
Irán y Omán avanzan en un plan para establecer un corredor marítimo temporal en el estrecho de Ormuz y desarrollar una operación conjunta de desminado, en un intento por recuperar parte del tránsito comercial por una de las rutas energéticas más importantes del mundo.
El acuerdo todavía no significa una reapertura completa del estrecho. Teherán advirtió este miércoles que el paso continuará cerrado mientras no termine la guerra con Estados Unidos, se levante el bloqueo naval y se resuelvan otros puntos centrales del conflicto.
La iniciativa fue discutida el martes durante una reunión en Teherán entre los ministros de Exteriores de Irán y Omán, Abbas Araghchi y Badr al-Busaidi. Ambos gobiernos plantearon un esquema por fases que comenzaría con una ruta temporal y podría desembocar posteriormente en un mecanismo permanente para administrar la navegación.
El plan contempla un corredor conjunto de navegación, operaciones para retirar minas y mecanismos destinados a intercambiar información, administrar el tránsito de embarcaciones y prestar servicios de seguridad y navegación.
El canciller omaní expresó su expectativa de que la nueva ruta pueda ser anunciada próximamente. Las negociaciones continuarán para establecer una vía permanente y definir cómo se gestionará el estratégico estrecho en el futuro.
El proyecto adquiere especial importancia porque Ormuz conecta el golfo Pérsico con el golfo de Omán y el mar Arábigo. Antes del conflicto, por esa vía circulaba aproximadamente una quinta parte de los envíos mundiales de petróleo y gas natural licuado. Desde el comienzo de la guerra, gran parte del tráfico quedó paralizado.
Sin embargo, el acuerdo entre Irán y Omán todavía enfrenta importantes obstáculos políticos y militares.
El viceministro iraní de Exteriores, Kazem Gharibabadi, dejó claro que las negociaciones no deben interpretarse como una reapertura inmediata.
Teherán sostiene que cualquier normalización del tránsito depende de que Estados Unidos cumpla compromisos que Irán considera incumplidos y termine la guerra. También reclama el levantamiento del bloqueo y una solución para el conflicto en Yemen.
La posición iraní muestra la dificultad de separar la navegación comercial de las negociaciones más amplias entre Washington y Teherán. Aunque las hostilidades directas han disminuido, el conflicto diplomático y económico continúa.
Además, la navegación sigue siendo considerada peligrosa. El martes, un petrolero fue alcanzado por un proyectil no identificado y quedó inutilizado cerca de la entrada del estrecho, según información de las autoridades británicas de operaciones comerciales marítimas.
La situación presenta además una contradicción entre Washington y Teherán.
El presidente Donald Trump afirmó el martes que la Marina estadounidense le había informado que todas las minas habían sido retiradas o destruidas en las aguas internacionales del estrecho de Ormuz. También advirtió que cualquier embarcación que intente colocar nuevas minas será destruida.
La declaración se produjo mientras Irán y Omán anunciaban precisamente un proyecto conjunto para retirar minas y establecer una ruta segura. Fuentes estadounidenses citadas por medios internacionales también indicaron que los principales canales de navegación habían sido despejados.
La diferencia entre ambas posiciones refleja que el problema no se limita a la presencia de explosivos. También están en disputa el control de las rutas, la seguridad de los buques y quién tendrá autoridad para administrar el tránsito.
Las negociaciones entre Teherán y Mascate generaron una reacción inmediata en los mercados energéticos. El precio del petróleo cayó más de 2% el miércoles ante la expectativa de que pueda recuperarse parte del tránsito por Ormuz.
El Brent, referencia internacional, llegó a situarse por debajo de los 90 dólares por barril, mientras los inversores evaluaban la posibilidad de una reducción de las restricciones sobre una ruta fundamental para el comercio energético mundial.
La reacción demuestra hasta qué punto el futuro del estrecho se ha convertido en un factor determinante para los precios del petróleo, los costos del transporte marítimo y las perspectivas económicas internacionales.
Mientras Irán negocia con Omán, Estados Unidos mantiene una estrategia de fuerte presión económica.
La administración Trump anunció nuevas sanciones dirigidas contra empresas y actores extranjeros vinculados con sectores de la economía iraní. Washington busca limitar los ingresos de Teherán y presionar al Gobierno iraní para que acepte un acuerdo que ponga fin al conflicto.
Al mismo tiempo, Estados Unidos ha comenzado a devolver personal a algunas misiones diplomáticas en Oriente Medio que habían sido evacuadas o reducidas durante las fases más intensas de la crisis, una señal de que Washington considera que el riesgo de una escalada inmediata podría haber disminuido.
Pero la situación sigue siendo extremadamente frágil.
La eventual apertura de un corredor temporal no equivale al regreso de la normalidad. Para que el tránsito internacional se recupere de manera significativa será necesario garantizar la seguridad de los buques, establecer reglas aceptadas por los países ribereños y resolver la disputa entre Irán y Estados Unidos.
Por ahora, Irán y Omán buscan una solución regional, mientras Washington mantiene la presión económica y militar sobre Teherán. El resultado de esas negociaciones podría determinar no solo el futuro inmediato del estrecho de Ormuz, sino también la evolución de los precios mundiales de la energía.
La clave estará en si el corredor temporal logra convertirse en una vía efectiva para el comercio o queda limitado por la continuidad de la guerra y las diferencias sobre quién controla una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.
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