
Mientras buena parte del mundo enfrenta una caída sostenida de la natalidad y un fuerte despoblamiento de las zonas rurales, algunos gobiernos decidieron recurrir a un incentivo poco habitual: pagar dinero a las familias con hijos para que se muden.
Lejos de tratarse de campañas publicitarias, varios países y gobiernos regionales mantienen programas que incluyen subvenciones, ayudas para comprar viviendas, pagos por cada hijo e incluso financiamiento para emprender un negocio. Sin embargo, casi todos comparten una condición: permanecer durante varios años en la comunidad elegida.
El pequeño pueblo alpino de Albinen, en Suiza, ofrece uno de los programas más conocidos del mundo.
Los adultos que cumplen los requisitos pueden recibir 25.000 francos suizos por persona, mientras que las familias obtienen 10.000 francos adicionales por cada hijo menor de edad.
Una pareja con dos hijos podría acceder a un incentivo superior a los 70.000 francos suizos, aunque el programa exige comprar una vivienda de determinado valor, contar con residencia permanente en Suiza y comprometerse a vivir allí durante diez años.
Japón enfrenta una de las crisis demográficas más profundas del planeta y desde hace varios años impulsa ayudas para quienes abandonen Tokio y otras grandes ciudades.
Algunos municipios ofrecen hasta un millón de yenes por cada hijo, además de subsidios para vivienda, apertura de negocios y apoyo para la instalación de nuevas familias en localidades con pérdida constante de población.
Las condiciones varían según la prefectura, pero normalmente exigen permanecer al menos cinco años y trabajar o emprender en la comunidad elegida.
Italia mantiene distintos programas regionales destinados a recuperar localidades que perdieron habitantes durante las últimas décadas.
En regiones como Calabria, Puglia, Cerdeña y otras zonas del sur existen incentivos que pueden alcanzar los 30.000 euros, destinados principalmente a comprar o rehabilitar viviendas y, en algunos casos, abrir pequeños negocios.
También continúan los conocidos programas de casas por un euro, aunque requieren importantes inversiones posteriores para restaurar los inmuebles.
Uno de los programas más generosos es el de las islas costeras de Irlanda.
A través de la iniciativa Our Living Islands, quienes adquieran y restauren una vivienda desocupada pueden acceder a ayudas de hasta 84.000 euros.
El objetivo es atraer nuevos residentes permanentes y evitar el despoblamiento de comunidades insulares con muy baja densidad poblacional.
En distintas regiones españolas también existen incentivos para atraer población.
Uno de los casos más conocidos es Ponga, en Asturias, donde históricamente se ofrecieron pagos para nuevas familias y bonificaciones adicionales por cada hijo nacido o criado en la localidad.
Por otra parte, la comunidad autónoma de Extremadura mantiene un programa para atraer teletrabajadores y profesionales que puede superar los 10.000 euros, con beneficios adicionales para determinados perfiles y permanencia prolongada.
La pequeña isla griega de Anticitera (Antikythera) impulsa uno de los programas más particulares.
La iniciativa contempla 500 euros mensuales durante tres años, además de vivienda y apoyo alimentario para familias numerosas que acepten instalarse en la isla.
No obstante, el plan tiene un número muy limitado de beneficiarios y está dirigido principalmente a hogares con varios hijos.
Aunque estos programas suelen generar titulares llamativos, los especialistas advierten que casi ninguno entrega dinero sin condiciones.
La mayoría exige cumplir varios requisitos:
En otras palabras, se trata de políticas de desarrollo regional antes que simples incentivos económicos.
El objetivo común es enfrentar problemas estructurales como el envejecimiento de la población, la baja natalidad y la falta de trabajadores.
Muchas comunidades rurales perdieron habitantes durante décadas debido a la migración hacia las grandes ciudades. Sin nuevos residentes, escuelas, comercios, hospitales y servicios públicos corren riesgo de desaparecer.
Por eso, los gobiernos consideran que atraer familias jóvenes representa una inversión para sostener la actividad económica y garantizar el futuro de esas localidades.
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