jacinto y podría influir en la propagación de futuras rupturas.

El estrés alcanza niveles excepcionales

Los investigadores utilizaron registros paleosísmicos de aproximadamente un milenio para reconstruir cómo se acumularon y redistribuyeron las tensiones en la corteza terrestre.

El modelo identificó tres segmentos especialmente relevantes: Mojave South, North San Bernardino y San Jacinto Bernardino. Para 2025, los valores modelados de esfuerzo de Coulomb alcanzaban aproximadamente 2,8 megapascales en Mojave South, 1,8 en North San Bernardino y 3,6 en San Jacinto Bernardino.

La Universidad de Hawái, una de las instituciones vinculadas a la investigación, resumió el resultado señalando que los niveles actuales de estrés en varios segmentos se encuentran en torno a los valores más elevados registrados durante el último milenio y que, en determinados sectores, incluso los superan.

Esto no significa que una falla esté “a punto de romperse”. Los terremotos son procesos extremadamente complejos y los valores de estrés no funcionan como un reloj que permita determinar el día, mes o año de un terremoto.

Los modelos utilizados por los investigadores muestran una acumulación importante de estrés tectónico en varios segmentos de las fallas del sur de California.

Qué significa realmente el “Big One”

El término “Big One” suele utilizarse en medios de comunicación para describir un terremoto de gran magnitud asociado con la falla de San Andrés. Sin embargo, la expresión puede resultar engañosa si se interpreta como el nombre de un evento concreto que los científicos puedan predecir.

La falla de San Andrés es una enorme estructura geológica que marca parte del límite entre las placas del Pacífico y Norteamericana. A lo largo de California existen además numerosas fallas conectadas o relacionadas, entre ellas la falla de San Jacinto.

El Servicio Geológico de Estados Unidos utiliza un escenario de magnitud 7,8 para ejercicios de preparación en el sur de California. Ese escenario contempla una ruptura de unos 300 kilómetros de la falla de San Andrés, desde la zona del mar de Salton hasta el área de Lake Hughes.

El organismo también advierte que la falla de San Andrés no tiene las dimensiones necesarias para producir los terremotos de magnitud 9 o superior que aparecen en algunas películas de desastres. Los modelos científicos sitúan el máximo posible alrededor de magnitud 8,3, aunque un evento de ese tamaño sería extremadamente improbable.

Los expertos descartan los escenarios extremos de magnitud 9 o superior mostrados en algunas películas.

California ya vivió un “Big One”

Para comprender por qué los científicos estudian con tanta atención esta región hay que retroceder hasta 1857.

El 9 de enero de aquel año ocurrió el terremoto de Fort Tejon, de magnitud estimada en 7,9. La ruptura afectó aproximadamente 360 kilómetros de la falla de San Andrés y produjo desplazamientos horizontales de hasta unos nueve metros en determinados puntos.

El Servicio Geológico de Estados Unidos lo considera el último gran terremoto de la falla de San Andrés en el sur de California. La investigación de 2026 también lo utiliza como una referencia fundamental para analizar el comportamiento de la región.

Otro episodio histórico particularmente relevante ocurrió en 1812. Los modelos analizados por los investigadores sugieren que aquel terremoto pudo involucrar segmentos de las fallas de San Andrés y San Jacinto, precisamente en la región cercana al Cajon Pass.

La falla de San Andrés atraviesa California y constituye una de las principales estructuras sísmicas de Estados Unidos.

La “puerta sísmica” que puede cambiar el alcance

Uno de los hallazgos más interesantes del estudio está relacionado con la interacción entre las fallas.

Los investigadores observaron que los terremotos que involucraron segmentos de ambos sistemas, especialmente el evento de 1812, parecen haber ocurrido cuando la diferencia de estrés entre los segmentos Mojave South y San Jacinto Bernardino era relativamente pequeña. En el modelo, esa diferencia fue inferior a 0,2 megapascales.

La hipótesis plantea que Cajon Pass podría actuar como una barrera en determinados momentos y como un corredor para la propagación de una ruptura en otros. Por eso los autores lo describen como una “puerta sísmica”.

Este comportamiento es importante porque una ruptura que permanezca limitada a un segmento puede tener consecuencias muy diferentes de otra que consiga propagarse a través de varias estructuras conectadas.

¿Está California ante un terremoto inminente?

No hay evidencia científica que permita afirmarlo.

El estudio detecta una condición geológica que merece atención, pero no ofrece una fecha ni una ventana temporal concreta para el próximo gran terremoto. La acumulación de estrés es uno de los factores que intervienen en la dinámica de las fallas, pero no permite por sí sola anticipar cuándo se producirá una ruptura.

Esta distinción es fundamental porque los terremotos no pueden predecirse actualmente con precisión. Los científicos pueden calcular probabilidades a largo plazo, estudiar la historia de las fallas y desarrollar escenarios de posibles terremotos, pero no determinar con exactitud cuándo ocurrirá el siguiente gran evento.

De hecho, los propios autores señalan que no existe un umbral universal de estrés que preceda a todos los terremotos. Cada segmento presenta características diferentes y la relación entre las fallas puede modificar el comportamiento del sistema.

El estudio no predice cuándo ocurrirá el próximo gran terremoto. Sus resultados sirven para mejorar la evaluación del riesgo sísmico y comprender cómo podrían interactuar las fallas.

Una amenaza que va más allá del terremoto

El riesgo para California no depende únicamente de la magnitud de un futuro terremoto. También influyen la profundidad, la duración del movimiento, la distancia a las zonas urbanas, el tipo de suelo y la vulnerabilidad de las construcciones y de las infraestructuras.

Los escenarios elaborados por científicos muestran que un terremoto importante en el sur de California podría producir movimientos prolongados capaces de afectar edificios, carreteras, redes eléctricas, sistemas de agua y comunicaciones.

En particular, investigaciones anteriores de especialistas del Instituto de Tecnología de California han analizado cómo un terremoto de magnitud 7,9 en la falla de San Andrés podría afectar a edificios altos de la región de Los Ángeles, debido a la duración y las características de las ondas sísmicas.

Por eso, la importancia del nuevo estudio no reside solamente en la posibilidad de un terremoto excepcionalmente fuerte. También está en identificar qué segmentos podrían interactuar y cómo esa interacción podría modificar el alcance de una futura ruptura.

Un gran terremoto en el sur de California podría afectar infraestructuras críticas y edificios de gran altura debido a la intensidad y duración de las ondas sísmicas.

Qué pueden hacer los habitantes

Mientras los científicos continúan estudiando la evolución de las fallas, la recomendación para la población no es esperar una predicción, sino prepararse para un terremoto que podría ocurrir en cualquier momento.

El Servicio Geológico de Estados Unidos y las organizaciones de preparación sísmica recomiendan asegurar objetos pesados, identificar lugares seguros dentro de la vivienda, disponer de suministros básicos y conocer previamente cómo cortar servicios como el gas y la electricidad cuando sea necesario.

También es importante conocer las vías de evacuación cuando se vive en zonas expuestas a otros riesgos derivados de terremotos, como deslizamientos o tsunamis, y establecer un plan familiar de comunicación para las primeras horas posteriores al desastre.

La nueva investigación, en definitiva, no anuncia que California vaya a ser golpeada mañana por el “Big One”. Lo que hace es ofrecer una imagen más precisa de un sistema de fallas que continúa acumulando energía y cuya interacción podría determinar la magnitud y el alcance de un futuro terremoto.

Una advertencia científica, no una profecía

El nuevo estudio vuelve a colocar a California frente a una realidad conocida: el gran terremoto llegará algún día, pero la ciencia no sabe cuándo.

La diferencia respecto de décadas anteriores está en la capacidad para reconstruir la historia sísmica de la región con mayor precisión y utilizar modelos que permiten estudiar cómo las distintas fallas interactúan entre sí.

El hallazgo sobre Cajon Pass añade una pieza importante a ese rompecabezas. Si las condiciones de estrés entre determinados segmentos vuelven a ser similares a las observadas antes de grandes terremotos históricos, una ruptura podría tener posibilidades de atravesar estructuras que en otros momentos actuarían como barreras.

Por ahora, la conclusión más responsable no es hablar de una cuenta regresiva. Es entender que California continúa siendo una de las regiones sísmicamente más activas de Estados Unidos y que la preparación sigue siendo la herramienta más efectiva para reducir las consecuencias de un futuro gran terremoto.

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