
El presidente iraní, Masud Pezeshkian, reconoció que su país atraviesa “numerosas dificultades”, mientras Estados Unidos intensifica la presión económica sobre Teherán con una nueva campaña de sanciones y aislamiento.
El mandatario aseguró que Irán enfrenta una situación compleja en los planos económico, militar y de seguridad, y señaló entre las principales preocupaciones de la población la inflación, el desempleo y el costo de vida.
“Estamos inmersos en una guerra total en los planos económico, militar y de seguridad”, afirmó Pezeshkian durante un discurso transmitido por la televisión estatal.
El presidente iraní intentó transmitir un mensaje de resistencia frente a la estrategia estadounidense, pero al mismo tiempo admitió las dificultades que atraviesa la sociedad.
“Soy consciente de que nuestra sociedad atraviesa actualmente numerosas dificultades”, afirmó, antes de asegurar que su gobierno trabaja para evitar un deterioro mayor de las condiciones de vida.
La economía iraní arrastra años de restricciones internacionales, inflación y pérdida de poder adquisitivo. Las sanciones estadounidenses también dificultan la exportación de petróleo y otros productos estratégicos.
La situación económica ha sido además uno de los principales factores detrás de distintas oleadas de protestas registradas en los últimos años.
El reconocimiento de Pezeshkian se produjo después de que el presidente estadounidense, Donald Trump, anunciara una nueva ofensiva económica contra Irán.
Washington sostiene que su estrategia busca incrementar la presión hasta provocar un cambio en la conducta de Teherán y forzar avances en las negociaciones relacionadas con la guerra y el programa nuclear iraní.
Trump describió la nueva ofensiva como una operación económica de enorme alcance y advirtió que los países que ayuden a Irán también podrían enfrentar consecuencias.
El gobierno estadounidense todavía no ha detallado públicamente todas las medidas que formarán parte de la nueva campaña.
En medio de la presión internacional, Irán anunció además el descubrimiento de 7,5 billones de pies cúbicos de gas natural en un yacimiento ubicado en la provincia de Fars, en el sur del país.
El ministro de Petróleo iraní, Mohsen Paknejad, explicó que aproximadamente 5,7 billones de pies cúbicos serían recuperables. Según sus cálculos, ese volumen equivaldría a unos 15 años de producción de la primera fase del gigantesco yacimiento de Pars Sur.
El depósito también contendría importantes cantidades de gas condensado, un recurso que Teherán espera convertir en una fuente adicional de ingresos.
Irán posee algunas de las mayores reservas de gas y petróleo del planeta, aunque las sanciones, la falta de inversiones y las dificultades tecnológicas limitan su capacidad para explotarlas plenamente.
La paradoja es evidente: Irán dispone de enormes recursos energéticos, pero continúa enfrentando problemas para financiar la producción y garantizar el suministro interno.
El país ha sufrido cortes de electricidad durante períodos de alta demanda y, pese a sus enormes reservas petroleras, también debe recurrir a importaciones de combustibles en determinadas circunstancias.
Las sanciones complican además la comercialización internacional de sus hidrocarburos y reducen los ingresos disponibles para sostener la economía.
El nuevo descubrimiento de gas representa, por lo tanto, una oportunidad potencial, pero no una solución inmediata a los problemas financieros que enfrenta el gobierno.
Mientras Washington aumenta la presión, también continúan los esfuerzos diplomáticos para encontrar una salida al conflicto.
Pakistán se ha convertido en uno de los principales intermediarios entre Estados Unidos e Irán. Su jefe del Ejército, Asim Munir, tiene previsto viajar a Teherán para continuar las gestiones destinadas a promover una solución negociada.
El movimiento diplomático ocurre en un momento particularmente delicado para la región, con el estrecho de Ormuz convertido en uno de los principales puntos de tensión.
Para Pezeshkian, el desafío consiste ahora en sostener la capacidad de negociación de su gobierno mientras intenta contener el impacto económico de las sanciones y las divisiones internas.
La combinación de presión estadounidense, dificultades económicas, tensión militar y enormes recursos energéticos convierte a Irán en uno de los principales focos de incertidumbre para los próximos meses.
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