
El precio del petróleo volvió a dispararse este martes ante el temor de que el bloqueo del estrecho de Ormuz se prolongue por la falta de acuerdo entre Irán y Estados Unidos.
Hacia las 09:00 GMT, el Brent del Mar del Norte para entrega en octubre avanzaba 2,55%, hasta los 89,96 dólares por barril, después de haber superado momentáneamente la barrera de los 90 dólares.
El West Texas Intermediate (WTI), referencia del mercado estadounidense, también registraba una fuerte subida. El contrato para septiembre ganaba 2,91%, hasta los 84,52 dólares.
El movimiento profundiza el repunte registrado al comienzo de la semana y vuelve a colocar al mercado energético bajo una fuerte presión.
El principal foco de preocupación continúa siendo el estrecho de Ormuz, una ruta marítima fundamental para el transporte internacional de petróleo y gas.
Las condiciones planteadas por Teherán para permitir una normalización de la navegación son consideradas difíciles de aceptar por Washington. Entre las demandas aparece una compensación por los daños provocados durante el conflicto militar.
Donald Trump rechazó públicamente esa posibilidad y sostuvo que, si Irán reclama una compensación por los daños sufridos, Estados Unidos también podría exigir pagos por las víctimas de ataques y conflictos atribuidos a Teherán.
El intercambio de acusaciones reforzó la percepción entre los operadores de que una reapertura rápida del estrecho resulta cada vez menos probable.
La importancia de Ormuz explica la reacción inmediata de los precios.
Una reapertura permitiría recuperar parte del flujo de crudo que actualmente enfrenta restricciones, lo que podría provocar una fuerte caída de las cotizaciones. Pero mientras esa posibilidad se aleja, los inversores incorporan una prima de riesgo cada vez mayor.
El analista Arne Lohmann Rasmussen, de Global Risk Management, señaló que las declaraciones de Trump refuerzan la idea de que existen pocas posibilidades de una reapertura inminente.
El razonamiento del mercado es sencillo: cuanto más tiempo permanezca restringido el tránsito, mayor será la preocupación por la disponibilidad de petróleo y mayores serán los incentivos para pagar precios más elevados por los barriles disponibles.
La crisis no está limitada al estrecho de Ormuz.
Los ataques y las amenazas contra la navegación en el mar Rojo añaden otro factor de presión sobre las rutas utilizadas para transportar hidrocarburos y otras materias primas.
Los hutíes de Yemen, aliados de Irán, han mantenido su capacidad para amenazar el tráfico marítimo en la región, lo que obliga a las compañías a considerar rutas alternativas y mayores costos de transporte y seguros.
A este escenario se suma otro elemento que preocupa a los inversores: la reducción de las reservas mundiales de petróleo.
La combinación de menor disponibilidad, riesgos geopolíticos y problemas en las principales rutas marítimas genera un escenario especialmente sensible para los precios.
Los analistas observan un comportamiento cada vez más marcado en las cotizaciones.
Cada señal de avance en las negociaciones genera expectativas de una reapertura de Ormuz y provoca presión bajista sobre el petróleo. Pero cuando las conversaciones se estancan o aparecen nuevas exigencias, el mercado rápidamente vuelve a incorporar el riesgo de interrupciones prolongadas.
Analistas de ING describieron este comportamiento como un ciclo que se repite: entusiasmo cuando las negociaciones parecen avanzar y una rápida desaparición del optimismo cuando no se concreta ningún acuerdo.
La volatilidad podría mantenerse mientras no exista una hoja de ruta clara para normalizar la navegación.
El estrecho de Ormuz es uno de los puntos estratégicos más importantes para el mercado energético mundial. Por sus aguas circulan grandes volúmenes de petróleo y productos energéticos procedentes del Golfo.
Por eso, cualquier interrupción significativa tiene consecuencias que van mucho más allá de la región.
Para los inversores, el dilema actual es particularmente importante. Si Ormuz vuelve a abrirse, podría producirse un aumento inmediato de la oferta disponible y una caída considerable del precio del crudo.
Pero si el bloqueo continúa, el mercado tendrá que asumir durante más tiempo los riesgos asociados con una de las principales rutas de suministro energético del planeta.
Por ahora, las declaraciones cruzadas entre Washington y Teherán no ofrecen señales claras de una solución inmediata. Y mientras las negociaciones continúen sin avances concretos, el petróleo seguirá reaccionando a cada palabra que llegue desde ambos gobiernos.
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