
Al menos 17 personas murieron y otras 44 resultaron heridas tras un ataque nocturno lanzado por Rusia contra Kiev y varias localidades de la región que rodea la capital ucraniana. La ofensiva incluyó una combinación de misiles balísticos y drones, provocando incendios de gran magnitud y daños en múltiples instalaciones.
Los equipos de emergencia trabajaron durante horas entre edificios destruidos, depósitos incendiados y estructuras parcialmente colapsadas. Las labores de búsqueda continuaban mientras las autoridades evaluaban el alcance total de los daños.
El ataque se produjo en un contexto de creciente intensidad militar entre ambos países, con nuevas ofensivas cruzadas sobre infraestructuras estratégicas y logísticas.
El presidente Volodímir Zelenski afirmó que las fuerzas rusas utilizaron más de un centenar de drones y varias decenas de misiles balísticos durante la ofensiva. Según el mandatario, los proyectiles impactaron principalmente en almacenes comerciales, centros logísticos, una estación ferroviaria y otras instalaciones que, aseguró, no tenían función militar.
Entre los establecimientos alcanzados, las autoridades ucranianas mencionaron una cervecería, depósitos de materiales para la construcción y centros de distribución de empresas privadas, además de daños en infraestructura ferroviaria.
El mandatario sostuvo que la falta de sistemas adicionales de defensa antimisiles permitió que varios proyectiles alcanzaran sus objetivos y volvió a pedir a los aliados occidentales acelerar la entrega de ese tipo de armamento.
El Ministerio de Defensa de Rusia ofreció una versión diferente de los hechos y aseguró que la operación estuvo dirigida exclusivamente contra centros logísticos utilizados para almacenar armamento, distribuir equipos militares y producir drones destinados a las fuerzas ucranianas.
Según Moscú, los objetivos seleccionados formaban parte de la infraestructura que sostiene las operaciones militares de Ucrania, aunque no presentó pruebas públicas que respaldaran esa afirmación.
La diferencia entre ambas versiones refleja la disputa informativa que acompaña al conflicto, en el que cada ofensiva suele ir acompañada de acusaciones cruzadas sobre la naturaleza de los blancos alcanzados.
Autoridades ucranianas informaron que las defensas lograron interceptar una gran parte de los drones lanzados durante la ofensiva, pero reconocieron que los misiles balísticos alcanzaron sus objetivos debido a la limitada capacidad disponible para neutralizar ese tipo de amenazas.
Especialistas señalan que este tipo de proyectiles viaja a velocidades muy superiores a las de los drones convencionales, lo que exige sistemas avanzados de defensa aérea para intentar interceptarlos antes del impacto.
Zelenski insistió en que el suministro de nuevos sistemas antimisiles y mayores sanciones contra la industria militar rusa son esenciales para reducir el número de víctimas civiles en futuros ataques.
La ofensiva rusa ocurrió un día después de que Ucrania anunciara nuevas operaciones contra objetivos dentro del territorio ruso, incluyendo ataques contra instalaciones energéticas y centros logísticos que, según Kiev, han afectado la capacidad de abastecimiento de Moscú.
Mientras tanto, las autoridades rusas informaron la interceptación de más de un centenar de drones ucranianos sobre distintas regiones del país y denunciaron daños en infraestructura comercial y energética.
Más de cuatro años después del inicio de la guerra, ambos bandos mantienen una intensa campaña de ataques de largo alcance, con un creciente impacto sobre infraestructuras críticas y una población civil que continúa soportando las consecuencias del conflicto.
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