
Estados Unidos activó este sábado nuevos aranceles del 50% sobre determinados productos canadienses, después de que las negociaciones entre Washington y Ottawa terminaran sin un acuerdo capaz de evitar las medidas.
El conflicto alcanza mercancías canadienses valoradas en unos 20.000 millones de dólares, equivalentes a aproximadamente el 5,5% de las exportaciones de Canadá hacia Estados Unidos. La medida afecta productos que van desde palos de hockey y determinados artículos textiles hasta materiales de construcción y bebidas alcohólicas.
La entrada en vigor de los nuevos gravámenes profundiza una disputa comercial que amenaza con deteriorar todavía más la relación económica entre los dos países.
Los equipos negociadores trabajaron durante toda la semana para intentar alcanzar un pacto. Las conversaciones llegaron hasta última hora del viernes, pero finalmente no hubo acuerdo.
El representante comercial estadounidense, Jamieson Greer, responsabilizó directamente a Canadá por el fracaso y afirmó que Ottawa se negó a cerrar el pacto bajo los términos que, según Washington, habían sido acordados previamente.
Greer sostuvo que Estados Unidos había ofrecido a Canadá condiciones especialmente favorables, pero aseguró que las nuevas demandas planteadas por el Gobierno canadiense y otros incumplimientos terminaron alterando el entendimiento alcanzado durante la semana.
El primer ministro canadiense, Mark Carney, presentó una versión diferente del desenlace. Reconoció que hubo avances importantes durante las conversaciones, pero afirmó que las modificaciones planteadas por Estados Unidos en las últimas horas hacían imposible aceptar el acuerdo.
Carney anunció además que Canadá responderá a los nuevos aranceles estadounidenses con medidas equivalentes.
“Dólar por dólar”, prometió el primer ministro, al defender una estrategia destinada a proteger a los trabajadores y las empresas canadienses frente al impacto de las nuevas barreras comerciales.
La posibilidad de una represalia inmediata aumenta el riesgo de que la disputa termine transformándose en una nueva escalada arancelaria entre dos de los principales socios comerciales de América del Norte.
El desenlace llegó después de varios días en los que Washington había mostrado señales de acercamiento. El propio Donald Trump había expresado el viernes su confianza en alcanzar un acuerdo y había destacado su buena relación con Carney.
La entrada en vigor de los aranceles incluso había sido aplazada durante algunos días para permitir que los negociadores dispusieran de más tiempo.
Sin embargo, las diferencias sobre las condiciones finales resultaron insalvables.
Uno de los principales puntos de conflicto estuvo relacionado con las medidas canadienses contra determinados productos estadounidenses. Washington acusa a Ottawa de mantener restricciones que considera discriminatorias, especialmente en sectores como bebidas alcohólicas, automóviles y productos lácteos.
La disputa ocurre en una relación comercial especialmente estrecha. Canadá depende en gran medida del mercado estadounidense, que concentra cerca del 70% de sus exportaciones.
Carney ha advertido que su país necesita reducir esa dependencia y diversificar sus mercados internacionales. La estrategia podría adquirir todavía más importancia si los nuevos aranceles permanecen vigentes durante un período prolongado.
Para las empresas de ambos países, el escenario también genera incertidumbre sobre costos, cadenas de suministro y competitividad.
El conflicto comercial también complica las futuras conversaciones sobre el Tratado entre México, Estados Unidos y Canadá, conocido como T-MEC.
Los tres países todavía deben abordar la revisión del acuerdo comercial norteamericano, mientras Washington y Ottawa enfrentan ahora una nueva disputa que podría condicionar las negociaciones.
Con los aranceles ya activos y Canadá preparando una respuesta, la presión aumenta sobre ambos gobiernos para encontrar una salida. Por ahora, las conversaciones terminaron sin un nuevo encuentro programado y la relación comercial entre los dos vecinos entra en una etapa de mayor incertidumbre.
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