
El gobierno de Donald Trump dio un nuevo paso en su estrategia para reforzar el control sobre las tecnologías consideradas sensibles al prohibir la importación de robots humanoides y cuadrúpedos fabricados en el extranjero. La medida, justificada por razones de seguridad nacional, apunta especialmente a los dispositivos producidos en China y abre un nuevo frente en la creciente competencia tecnológica entre las dos mayores economías del mundo.
La decisión fue anunciada por la Comisión Federal de Comunicaciones de Estados Unidos, que incorporó los llamados «dispositivos robóticos avanzados» a la lista de productos sujetos a restricciones. En esa categoría se incluyen robots móviles capaces de desplazarse imitando la forma de caminar de seres humanos y animales.
La Casa Blanca explicó que la medida surge de las recomendaciones de un grupo de trabajo especializado que analizó los riesgos asociados a este tipo de tecnología.
Según el informe, los robots fabricados en el extranjero podrían representar una amenaza para infraestructuras críticas y facilitar el acceso no autorizado a información sensible de usuarios, empresas e instituciones públicas.
Entre los antecedentes citados figura el caso del programador francés Sammy Azdoufal, quien reveló haber accedido accidentalmente a datos de miles de aspiradoras robóticas fabricadas por una empresa china, un episodio que reavivó el debate sobre la seguridad de los dispositivos conectados a internet.
La nueva normativa también incorpora a la lista de restricciones a determinados inversores eléctricos fabricados en el exterior, equipos utilizados para transformar la energía de baterías y paneles solares en electricidad apta para la red.
La decisión fue interpretada en Pekín como un nuevo capítulo de la confrontación tecnológica con Washington.
La portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores de China, Mao Ning, acusó a Estados Unidos de utilizar el argumento de la seguridad nacional para limitar el crecimiento de las empresas chinas y proteger a la industria local.
Según la funcionaria, este tipo de restricciones no fortalecerán la competitividad estadounidense y terminarán perjudicando tanto a las compañías como a los consumidores.
Las tensiones entre ambos países ya habían alcanzado sectores como las telecomunicaciones, los semiconductores, los vehículos eléctricos y los drones. Ahora, la robótica se suma a la lista de industrias estratégicas bajo disputa.
La prohibición alcanza únicamente a los nuevos modelos que busquen ingresar al mercado estadounidense y no afecta a los equipos que ya fueron comercializados o autorizados anteriormente.
Además, el Pentágono y el Departamento de Seguridad Nacional conservarán la facultad de conceder exenciones cuando consideren que determinados dispositivos son necesarios para fines específicos de defensa, investigación o seguridad.
La medida también forma parte de la política de la administración Trump para fortalecer la producción nacional de tecnologías avanzadas.
En Estados Unidos ya operan varias compañías dedicadas al desarrollo de robots humanoides, entre ellas Boston Dynamics, Tesla, Figure AI y Agility Robotics, que trabajan en sistemas destinados a la industria, la logística, la defensa y el uso doméstico.
La robótica humanoide es considerada uno de los sectores con mayor potencial de crecimiento durante la próxima década, impulsada por los avances en inteligencia artificial, automatización y computación.
La decisión confirma que la disputa entre Washington y Pekín ya no se limita al comercio tradicional. El control de las tecnologías emergentes se ha convertido en un eje central de la competencia geopolítica.
Mientras Estados Unidos busca reducir su dependencia de equipos fabricados en el extranjero, China denuncia una estrategia destinada a frenar su desarrollo tecnológico. En ese escenario, la robótica aparece como un nuevo campo de batalla en una rivalidad que seguirá marcando la agenda internacional en los próximos años.
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