
El despliegue del portaaviones USS Abraham Lincoln, uno de los principales buques de guerra de Estados Unidos, quedó bajo escrutinio después de que familiares de sus tripulantes denunciaran agotamiento extremo, problemas de infraestructura, escasez de suministros y episodios relacionados con la salud mental.
A bordo permanecen unos 5.000 marineros e integrantes de la Infantería de Marina. El buque salió de San Diego el 21 de noviembre de 2025 y, según los reportes difundidos en los últimos días, acumula más de 250 días de despliegue y más de 200 sin una escala prolongada en tierra.
La duración extraordinaria de la misión llevó a legisladores demócratas a exigir explicaciones al Pentágono y a la Armada.
El senador Richard Blumenthal pidió al secretario de Defensa, Pete Hegseth, información sobre las condiciones que atraviesa la tripulación y reclamó una rendición de cuentas por la extensión del despliegue.
El senador Ruben Gallego, por su parte, solicitó una visita oficial de supervisión al portaaviones con una delegación bipartidista del Senado para evaluar personalmente las denuncias.
Los familiares también llevaron sus reclamos directamente a altos funcionarios de la Armada durante reuniones realizadas en San Diego y por videoconferencia. En esos encuentros describieron problemas que, según sus testimonios, incluyen duchas con moho, baños averiados, interrupciones en el suministro de agua caliente, fallas en la lavandería y dificultades para conseguir productos básicos de higiene.
También denunciaron problemas relacionados con la alimentación y jornadas laborales que pueden extenderse durante 12 a 16 horas.
Uno de los aspectos más delicados de las denuncias está relacionado con la salud mental de los tripulantes.
Medios especializados informaron sobre varios episodios en los que integrantes de la tripulación se habrían preparado o intentado saltar por la borda. Familiares relataron algunos de estos casos y expresaron temor por el nivel de agotamiento acumulado después de meses de operaciones.
Una familiar contó que su esposo atravesó una crisis durante el despliegue y que posteriormente quedó bajo supervisión médica. En otro episodio relatado por una familia, un marinero habría intervenido para impedir que un compañero saltara por la borda.
La Armada, sin embargo, ha rechazado que exista evidencia de un aumento de los casos de ideación suicida o intentos de suicidio a bordo del buque.
La institución sostiene que el portaaviones cuenta con personal médico, capellanes, consejeros especializados y mecanismos destinados a detectar y atender problemas de salud mental.
El USS Abraham Lincoln había iniciado su misión con destino al Pacífico, pero posteriormente fue redirigido hacia Medio Oriente en el contexto de la escalada militar entre Estados Unidos, Israel e Irán.
El despliegue, que originalmente debía terminar en mayo, fue extendido mientras continuaban las operaciones militares.
La situación supone un desgaste considerable para una tripulación que permanece durante largos períodos lejos de sus hogares. Las familias aseguran además que la incertidumbre sobre la fecha de regreso dificulta la planificación de acontecimientos personales y aumenta la tensión.
La Armada prepara al grupo de ataque del USS Theodore Roosevelt para relevar al Lincoln, aunque no se ha establecido públicamente una fecha concreta para el cambio.
Los despliegues habituales de los portaaviones estadounidenses suelen durar varios meses e incluyen escalas que permiten a los tripulantes descansar y al buque realizar tareas de mantenimiento.
El caso del Abraham Lincoln es diferente por la duración acumulada de la misión y por la intensidad de las operaciones realizadas durante el período.
Especialistas en asuntos militares han advertido que permanecer demasiado tiempo en el mar puede afectar tanto al personal como al mantenimiento del buque y a la preparación para futuras misiones.
La preocupación de los familiares apunta precisamente a ese límite: la capacidad de mantener una operación militar prolongada sin que el agotamiento físico y psicológico de quienes están a bordo termine convirtiéndose en un riesgo adicional.
Mientras el portaaviones continúa desplegado en Medio Oriente, las familias esperan ahora que el relevo anunciado permita poner fin a una misión que se extendió mucho más allá de los plazos inicialmente previstos.
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